La provocación del escocés Capítulo 31
38%

Capítulo 31

Rhys

Me hubiera reído por la situación, pero no era el momento para hacerlo. Y menos después de saber bastante bien lo que opinaba Zoe de mí y de mi actitud con ella.

Pero era jodidamente gracioso verla hablando con su amiga como si yo no pudiera escucharlas a ninguna de las dos. Lo hacía, y tanto que sí, llevaba haciéndolo incluso antes de que saliera al porche.

Por el silencio que había, pude oír perfectamente cómo Zoe le preguntó a su amiga si le gustaría que alguien pasara intencionadamente de ella cada día, una y otra vez, aun teniéndola delante. Lógicamente, habló de mí y de mi comportamiento hacia ella: Zoe.

Zoe continuó diciéndole que no era agradable vivir esa situación, viniera del puñetero Rhys, o sea yo, o de cualquier otra persona.

Con suspiro incluido, le dijo que una cosa era no hablarle a alguien si te caía mal, pero, qué mínimo que la vista se te fuera de tanto en tanto hacia esa persona.

A lo que su amiga Noa, de la que había escuchado el nombre varias veces, le dijo que si Zoe fuera ella, a mí ya me faltaría algún diente.

Tuve que hacer un gran esfuerzo para no reírme, al igual que con las bromas que le hizo Noa a Zoe, sobre mí. Había sido muy interesante estar presente en la conversación que habían mantenido, aunque fuera una presencia de la que ninguna de las dos supo.

Llevaba en el porche bastante antes de que saliera Zoe a dejar la manta, pero en esa ocasión volvió a entrar en la casa. Cuando salió de nuevo, lo hizo con un botellín de cerveza y hablando con su amiga por videollamada, lo que fue muy fácil de deducir.

Había un motivo para que Zoe no me hubiera visto desde el principio: Yo había estado a oscuras todo el tiempo.

Hasta que alguno de mis amigos me delató, o tal vez fue Lyn.

Alguno de los tres encendió la luz del pasillo y esta salió por la puerta del porche, alumbrando tenuemente, pero lo suficiente para descubrirme.

Yo no me había movido ni un poco de la silla en la que estaba sentado.

Y continuaron hablando como si yo no pudiera escucharlas…

—¿Qué hace? —le preguntó Noa.

—Mmm… Me mira.

—Te mira —repitió su amiga.

—Sí —le confirmó susurrando.

No fue un susurro, solo bajó un poco el tono de voz. Repito, había tanto silencio que se escuchaba lo más mínimo.

—¿Me levanto y lo enfrento? —le preguntó Zoe.

Me llevé el vaso de whisky a los labios y di un sorbo pequeño, saboreando la bebida como llevaba haciendo desde que me lo serví poco antes de salir al porche.

—¿Y qué vas a decirle? —le preguntó de vuelta Noa, con un jadeo de sorpresa.

—Le diré qué narices mira ahora. Joder, que no retira la vista de mí… —gimió y me pregunté cómo sería ese mismo sonido en una situación totalmente diferente.

Corregí mis pensamientos y mi imaginación, llevándolos en la dirección correcta, bien lejos de Zoe.

—Qué fuerte —le dijo su amiga.

—Eso digo yo. ¿Ya no soy invisible para él? —Bufó Zoe—. Me cago en el puñetero Rhys. Odio cada vez que me desconcierta; podría ignorarme para siempre.

—¿Es lo que quieres? ¿De verdad?

Zoe reaccionó arrugando la nariz.

La luz del pasillo de mi casa se apagó tan rápido como se encendió, por lo que eso la privó de verme.

Zoe soltó un jadeo cuando sucedió. Yo seguí observándola perfectamente, ya que ella tenía la luz del porche encendida.

Esa luz era tenue, pero la alumbraba bien.

Zoe estaba muy cerca del aplique de pared del porche.

Volví a llevarme el vaso a los labios, para saborear otro sorbo de whisky.

