La provocación del escocés Capítulo 42
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Capítulo 42

Zoe

—Cariño, debemos alejarnos un poco más —me dijo Lyn.

La miré, pero no la vi bien porque tenía los ojos nublados por las lágrimas. Me di cuenta entonces de que sentía frío y eso me llevó a ser consciente de lo que me rodeaba, algo muy diferente a lo que esperaba.

Contuve la respiración al ver que estaba en la calle, fuera de la empresa. No sabía en qué momento ni cómo había llegado hasta aquí. Lo último que recordaba era levantarme del suelo para unirme a Brad en la misión de quitar las piedras que dejaron mi laboratorio aislado.

Al final, todos nuestros compañeros se unieron a Brad y a mí, todos menos Santi, que no pudo levantarse del suelo. A César le costó separarse de su amigo, pero al final lo hizo para ayudarnos a todos.

Nuestro intento desesperado para hacer un hueco, por mínimo que fuera, para poder mirar lo que había al otro lado, hacia lo que minutos antes era mi laboratorio, se vio frustrado por la desesperación de no dejar de encontrar piedras, unas detrás de otras.

—Rhys… —susurré.

—Hemos hecho todo lo que podíamos, Zoe —me habló con cariño Lyn.

Centré la mirada en ella. Mi amiga estaba haciéndose la fuerte para que una de las dos lo fuera, pero sabía que en cualquier momento se derrumbaría, por todo el miedo, el malestar y los nervios que sentía.

A lo que había sucedido en la empresa debía sumarle todo lo que vivimos con el coche que nos echó de la carretera y con el posterior accidente y todo lo que vino después.

—Rhys —volví a llamarlo.

—Cariño —susurró Lyn.

Me agarró de la cara con ambas manos para retirarme las lágrimas.

—Nos han echado fuera. Una unidad de bomberos llegó hasta donde estábamos y nos obligaron a salir acompañados. Se están encargando ellos de Rhys. Lo encontrarán antes que nosotros.

Asentí, pero no me sentí muy segura de ello.

Lyn me abrazó y me aferré a ella con desesperación. Varios pinchazos de dolor comenzaron en mi mano dañada y me subieron hasta el codo, haciéndome encoger.

—¿Qué te pasa? —me preguntó preocupada Lyn, separándose de mí.

—La mano —contesté con una mueca.

—Madre mía, Zoe. —Soltó un pequeño jadeo—. Has utilizado la mano como si la tuvieras bien, quitando piedras y haciendo fuerza. —Negó con la cabeza—. Te he dicho varias veces que no utilizaras la izquierda, pero no me escuchabas.

—Se me pasará —suspiré—. No es nada.

—Tienes razón. No es nada en comparación con lo que podría haberte pasado si no hubieras ido al baño.

Al decirlo, se estremeció por un escalofrío que no tuvo nada que ver con el frío.

—Dios… Ha ido de tan poco —dijo.

Volvió a abrazarme y cerré los ojos con fuerza.

—Tendría que haber sido yo, en vez de Rhys —susurré.

—¡No digas eso, joder! —exclamó con miedo y enfadada—.

En el puto laboratorio no tendría que haber habido nadie, ni él ni tú.

Mierda, ni tampoco en el de al lado tendría que haber estado Santi.

El tuyo y después el de él; son los laboratorios que han quedado peor.

Los demás se han mantenido en pie con algunos desperfectos.

—No quiero irme —susurré—. No quiero moverme más.

Lo dije recordando lo que me pidió al principio, cuando sus palabras me sacaron del shock.

—No vamos a irnos muy lejos, solo a unos metros del edificio. ¿Vale?

—Rhys… —repetí, sin escucharla bien.

Los oídos me dolían un poco. A pesar de que me había quedado una molestia en ambos, ya escuchaba bien. El problema era que mi bloqueo mental solo me permitía tener a Rhys en la cabeza, mientras que todo lo demás pasaba a mi alrededor en un segundo, tercer o cuarto plano.

Tragué saliva.

—Ha sido culpa mía —murmuré, estremeciendo.

Mi amiga, al darse cuenta, me cerró la cremallera de la chaqueta. Después me colocó bien el bolso, el que no sabía cómo había llegado cruzado sobre mi pecho.

En alguno de los momentos que no recordaba, Lyn o cualquiera de mis compañeros debían haber ido al baño a por él, ya que el último sitio en el que lo vi fue en la encimera del baño, donde lo dejé para lavarme la cara y aliviar la mala sensación que tenía.

Todavía continuaba mareada y mal, bastante peor, por todo lo que se me había sumado encima.

—No vuelvas a decir que ha sido culpa tuya —me pidió Lyn.

—Es que lo ha sido. —La agarré de la chaqueta.

Me hice daño en la mano, pero no la solté.

—Nada más entrar en el laboratorio empecé a encontrarme mal. Se me juntó todo lo del accidente y comencé a notarme mareada, con sudores fríos. No quise darle importancia y, por cabezota, saqué la probeta para unir la mezcla que creé ayer.

Hice una pausa para coger aire, antes de seguir contándoselo de manera acelerada. La desesperación hablaba por mí.

