Capítulo 33
—Joder, ¡qué pasada! —exclamé, emocionada.
Tenía delante de mí una Vespa que parecía recién salida del concesionario, nuevecita y brillante, con todos los acabados imaginables.
—Me alegro de que te guste —habló Sheena, a mi lado—. Aunque confieso que iba con ventaja y ya sabía cuál sería tu reacción.
Giré la cabeza hacia ella, con una gran sonrisa.
—Me lo dijeron —me dijo con un guiño.
—Ah… y luego Lyn se queja de ir en moto —reí.
—No fue Lyn la que me lo dijo.
—A Conor solo le dije que quería una moto. No le di detalles —comenté con el ceño fruncido.
Sheena simplemente sonrió, al mismo tiempo que se encogió de hombros. Negué con la cabeza, porque daba exactamente igual cómo Sheena había acertado.
El caso era que tenía una Vespa frente a mis ojos y era toda para mí, hasta que me fuera del país.
Solté un suspiro y acaricié el asiento, donde había un casco.
Lo tenía todo para utilizarla ya, de lo que me entraron muchísimas ganas, en cuanto la vi.
Hacía demasiados días que no utilizaba mi moto, al no estar en España, y sentí el cosquilleo de la anticipación.
Estaba deseando comprobar lo bien que funcionaba.
Era de un color azul cielo precioso, con el asiento y los manillares de color marrón. Los toques decorativos también eran de este último color, resaltando con el azul. Me encantaba.
—Debajo del asiento tienes otro casco idéntico —me dijo Sheena.
Me invitó a comprobarlo y en cuanto levanté el asiento lo vi. Ambos cascos combinaban los dos colores de la moto, haciendo pequeños dibujos que eran muy bonitos.
—Gracias, Sheena.
—No tienes que agradecerme nada. A partir de ahora ya no dependeréis más de Conor.
—Ni él hará de niñera y chófer —comenté con diversión.
Reímos.
—A lo primero no estaba acostumbrado, a lo segundo forma parte de su trabajo —sonrió.
—Ya verás qué ilusión tan grande le hace a Lyn cuando le diga que al salir del trabajo nos iremos solas a la casa.
—¿Le gustan tanto como a ti? —Se refirió a la moto.
Con la mirada que le eché le contesté y por ello Sheena rio con ganas. Me uní a sus risas, feliz por mi nuevo juguetito. Riendo estábamos, cuando yo me callé de golpe.
—¿Qué mierda…? —no terminé la pregunta.
Sheena vio lo mismo que yo, al seguir mi mirada.
—Acaba de llegar —me informó, seria.
—¿Por qué? —susurré—. Avery le dejó claro que no vendría a este viaje.
—No lo sé. El motivo de mi discusión fuerte con Avery ha sido por ella, pero no lo he dejado explicarse.
Giré la cabeza hacia Sheena, con los ojos abiertos al máximo.
—Ya te contaré la historia de Olivia, porque ahora mismo poco importa. No cambia el hecho de que ha llegado hoy de España. Espero que solo esté de visita y que se vaya pronto.
Fue como si me echaran un cubo de agua fría por la cabeza, en el momento en el que vi salir a Rhys del coche. Se bajó del asiento del conductor, poniéndose la chaqueta. Había conducido él para ir a buscar a Olivia al aeropuerto.
—Qué poco ha tardado en saltárselo todo —comentó Sheena, pensativa.
La miré de reojo unos pocos segundos, ya que no podía apartar por mucho más tiempo la atención de Rhys y Olivia. Verlos juntos de nuevo, como en España, me tocó muchísimo las narices.
Sheena tenía el ceño ligeramente fruncido y contuvo la respiración cuando salió Avery y caminó directo a la «parejita».
Sheena no se contuvo, ya que estaba conmigo.
Ponía la mano en el fuego porque, si Sheena hubiera estado con cualquier otra persona, estaría tan normal como aparentaba siempre, sin mostrar sus sentimientos.
Conmigo, después de lo que había pasado en su despacho, no tenía sentido contenerse.
Avery saludó a Olivia con un beso en la mejilla. No hubo sonrisas por su parte ni una bienvenida cálida hacia ella. Después de eso, observó a Rhys unos segundos, antes de pasar por su lado y darle una palmadita en el hombro.
El jefe se dirigió hacia el coche en el que Conor lo esperaba. Hasta ese instante no me di cuenta de que Conor también había visto la escena y no solo esa, sino que en este instante tenía su atención puesta en Sheena y hacia mí.
Avery se dio cuenta de ese detalle y buscó con la mirada qué observaba Conor. El jefe tampoco ocultó su reacción al encontrarse con la mirada de Sheena, desde la distancia. Tampoco creía que a él le preocupara lo que pudieran pensar o imaginar los demás.