—¿Zoe? ¿Es lo que quieres, que Rhys nunca te vea?

—Claro —contestó, hablando más bajo.

—No te creo.

—Cállate —le pidió Zoe, nerviosa de repente—. Ha vuelto a esconderse. Ya no lo veo.

Se puso de pie despacio.

—¿Cómo que se ha escondido? No me lo puedo creer…

—Se ha apagado la luz y no lo veo.

—Ah… ¡Eso no es esconderse! —exclamó su amiga y rio.

—Mierda, Noa.

Zoe se frotó la frente, visiblemente bastante agobiada.

Era evidente que las cervezas que se había bebido muy rápido le habían afectado de la misma manera.

Si no fuera así, habría analizado la situación antes de actuar.

O mejor aún, al verme se habría quedado completamente callada y habría entrado en la casa, ignorándome ella.

—A tomar por saco —dijo al final Zoe—. Me importa menos que nada, Rhys. ¿Me oyes? Ja. Vamos adentro para continuar hablando, así comienzo a preparar ya la pizza porque no creo que Lyn tarde mucho más. Y si tarda, no pasa nada, la dejo en el horno hasta que pueda encenderlo.

—¿Le has hablado a Rhys? —le preguntó Noa—. Joder, Zoe, vas a arrepentirte de todo.

—Ni a hablar. —Negó con la cabeza Zoe—. Sé muy bien lo que estoy haciendo y diciendo, más de lo que se merece ese tío. —Bufó.

—Oh, cariño, no tienes ni idea. Espero que con esto no hayas despertado a la bestia que lleva dentro Rhys.

Apreté los labios contra el borde del vaso, antes de beber.

—Como si me importara… ¿Acaso a él le importa algo de mí? Anda y que le den.

Esas palabras fueron las últimas que escuché, antes de que Zoe entrara en la casa con el móvil y la manta.

Los botellines vacíos de cerveza no los entró, como tampoco apagó la luz del porche.

A la mañana siguiente se la encontraría encendida, ya que sabía que le gustaba salir un rato con una taza de café en las manos.

Me quedé unos minutos más en el porche, oculto por la oscuridad.

No era la primera noche que salía y me quedaba de esta manera, en el silencio de la noche.

La única diferencia había venido de Zoe, ya que me había acompañado sin ser consciente de ello.

Ella, su amiga y la conversación entretenida entre ambas.

Cuando dejé el vaso vacío, me levanté de la silla y entré en la casa. Recorrí el pasillo, sin escuchar voces, y al llegar al salón comprendí por qué. No había nadie y el televisor estaba apagado.

Fui a la cocina por los sonidos que salían de ella. Debajo del marco de la puerta, me apoyé en él, viendo cómo Drew preparaba la cena.

—Eh… —me dijo cuando se dio cuenta de mi presencia.

—¿Te ayudo? —le pregunté, a pesar de que sabía cuál sería su respuesta.

Tenía la cena muy avanzada, le quedaba muy poco para terminar. Me separé del marco de la puerta y caminé hacia la barra, donde estaba él.

—Qué va. —Negó con la cabeza, mientras yo dejaba el vaso en la barra.

—Voy a poner la mesa, entonces.

—Eso sí —sonrió.

—¿Y Brad?

—Debe estar muy ocupado en su habitación.

Al ver cómo lo miraba, continuó.

—Ha subido con Lyn. Llevan un buen rato allí.

—Pensaba que ella se había ido ya —sonreí de medio lado.

—Ya ves, nuestro chico se nos hace mayor —comentó con humor—. ¿Estás preparado para una buena charla cuando baje?

Solté una carcajada, negando con la cabeza.

—Toda tuya —le dije.

Fui hasta el fregadero con el vaso vacío y lo dejé dentro.

—¿A ti cómo te ha ido? —me preguntó y arqueé una ceja—. En el porche. He ido hace un rato, para estar contigo, pero te he visto muy entretenido con la vecina y no he salido —comentó con humor.

