Capítulo 37
Zoe
No entendía por qué Rhys había querido terminar tan rápido, cuando él continuaba con un bulto tremendo presionando la bragueta de su pantalón vaquero.
No iba a permitírselo, aunque se le hubiera ocurrido decir algo que me fastidiara para forzar a terminar la situación. Por suerte, no había sido así y parecía incluso nervioso ante la anticipación de lo que iba a suceder a continuación.
Si no lo conociera de años y supiera a quién tenía delante, diría que era un hombre totalmente desconocido.
El brillo de sus ojos y la intensidad de su mirada me decían que estaba deseando que yo pasara a la acción y con eso me bastaba.
Cuando me quedé de rodillas en el asiento, frente a él, me retiró de la cara un mechón. Pensé que me lo echaría para atrás, pero jugó con él acariciándolo, con los ojos fijos en esa pequeña porción de pelo.
Después, una vez se quedó satisfecho, soltó el mechón detrás de mi oreja y me agarró por detrás de la cabeza. Me acercó a él, que todavía continuaba con una rodilla apoyada en el asiento.
Tomé el control de la situación, ya que no sabía si la vida me regalaría otra oportunidad como esta. Tratándose de Rhys, todo era muy complicado; él podía salir por cualquier sitio inesperado.
Le rocé los labios con los míos y comencé a mordisqueárselos y a tirar de ellos, sin dejar de mirarlo a los ojos.
Rhys parecía que quería retener todo lo que veía, ya que se negaba a bajar los párpados para dejarlos cerrados.
Pocas veces lo había hecho y cuando había sucedido, tan solo había durado unos segundos.
Me dejó hacer. Permitió que continuara teniendo el control, por lo que seguí acelerándolo con los labios, mientras que llevaba mis manos al botón de su pantalón vaquero. Se lo desabroché sin problema y en cuanto le bajé la cremallera, me besó con intensidad.
El beso fue poco a poco convirtiéndose en una lucha por ver quién podía más, hasta que se convirtió en uno desesperado. No pude hacer otra cosa que seguirle el ritmo a Rhys, dejándome llevar por él, al mismo tiempo que le bajaba el pantalón y el bóxer.
Lo liberé de todo, dejándole la ropa por debajo del trasero, el que no me privé de tocar directamente. Él gruñó en mi boca y profundizó más el beso, mientras mis manos le acariciaban las nalgas.
Cuando nos separamos para coger aire, me aparté más de él, echándome hacia atrás. Lo agarré de un brazo y del hombro contrario y cuando interpretó lo que yo quería, lo hizo sin tener que pedírselo.
Se sentó en el asiento, en una posición normal. Se quedó mirando hacia la parte delantera del coche, mirándome fijamente. Yo no me privé de observarlo a él, haciéndole un buen repaso. Su miembro se sacudió varias veces, como si reaccionara a las caricias imaginarias de mi mirada.
Sin pensarlo y sin dudar, me bajé del asiento para colocarme entre sus piernas. Me quedé ahí, de rodillas y con nuestros ojos conectados. Rhys colocó de nuevo la mano en mi nuca y comenzó a acariciármela con los dedos, sin separar la palma.
Enredó los dedos en mi pelo y se quedó quieto, a la espera de mi siguiente movimiento.
Se tensó cuando le rocé la erección con la mano y soltó el aire de golpe en el momento en el que se la rodeé, ejerciendo fuerza.
La sensación me envió una oleada de placer, pero este era su momento, por lo que, disfrutando muchísimo de lo que le hacía, me eché el pelo hacia un lado y me incliné hacia delante.
Perdí el contacto visual con él, pero poco importó porque tuve bastante con escuchar su respiración descoordinada y los sonidos que hizo cuando mi lengua pasó por encima del glande, varias veces, para después introducirme su miembro en la boca, donde su sabor estalló, provocando que tuviera que apretar las piernas.
—Joder, Zoe… —siseó, apretando la mano en mi pelo.
Subí y bajé varias veces, por todo el largo de su miembro, mientras acompañaba los movimientos con la mano, desde la base. Lo aceleré y lo desesperé. Su respiración comenzó a ser un caos y los jadeos y gemidos, más mi nombre susurrado de sus labios, me tenían de nuevo al borde del precipicio.
Lo saqué de mi boca de golpe y me lamí los labios, mientras ponía la espalda recta mirándolo. Sus ojos eran puro fuego y agradecí la luz del día porque su imagen me acompañaría durante mucho, mucho tiempo. Tal vez nunca podría quitármela de la cabeza.
Rhys levantó una mano y me acarició los labios con el pulgar. Los tenía mojados de la mezcla de saliva y su esencia y durante unos segundos estuvo moviendo el dedo de una comisura a otra. Hasta que me abrió los labios y me hizo acoger su dedo en la boca.
Lo chupé como sabía que quería y después lo lamí. Imité lo que hizo él momentos antes, al probarme, consiguiendo que algo en Rhys cambiara.
—Tómala —me pidió, o más bien me exigió, con voz ronca—. Es toda tuya. Haz lo que quieras.
No tuvo que decírmelo dos veces para volver a tener su miembro en la boca, pero hubo una gran diferencia que me calentó más y me llevó a moverme inquieta, por la sensación que ardía entre mis piernas.