—Lyn, mi laboratorio ha explotado por mi culpa. ¿Entiendes? No me había dado tiempo a sacar nada más. Ha sido la mezcla de la probeta. Podría haberme explotado en la puñetera cara, pero los gases han ido concentrándose hasta que han explotado cuando Rhys me esperaba en mi laboratorio.

Cerré los ojos con fuerza.

—Él ha ido para intentar tener una conversación conmigo, porque cuando Brad te cogió en brazos y os fuisteis, yo me negué a hablar con Rhys. Y encima en ese momento le eché en cara que… que…

—Shhh…

Lyn me agarró de las manos y tiró de mí hacia ella, para abrazarme. Lloré con la cara escondida en su cuello.

—Todo va a ir bien. Digas lo que digas, pienses lo que pienses, no ha sido tu culpa, Zoe. Nada va a hacerme cambiar de opinión. Te olvidas de que te conozco, que sé cómo trabajas y lo perfeccionista y minuciosa que eres. Si la jodida mezcla explotó, no fue por tu culpa.

Se quedó callada y yo no fui capaz de decir nada más.

—Sabes que en nuestro trabajo esas cosas pasan. Podría haberle sucedido a cualquier otro, incluso a mí—susurró—. La mayoría de las veces estamos expuestos a muchos riesgos, por muy controlados que estén. Es normal. Tú no has hecho nada mal, ¿me oyes?

En esta ocasión no le contesté porque no pudiera, sino porque si le decía lo que pensaba, sobre lo que no me haría cambiar de opinión, Lyn continuaría hablando sobre el tema y a mí no me quedaban muchas fuerzas.

El sentimiento de culpa me asfixiaba. Rhys estaba en mi laboratorio por mi culpa, por comportarme como una tonta al no querer hablar la primera vez con él.

Yo había hecho explotar mi laboratorio al no trabajar con prudencia.

Daba igual que me sintiera mal en aquel momento, por ese motivo, con más razón, no debería haber hecho nada en el laboratorio. Me sentía culpable y lo era, punto.

Y ahora él no estaba… Tragué saliva con dificultad.

—¿Dónde está Rhys?

La voz de Olivia me sacó del bucle en el que entré. Me separé del abrazo de Lyn para ver cómo Olivia preguntaba a algunos por Rhys. Se la veía desesperada y desvié la mirada, dolida porque ella y él… Cerré los ojos con fuerza.

—Vamos —me pidió mi amiga, susurrando.

Esta vez no opuse resistencia para moverme. Dejé que me llevara donde quisiera, que fue a la otra acera. Cruzamos la calle, donde estaban todos nuestros compañeros y amigos.

—César… —Lo llamé y se giró.

Todos se volvieron hacia nosotras.

—Zoe —me sonrió con tristeza.

Acepté encantada su abrazo, al que me aferré con desesperación. Él me correspondió de la misma manera, afectado con todo.

—¿Cómo está Santi? —le pregunté cuando conseguimos separarnos.

—Se lo han llevado al hospital. Ahora voy para allá con Rita. No queremos dejaros, pero tampoco que Santi esté solo.

—Debéis ir. Yo… yo también iré en un rato.

—Eh, no te preocupes. ¿Vale? No te sientas dividida. Si necesitas quedarte aquí, no hay problema. Rita o yo os iremos informando. Brad y Nerea también se quedan.

Dirigí la mirada hacia mis amigos y se me encogió el corazón de nuevo, al ver a Brad observando fijamente el castillo que acogía la empresa. Parecía paralizado. Nerea estaba a su lado y Lyn se puso al otro.

Mi amiga no tardó en rodearle la cintura con los brazos, dándole lo que seguramente Brad necesitaba de manera desesperada. Así fue, él lo demostró cuando le correspondió al abrazo.

Nerea se apartó unos pasos, sonriendo entre el cariño y la tristeza al verlos. Cariño por lo que sentía por ellos y tristeza por lo que estábamos viviendo.

—Santi tenía golpes feos, pero en todo momento ha estado estable.

Centré la atención en César.

—Estoy seguro de que solo necesitará algunos puntos y unos días de reposo.

—He hablado con él antes —dije, recordándolo.

—Sí. Pensaba que no te acordarías. En ese momento parecía que tu cuerpo estuviera presente, pero tu cabeza no.

Bajé la mirada al suelo y César no dudó en abrazarme otra vez. Con la cara escondida en su pecho, sobre su chaqueta, me desahogué un poco más llorando.

—Vamos a salir todos de esta, Zoe. Ya lo verás —susurró, con la barbilla apoyada en mi cabeza—. ¿Cómo estás tú?

Me observó con atención cuando nos separamos.

—No lo sé —contesté susurrando.

Su expresión fue de preocupación, pero no dijo nada más.

Rita y él se despidieron y se fueron hacia el hospital. Yo me acerqué a Nerea. Nos abrazamos, mientras Lyn y Brad continuaban alargando su abrazo.

—¡Brad! —gritó Drew.

Al escuchar su voz preocupada y asustada, los cuatro lo buscamos con la mirada. Brad lo había llamado por teléfono para contarle lo sucedido.