—Muy gracioso. —Me crucé de brazos—. ¿Has encendido la luz aposta?

—¿Yo? ¿Por quién me tomas? —me preguntó sorprendido—. Nunca te descubriría ante la mujer que estás espiando.

—Joder, Drew. —Bufé.

—¿Acaso no es verdad? —Elevó las cejas.

Se limpió las manos en un trapo y lo lanzó a la barra.

—Te he visto muy entretenido escuchando la conversación de Zoe y otra chica.

Las oía hasta yo, desde el otro lado de la puerta.

Aparte de escucharlas, no has apartado la vista de la casa de al lado.

Me pregunto qué estarías mirando con tanto interés —sonrió de medio lado—.

¿Era a Zoe, a la oscuridad, a alguna maceta de las vecinas?

No sé, tengo mucha curiosidad por saberlo.

—No me toques los cojones —le advertí.

Mi amigo rio con ganas.

—Con que esas tenemos, ¿eh? Entraste en negación y no eres capaz de salir de ahí por ti mismo.

—¿Qué mierda dices? Estás fatal.

—Claro, yo soy el que está mal, mientras que hago cosas normales —habló con diversión—. Y tú, que haces todo lo contrario muchas veces, estás perfectamente.

—Ahora hablas con claridad.

—Es interesante.

Se quedó callado y como no le di lo que quería…

—¿No vas a preguntarme qué me parece interesante? —insistió.

—No —respondí tajante.

—Me alegra que quieras saberlo. Yo te lo digo encantado, hombre. Es muy interesante que todas las cosas raras las hagas siempre por y para una persona en concreto.

Solté un bufido, caminando hacia la puerta de la cocina.

—¡No huyas! —alzó la voz, hablando con diversión.

—¿Quién huye? —preguntó Brad.

Apareció de repente, provocando que yo me parara a unos pasos de la puerta, donde se quedaron él y Lyn.

—Yo os veo a todos aquí —dijo ella, sonriendo.

—Unos segundos más y me habríais encontrado a mí solo —comentó Drew.

Lyn y Brad me miraron y yo puse los ojos en blanco.

—Ni caso —les pedí, antes de salir de la cocina.

Los recién llegados se apartaron para dejarme pasar y tuve que contener una carcajada cuando Drew volvió a hablar.

—¿Cómo ha ido, chicos? —les preguntó a Brad y a Lyn—. ¿Habéis debatido bien el episodio, llegando a un final satisfactorio para ambos?

—Eh… sí —contestó Lyn.

—Me alegro, preciosa. ¿Quieres quedarte a cenar? Puedo ir a invitar a Zoe —le propuso Drew.

Me tensé automáticamente y esperé a seguir escuchando, mientras me sentaba en el brazo del sofá más cercano a la cocina. Fue una reacción tonta, ya que sabía cuál sería la respuesta de Lyn, por varios motivos de peso.

—Gracias, pero Zoe debe estar preparando ya la pizza. Las hace muy buenas. La comeremos en el sofá, viendo una película, y después terminaremos con palomitas —contó Lyn.

—Una pena para nosotros, pero suena genial para vosotras. Otra vez será —le dijo Drew.

—Se lo diré a Zoe.

Lyn no sonó muy convencida, como era lógico. No dudaba ni por un segundo que hablaría con su amiga, claro que sí; otra cosa sería cómo Zoe reaccionaría ante la invitación. Seguramente se pondría a reír porque nuestro historial iba aumentando, y no de la mejor manera.

—Claro. Estáis invitadas cuando queráis —comentó Brad.

Después de eso, Brad y Lyn salieron de la casa.

Brad acompañó a Lyn hasta la puerta de la suya y Drew se unió a mí en el sofá, con tres botellines de cerveza.

El de Brad lo dejó en la mesa baja de enfrente y el mío me lo dio en mano, antes de sentarse cerca de mí.

Lo ignoré cuando sentí el peso de su mirada puesta en mí.