Él terminó apretando la mandíbula, cuando Sheena se cruzó de brazos y lo miró como si estuviera perdonándole la vida. Enfadado y molesto, porque fue evidente en su expresión, Avery se montó en el asiento del copiloto. Al mismo tiempo que Conor lo imitó para ponerse frente al volante.
El coche desapareció rápido de nuestra vista y hasta que no sucedió, Sheena no volvió a recuperar la estabilidad en su respiración.
Cuando me di cuenta, teníamos otro espectador: Rhys. Él miraba hacia nosotras disimuladamente, mientras que Olivia nos daba la espalda.
—Lárgate —me pidió Sheena y giré la cabeza hacia ella.
Nuestros ojos conectaron y no necesitamos nada más para entendernos. Tragué saliva porque no me negué, lo que dejaba la puerta abierta a sus deducciones y pensamientos. Tiré por tierra todo lo que llevaba negándole desde su despacho, pero me dio exactamente igual.
—Vete y no tengas prisa para volver —añadió.
—Gracias —susurré.
—Disfruta de la moto y de tu soledad. Despéjate y vuelve con fuerzas renovadas —me sonrió con comprensión, pero se puso seria—. Con mucho cuidado, ¿me oyes? Si no te ves en condiciones de conducir ahora…
No la dejé terminar. Con una sonrisa, inmensamente agradecida por tenerla a mi lado y de mi parte, me acerqué a ella. La pillé desprevenida cuando le di un beso en la mejilla, antes de coger el casco.
Lo hice rápido. Me cubrí bien la cabeza con el casco y sin perder tiempo, de la misma manera que me monté en la moto. Sheena me dio las llaves y nos sonreímos.
—Gracias —repetí.
—Céntrate en la conducción y que nada te frene —me pidió—. Tú controlas tu vida y tus emociones; nadie más tiene ese poder.
Asentí, arranqué la moto, y aceleré para incorporarme a la carretera. Justo cuando pasé por delante de Rhys, de su nuevo coche y de Olivia, que continuó de espaldas a mí y no me vio, solté una mano del manillar y le enseñé el dedo corazón a él.
¿Por qué lo hice? Ni puñetera idea. Me salió solo y me sentó de lujo, por cierto.
Hasta yo misma me sorprendí por mi reacción, pero me dejé llevar por un impulso y por la rabia que sentía, por lo que no pude hacer nada para contenerme. Ya no había marcha atrás.
Rhys apretó la mandíbula y entrecerró los ojos al ver el gesto que le hice, por lo que agarré el manillar con fuerza con ambas manos y aceleré, largándome de la empresa.
Solté una fuerte carcajada, muy satisfecha con la mala leche que había visto en su cara. Que se fastidiara, se lo llevaba ganando a pulso durante mucho, mucho tiempo.
Enseguida me centré en la conducción y en la carretera que tenía por delante, aunque conducir por ella era una gozada. Una vez dejé atrás la calle de la empresa y tomé un pequeño desvío, me incorporé a una carretera larga que parecía infinita. Se perdía la vista.
Solo estaba el asfalto y a ambos lados de él, campos verdes que se extendían por cada lado.
Durante un rato estuve sola en la carretera, hasta que mi suerte se acabó cuando un vehículo se puso detrás. No aminoré para que pasara; si quería hacerlo, podía adelantarme sin problema y sin mi ayuda. Yo iba a la velocidad de la vía y no pensaba alterarme.
Continué disfrutando de la moto, de la sensación de conducirla y notando lo suave que iba todo. Manejarla era una gozada, incluso el sentir el aire frío en la cara porque no me bajé la visera.
Mi Vespa, aunque la cuidaba mucho y la tenía muy mimada, no podía compararse. Los años que habían pasado desde que la tenía estaban ahí, para bien o para mal.
Iba muy tranquila, hasta que de repente el vehículo de atrás me hizo fruncir el ceño y apretar las manos en el manillar. Me puse nerviosa y en alerta, porque se acercó demasiado a mí.
Y fue justo en ese instante en el que agrandé los ojos y solté un jadeo que se perdió en el aire.
Reconocí el coche y quién iba al volante, lo que no pude creerme al principio. Con lo bonita que tenía la manicura hecha… ¿Tanto le había molestado que le enseñara un dedo? ¿En serio? Qué piel más fina tenía para él mismo, cuando le importaba tan poco lo que me hacía a mí.
Rhys conducía el coche de atrás, por eso no me había adelantado. No creía que a estas alturas hubiera dudas de que era él. Y no tenía cara de muchos amigos, lo que sinceramente me importó una mierda.
Decidí hacerle caso a Sheena, a sus últimas palabras con las que me había dicho que nada me frenara, que yo tenía el control de mi vida y de mis emociones. Nadie más tenía ese poder y tenía toda la razón.
No era fácil desprenderse de todo lo que dolía y afectaba, pero tan solo se necesitaba trabajar en ello para conseguirlo.