La provocación del escocés Capítulo 27
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Capítulo 27

Zoe

Estaba maravillada viendo el interior de la empresa. Hacía bastante que comenzamos a recorrerla, después de ir al despacho de Sheena para dejar la ropa de abrigo y los bolsos. Yo la bufanda circular me la dejé puesta, enrollada al cuello.

Eso fue después de pillar a Sheena y a Rhys abrazados, a poca distancia del ascensor. Dejaron claro que se conocían y más cosas, porque saltó a la vista.

El abrazo que desprendía sentimientos. Las miradas de cariño de ella. Las sonrisillas de él. En todos los años que hacía que conocía a Rhys, nunca lo había visto curvar tanto los labios como desde que Sheena apareció.

A ver, tampoco era para tirar cohetes de la emoción, porque esas pequeñas sonrisas eran contenidas y algunas incluso pasaban desapercibidas. Pero ahí estaban y era mucho más de lo que yo estaba acostumbrada a ver.

El caso fue que los pillé aprovechando el tiempo que se quedaron solos, a propósito. Solo por comentarlo, porque a mí me daba todo igual de ese hombre. No me importaba. Ni un poco. En absoluto.

Cuando Sheena y Rhys se unieron al grupo, yo evité en todo momento cualquier contacto con él, por la vergüenza que sentía. ¿A quién se le ocurre huir para esconderse, cuando ya la habían pillado curioseando? A mí.

Por suerte, Rhys parecía ignorarme. Era como si no volviera a existir para él, lo que era de agradecer últimamente. Este hombre me tenía en una montaña rusa de subidas y bajadas impresionantes, y comenzaba a marearme porque todo lo que me sucedía con él era muy intenso. Así lo sentía yo.

Todavía no podía creerme que se hubiera atrevido a acercarse por mi espalda, hasta inclinarse y susurrarme al oído, rozándome el pelo con su cara, para sacar el tema de nuestra primera vez en un ascensor.

Su cercanía, su olor inconfundible, el calor de su cuerpo rozando el mío, las sensaciones que eso me provocaron, su respiración cálida y pausada en mi oreja, su voz más ronca de lo normal, susurrada…

Me mordí el labio inferior al revivir ese momento, mientras Sheena nos decía no sé qué de la sala en la que habíamos entrado.

Hacía un rato que estaba desconectada de todo, que solo seguía a los demás por inercia y porque Lyn me llevaba agarrada de la mano, ya que yo estaba en mi mundo, pensando en muchas cosas y todas centradas en lo mismo.

—¿Qué te pasa?

Giré la cabeza hacia Lyn.

—Nada —contesté.

—¿De verdad? —insistió.

—Sí.

—Vale. Sea lo que sea, no puedes hablar aquí —susurró.

Cuando asentí, soltó un suspiro e hizo una mueca después.

—Vaya rachita que llevas. —Bufó.

—Ni te lo imaginas. Cuando te lo cuente, te vas a quedar…

—Chicas. ¿Queréis compartir algo con nosotras?

La pregunta de Sheena nos dejó calladas de golpe.

—No —respondí rápido, sin titubear.

Todos nos miraban a Lyn y a mí.

—¿Estás segura? —me preguntó Sheena.

Elevé las cejas.

Podía caerme muy bien Sheena, porque cuando conoces a alguien que trae la esperanza y la felicidad a tu vida, como hizo ella al llamarme y darme la gran noticia de que estaba dentro de la empresa, de esa persona se quedaba un recuerdo precioso y todo era maravilloso.

Pero que no me tocara las narices en el presente, porque no iba a consentirlo. Ni ahora ni nunca.

—Mi respuesta ha sido contundente y definitiva —dejé claro.

Sheena ladeó un poco la cabeza y agradecí que lo dejara estar, ya que asintió y nos pidió que saliéramos de la sala, para hacer la parte final del recorrido.

—Joder —susurró Lyn, mientras nuestros compañeros salían de la sala.

Nosotras comenzamos a dar los primeros pasos para seguirlos.

—Me he cagado —continuó Lyn, con una risilla—. Por un momento me ha dado la sensación de que volvía a ser una estudiante y una profesora nos iba a castigar por hablar en clase. Solo faltaba que nos expulsara.

La miré divertida y reímos.

—Zoe —me llamó Sheena.

Lyn agrandó los ojos, cuando nos paramos de repente. Yo me giré despacio hacia Sheena, ya que se quedó la última, a la espalda de todos. Estaba parada donde antes. La única diferencia era que se había sentado en el borde de una mesa alargada. Poco más se había movido.

—¿Puedes quedarte un momento? —me preguntó Sheena—. Ahora alcanzamos a los demás. Quiero comentarte una cosa.

—Claro —acepté sin dudar.

Tampoco podía negarme porque no tenía motivos para ello. Tanto Sheena como yo miramos a Lyn, ya que mi amiga no hizo el intento de irse ni de soltarme de la mano.

—Eh… Mmm… —dijo Lyn.

—Te prometo que te devolveré a tu amiga intacta y feliz —se dirigió a ella Sheena.

Yo apreté los labios, conteniendo la diversión al ver la sorpresa de Lyn. Después buscó mi mirada.

—Ahora nos vemos —se dirigió a mí.

—Sí —le confirmé, con un guiño—. Tranquila.

Mi amiga soltó un suspiro antes de darse la vuelta y caminar hacia la puerta.

—Ciérrala, por favor —le pidió Sheena.

Antes de que lo hiciera, escuché un bufido de Lyn e hice un gran esfuerzo para no reírme.

