Capítulo 29
—¿Hoy ha pasado algo? —me preguntó Noa.
—Por suerte no.
Estábamos hablando de Rhys y de los momentos tan raros que tuvimos días atrás, de manera que no hacía falta que añadiera nada a su pregunta.
Habían pasado cinco días desde que llegamos a Escocia, cuatro desde que comenzamos a trabajar en la empresa. Era viernes, las siete de la tarde, por lo que desde las dos de la tarde ya no teníamos que pensar en nada más que en descansar y disfrutar.
Lo primero empezamos a hacerlo nada más terminar de comer. Lyn y yo nos habíamos echado una buena siesta, ya que el plan para esta noche era ver varias películas comiendo palomitas y bebiendo un cóctel que mi amiga se había empeñado en hacer.
Cóctel que seguramente terminaría por distraernos y afectarnos, hasta que dejáramos de prestarle atención a la película que fuera. Lyn ya había comprado una botella de licor y unas frutas. Era lo único que me había dejado hacer.
Pero antes de las palomitas y del cóctel, cenaríamos la pizza que me encargaría yo de hacer. Dentro de la compra grande que nos trajeron del supermercado el lunes por la tarde, había varias bases de pizzas e ingredientes para hacerlas.
Solo de imaginarlo ya me entraban ganas de prepararla. Con una tendríamos de sobra, ya que la base era rectangular y de tamaño grande.
Por ahora estaba sola en la casa, con Noa en la videollamada.
Hacía unos minutos que hablábamos, los mismos que hacía que Lyn se fue a la casa de nuestros vecinos: Brad, Rhys y Drew.
Por lo que me había dicho Lyn, había quedado únicamente con Brad, para estar tranquilos.
Los otros dos no sabía dónde se meterían.
Hoy era la tarde elegida por Brad y Lyn para ver el episodio de la serie que seguían.
Iban con retraso, ya que lo emitieron el miércoles por la noche, pero como en Escocia no había riesgo de que alguien les desvelara información, ya que aquí nadie conocía la serie y no podían comentarla, pues Brad y Lyn decidieron tomar por costumbre ver el episodio de la semana los viernes por la tarde, una vez finalizada la semana de trabajo.
De esa manera podían hablar largo y tendido cuando acabara. Le había dicho a Lyn que no tuviera prisa por volver, que disfrutara.
La única de nuestro grupo que seguía la serie también era Nerea, pero ella la vería a partir de esta noche o mañana sábado, así que estaban sincronizados para no chafarse las sorpresas.
—Eso está muy bien —me dijo Noa, sobre mi respuesta negativa de que no había vuelto a pasar nada más entre Rhys y yo—. ¿No? —me preguntó ante mi silencio.
Abrí la nevera para coger un botellín de cerveza. Pensativa, me tomé mi tiempo para contestar, mientras abría el botellín y me lo llevaba a los labios, para beber.
—Está genial por la parte de que estoy tranquila y porque mi rutina con él ha vuelto a ser la de siempre —hablé con diversión, pero forzada porque no la sentía—.
Pero claro, eso me lleva a volver a ser invisible para ese hombre.
Y me jode, ¿eh? Me fastidia que, estando cerca, me ignore tanto. —Bufé.
—¿No quieres que te ignore? Mira que como deje volar la mente…
La curiosidad brilló en su expresión, sobre todo, en sus ojos. Puse los míos en blanco, antes de coger el móvil de la encimera. Al poco de iniciar la videollamada, lo dejé apoyado para que Noa me viera moverme por la cocina.
Salí de la cocina con el teléfono y el botellín de cerveza, bien abrigada porque me apetecía estar en el porche trasero. Me había puesto una chaqueta de lana gorda que abrigaba mucho y aparte, antes de ir a la cocina, saqué al porche una manta para taparme con ella.
Con el frío que hacía y de la manera que iba a estar, apetecía más un café con leche o un chocolate caliente, pero era mi primer viernes por la tarde en Escocia y era lo que había. Tocaba beber cerveza y seguramente después de la primera caería otra, y tal vez otra más.
Total, Lyn tardaría un buen rato en volver de la casa de al lado y hasta que cenáramos, faltaba. Con lo que se emocionaban Brad y ella hablando de la serie, me daba tiempo de sobra a recuperarme, para después llenar el estómago y lanzarme al cóctel que prepararía mi amiga.
Y si no me recuperaba, pues me daba exactamente igual. Más alegre y feliz cenaría y vería la película. Como había dicho, era viernes por la tarde. Comenzaba el fin de semana.
—¿A ti te gustaría que alguien pasara intencionadamente de ti cada día, una y otra vez, aun teniéndote delante?
Te aseguro que no es agradable, venga del puñetero Rhys o de cualquier otra persona —suspiré—.
Una cosa es no hablarle a alguien, pero qué mínimo que la vista se te vaya de tanto en tanto hacia esa persona. ¿No?