Fue Rhys quien dirigió mi cabeza hacia abajo y fue él el que se introdujo en mi boca de una embestida certera, cuando elevó la cadera.
Apoyé las manos en sus piernas, porque, a pesar de estar de rodillas y no poder caerme, noté que en cualquier momento me desvanecería.
Rhys se apoderó de mi boca y yo solo pude disfrutar de lo que le provocaba y de lo que me daba, mientras él se encargaba de moverme a su antojo y necesidad.
Sentí que él había perdido el control y eso me excitó más, al saber que la culpable era yo.
Vi de refilón cómo se preparaba para el final, cuando sacó de un bolsillo del pantalón, con un poco de dificultad, un paquete de pañuelos. Cogió uno y al cabo de unos segundos, a pesar de que intenté evitarlo, me apartó para correrse en el pañuelo.
Admiré la maravilla que era verlo de esa manera, en tensión y alargando su placer con la mano, mientras terminaba todo. Entonces, por un instante, me asusté porque me di cuenta, fui realmente consciente, de que con este hombre me volvía avariciosa al quererlo todo de él.
Había estado a punto de dejar que se corriera en mi boca, cuando no sabía cuál sería su actitud una vez saliéramos de este coche.
Me incorporé despacio y me senté a su lado. Rhys se quedó con la cabeza apoyada en el respaldo y los ojos cerrados. Aproveché el momento de calma para abrocharme el pantalón, pensando en el desastre que era mi braga. Estaba tan mojada…
Tragué saliva y yo también apoyé la cabeza en el respaldo, pero con los ojos bien abiertos, mirando mi moto por el parabrisas. Me di cuenta también de que me entró el miedo. La incertidumbre me provocó un nudo en la garganta.
—Eh… —Llamó mi atención.
Giré la cabeza hacia él, despacio, sin apartarla del respaldo. En su expresión no encontré molestia ni desagrado, tampoco rechazo. Hice una respiración profunda.
—¿Estás bien? —me preguntó.
—Sí —contesté en un susurro.
Me observó durante un rato en silencio. Tuve la impresión de que fue como si quisiera entrar en mi interior para asegurarse de que era cierto. Su preocupación inesperada me afectó de una manera demasiado buena y tuve la necesidad de dejárselo más claro.
—Estoy de maravilla —sonreí un poco.
Eso fue todo lo que necesitó para relajarse. Asintió y se subió el bóxer y el pantalón, para quedarse bien vestido.
Aunque el silencio que mantuvimos no fue incómodo, yo comencé a ponerme muy nerviosa.
Rhys no hizo nada, pero me dio exactamente lo que necesitaba.
Con delicadeza, me agarró de un brazo para acercarme a él y me besó.
Al principio fue suave, pero la unión de nuestros labios fue volviéndose más ansiosa y terminamos devorándonos el uno al otro.
Cuando conseguimos separarnos, nuestros labios estaban más hinchados y rojos, y nuestras respiraciones descontroladas.
Nos quedamos mirándonos fijamente. Me hubiese encantado saber lo que pensaba, pero tuve que conformarme con que no me echó del coche de la peor manera. Esperar cualquier tipo de reacción asustaba, y más si era en esta situación.
Rhys se echó hacia delante, para coger del asiento delantero mi chaqueta y mi bolso. Después cogió su chaqueta y se la puso.
—Abrígate —me pidió, antes de abrir la puerta y salir.
Solté un suspiro y cerré los ojos unos segundos, antes de ponerme la chaqueta y colgarme el bolso cruzado. Me bajé del coche abrochándome la cremallera, sintiendo el frío golpearme.
—Bueno… —Comencé a hablar, pero me callé.
No supe qué decir exactamente. Medir las palabras era una mierda, por lo que al final me decidí por lo normal, viendo que Rhys no tenía intención de decirme nada.
—Ya nos veremos.
Sin más, caminé hacia la moto. Él no vino detrás para pararme, mientras que yo me moría de ganas para que sucediera. No fue así, por lo que no me quedó más remedio que ponerme el casco y montarme en la moto en modo automático, con un nudo en la garganta que me asfixiaba.
Arranqué y busqué a Rhys con la mirada. Me lo encontré apoyado en el coche, observándome. Asentí hacia él, en una especie de despedida definitiva, y como tampoco obtuve respuesta por su parte, aceleré y me puse en marcha.
Giré para ir en la dirección de la carretera y una vez me incorporé a ella con cuidado, circulé en sentido contrario a la empresa. No podía volver y encontrarme con Rhys en cualquier momento, por cualquier lado. O peor aún, no podía volver y encontrarme a Olivia al lado de Rhys.
Por primera vez exterioricé lo mal que me sentía por todo lo relacionado con ese hombre. Los ojos se me humedecieron, a pesar de que hice lo posible para que no fuera así. Por ese motivo conduje con más cuidado del normal.
Pensé en Lyn, en el mensaje que le enviaría en cuanto parara.
La avisaría de que, cuando llegara el momento, se fuera a la casa con Nerea y Rita, o con Brad, aunque con este último también tuviera que ir con Rhys.
Las explicaciones a mi amiga llegarían más tarde, por el momento solo la dejaría tranquila para que no se preocupara por mí.