Cuando Sheena y yo nos quedamos solas en la sala, sin que nadie pudiera escucharnos, me crucé de brazos y esperé a que fuera ella la que diera el primer paso. Necesitaba saber por dónde iba a salir, porque sinceramente no sabía a qué venía su actitud ni su petición de hablar conmigo a solas.

No creía que fuera por lo último que había sucedido porque, en realidad, era una tontería.

—No te recordaba tan seria —me dijo, sonriendo.

Elevé las cejas.

—Soy como un camaleón, me adapto según la situación en la que me encuentre —solté, sin variar la expresión.

Sheena rio y si yo no hubiera estado tan en tensión, me habría reído con ella.

—Me parece que ha habido un malentendido entre nosotras —continuó hablando.

Fruncí el ceño.

—No sé a qué te refieres. Nos hemos visto hoy después de años y….

—Y parece que algo de lo que has visto de mí no te ha gustado mucho. ¿No?

Agrandé los ojos.

—O tal vez algo que he dicho. —Ladeó un poco la cabeza—. Sea lo que sea, me disculpo. No era mi intención.

—No has hecho nada.

—Tengo la sensación de que algo ha cambiado entre nosotras. Por mi parte, todo está igual.

—Por la mía también, Sheena.

Apoyó las manos en el borde de la mesa, donde continuaba sentada, y dirigió la mirada hacia la pared de cristal que dejaba ver el exterior.

Tuve el impulso de mirar también, ya que quedaba a mi espalda, para saber qué le había llamado la atención para desviarla de mí, pero me contuve a tiempo. No quería ser más curiosa, que la curiosidad me salió muy cara hacía poco.

Cuando Sheena volvió a centrarse en mí, se separó de la mesa y caminó en mi dirección.

—Me caes muy bien, Zoe, y como ha dicho Avery, el jefe, soy la persona que os hará un seguimiento continuo y en la que más podéis apoyaros para cualquier cosa. Vamos a tener que vernos mucho, a diario, y no quiero empezar mal contigo.

—Estoy bien y yo tampoco quiero empezar nada mal. Lo digo de corazón.

—Estupendo —sonrió.

—Perdóname, pero no entiendo a qué ha venido esto —dije frunciendo ligeramente el ceño—. ¿Tan mal te ha sentado que hablara con Lyn, mientras tú también hablabas hacia todos? No sé, me siento como una niña pequeña a la que en cualquier momento van a castigar.

Sheena soltó una carcajada y yo sonreí, relajándome.

—No me he molestado por eso ni por nada. Te lo aseguro. —Me hizo un guiño—. Otros de tus compañeros han hablado mucho más que vosotras.

—¿Entonces?

—Entonces, sabía que desde hacía un rato me mirabas raro, y he querido provocar esto. Solo necesitaba aclarar las cosas. Ya está —sonrió.

—¿En serio? —pregunté sorprendida—. ¿Y no hubiera sido más fácil decirme al final del recorrido, el que estamos a punto de terminar, que me quedara un momento en tu despacho?

—Mmm… Fácil no sé, pero más cómodo para ti, sí —rio—. Lo siento, necesitaba ver el impacto que provocaban mis palabras y las posteriores reacciones.

—¿Cómo? —pregunté sin entenderla.

—Vamos a llevarnos muy bien, Zoe —me dijo, agarrándome de un hombro.

Pasó por mi lado, yendo hacia la puerta.

Cuando me giré, ahí estaba Rhys. A través de la pared de cristal lo vi pegado a la pared de enfrente, la que era de piedra. Tenía la espalda apoyada y un pie también, con la pierna flexionada a la altura de la rodilla de la otra pierna.

En esa postura que parecía despreocupada y con las manos en los bolsillos del pantalón vaquero, él miraba hacia el interior de la sala, a Sheena y a mí.

—Te he visto antes.

Las palabras de Sheena me hicieron centrarme en ella.

—¿Qué…?

—Cuando yo estaba con Rhys, a unos pasos del ascensor.

Agrandé los ojos.

—He visto tu reflejo en la pared de cristal. —Buscó mi mirada por encima de su hombro, con una mano agarrando la maneta de la puerta—. Ahí ha sido cuando has empezado a mirarme diferente —me dijo con un guiño.

Moví los labios, abriéndolos y cerrándolos varias veces, pero no me salió ninguna palabra.

Noté el calor intenso que me cubrió la cara y agradecí que Sheena no se quedara para ver mi reacción. Salió de la sala, de la que dejó la puerta abierta para mí, y caminó directa a Rhys.

Los observé descolocada, con más curiosidad aún, y con más mala leche todavía. El último sentimiento no supe a qué vino, pero que Sheena le pusiera una mano a Rhys en el pecho, sobre el jersey, me sentó jodidamente mal.

Él no se movió. No cambió su postura. Solo miró a Sheena y escuchó lo que ella le dijo. Después, Sheena se alejó de él riendo por algo que solo le hizo gracia a ella. Por lo visto.

Y cuando esperaba que Rhys me mirara otra vez, que nuestros ojos conectaran en la distancia, no sucedió una mierda porque él me ignoró. Se apartó de la pared y siguió a Sheena, manteniendo una buena distancia.

—Estupendo —susurré, cabreada conmigo misma—. Me cago en el puñetero Rhys y en todo lo que lo rodea. —Bufé—. ¿Cómo he podido esperar otra cosa diferente de él?

Solté una carcajada, pero no fue una risa de diversión. Todo lo contrario.

Salí de la sala enfadada, esperando que, por un tiempo, no se dirigiera a mí nadie que yo no quisiera. A poder ser, durante todo el día, toda la semana, y todos los meses que me quedaban en Escocia.

Punto final, y a la mierda todo lo demás.