—Visto así… Si fuera tú, a ese ya le faltaría algún diente.
Solté una carcajada y riendo, salí al porche. Agarré una mesa pequeña cuadrada que había a un lado de la puerta y la arrastré hasta el balancín. Cogí una maceta mediana con una planta rara, pero bonita y llamativa, y la coloqué sobre la mesa.
La maceta fue la elegida para utilizarla para apoyar el móvil y seguir viéndonos en la videollamada. Puse la mesa en mejor posición, bebí otro sorbo de cerveza y dejé el botellín al lado de la maceta.
—Qué bien te lo montas —me dijo Noa y sonreí.
—La que sabe, sabe… —Le hice un guiño y reímos.
Me quité las zapatillas de estar por casa para subir las piernas al asiento del balancín y me tapé con la manta, de los pies hasta la cintura. Por último, me acomodé con los cojines y dirigí la vista hacia la oscuridad de la noche.
—Es una pena no ver el paisaje —comenté pensativa—, pero el olor es…
Aspiré profundo y sonreí.
—Me encanta verte así. Me tenías preocupada días atrás —me dijo.
Miré a la pantalla del móvil.
—Los días raros se han acabado —le confirmé, sonriendo.
—Menos mal —me devolvió el gesto.
Cogí el botellín de cerveza y me lo llevé a los labios.
—Cariño…
—¿Mmm…?
—Sabes que te conozco muchísimo.
Observé la pantalla del móvil con el ceño ligeramente fruncido, esperando a que continuara.
—Por lo tanto, como te conozco más que tú misma muchas veces…
—¿Qué? —le pregunté cuando se quedó callada.
—Nada. Solo eso. Que te conozco, así que piensa bien en lo que estábamos hablando. Dale varias vueltas y ve más allá de la superficie.
Al terminar de hablar, hizo el gesto de cerrarse la boca y elevé las cejas.
—Oye… ¿Cómo le estará yendo a Lyn? —me preguntó rápido, sin darme tiempo a decir algo sobre lo anterior.
No volví al tema porque no me interesó, lo que hizo sonreír a Noa al darse cuenta.
—Ahora mismo genial, te lo aseguro —contesté sobre nuestra amiga.
Después bajé un poco la voz—. Deben estar a mitad del episodio, así que estará emocionada en el sofá, sin apartar los ojos del televisor.
Lo que no sé es si estará en uno de sus momentos de apretar lo primero que pille, por lo que compadezco a Brad, o gritando, dando saltitos en el sofá.
Soltamos una carcajada que rompió aún más el silencio que había.
—Joder, espero que sea lo último, porque si no, Brad va a saber lo que es bueno cuando Lyn se emociona.
Volvimos a reír.
—Pues estaría genial que se lo demostrara, lo mismo a él le gusta —dije con diversión, manteniendo el tono de voz bajo—. Quién sabe, a lo mejor Lyn dirige mal la mano y encuentra algo para apretar de Brad. Algo que a él le encantaría.
Apreté los labios, mientras Noa reía.
—Mierda, he imaginado lo que no quería. —Bufó.
—Porque tienes la mente muy sucia.
Mi amiga negó con la cabeza varias veces, con una sonrisa pícara, haciéndome reír.
—Brad y Lyn están en su salsa y espero que tarden en separarse —comenté.
—Cuenta con ello porque perderá la noción del tiempo si se ponen a hablar del episodio. Ya te veo picando a la casa de los vecinos para sacarla de allí.
—Y una mierda —me negué, con un bufido.
Noa soltó una carcajada.
—No te rías —me quejé—, que tengo tan mala suerte que seguro que, en vez de Brad o Drew, me abriría el que no quiero ver —suspiré.
—Tranquila —habló entre risas y me preparé para lo que iba a decirme a continuación—. Si te abre él, no te verá porque eres invisible ante sus ojos. ¿Recuerdas? Hará como que no hay nadie y te cerrará la puerta en las narices.
—Serás… —Jadeé.
Noa soltó una carcajada tan fuerte que tuve que coger el móvil para tapar con los dedos el altavoz. No me sirvió de mucho bloquear la salida por donde salía el sonido.
—Joder, es que me lo has servido en bandeja —dijo con cara de inocente.
Elevé las cejas.
—Idiota.
—Me lo merezco —comentó con una risilla—. ¿Ya has preparado la pizza?
—No. Es muy pronto. —Me encogí de hombros—. La hago muy rápido, así que hasta que Lyn no llegue no empezaré.
—Y más rápido se cocinará en el horno.
—Correcto.
—Jooo… Me encantaría estar ahí. —Hizo un puchero—. Lo que daría por poder comer pizza con vosotras en el sofá, mientras vemos la película.
Sonreí mirándola con cariño.
—Darías lo mismo que yo por tenerte aquí. Te lo aseguro.
Le temblaron los labios.