La provocación del escocés Capítulo 26
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Capítulo 26

Rhys

—Bienvenidos.

Al escuchar a la espalda una voz conocida para todos, aunque más para algunos, nos giramos para quedar de cara a la mujer que acababa de hablarnos.

—¡Sheena! —exclamó Zoe, con sorpresa.

Zoe fue la más rápida, ya que después de su asombro llegaron varios más.

—Me alegro de volver a veros —nos dijo Sheena, sonriente.

Pasó la mirada por nuestras caras, sabiendo perfectamente quiénes formábamos el equipo. No me cabía duda de que fueron ella y el jefe, Avery, quienes formaron nuestro grupo para viajar a Escocia.

—¡Cuánto tiempo! —habló Lyn.

—Sí. Años —confirmó Sheena, asintiendo—. Pero me consta que el tiempo que ha pasado lo habéis aprovechado bien. No nos equivocamos al contrataros. —Nos hizo un guiño.

Nuestras miradas conectaron y me sonrió con cariño. Yo le devolví el gesto.

—Después de la llamada que nos hiciste para comunicarnos que habíamos sido elegidos, y la posterior entrevista contigo, para comenzar a formar parte de la empresa, desapareciste —le dijo Rita.

—Volvió aquí porque yo la necesitaba.

La voz de Avery, el jefe, con tanta fuerza, determinación y autoridad, nos hizo girarnos hacia el lado contrario al que estaba Sheena.

—Con algunos de vosotros no pude reunirme esa última vez, ya que los últimos días fueron bastante locura, por el retraso que teníamos. Pero a todos os llamé yo y sí, las obligaciones me hicieron volver a Stirling, con urgencia —contó Sheena—. ¿Algo más, jefe?

Intenté no reír, observando al «jefe».

Él, elevó las cejas. Fue tan sutil que estaba seguro de que la mayoría no se fijó en el pequeño cambio que tuvo su expresión. Por supuesto, Sheena estaba excluida de esa mayoría, por todos los años que hacía que ella y el jefe se conocían.

—Bienvenidos —dijo Avery, pasando por alto responderle directamente a Sheena—. Por Conor sé que el viaje y vuestra estancia en Stirling desde ayer ha ido muy bien, de lo que me alegro. Espero que a partir de ahora continúe de la misma manera.

—Gracias, jefe —habló Nerea.

—Debo marcharme por unos asuntos de la empresa. —Miró a Conor, quien asintió diciéndole que cuando quisiera—. Ya me reuniré con cada uno de vosotros.

Hizo una pausa para pasar la mirada de unos a otros. Yo fui el último y en quien dejó fija la mirada. Continuó hablando sin apartar la vista de mí.

—Primero os veré de manera individual y cuando terminemos, haremos una reunión con el equipo al completo. Me gusta conocer bien a mis trabajadores. —Dirigió la atención hacia los demás—. Os daréis cuenta de que aquí, en la sede central, somos como una gran familia.

—Mola —soltó Santi y los demás sonrieron.

—Os dejo en muy buenas manos, las mejores —habló el jefe, refiriéndose a Sheena—.

Ella será vuestros ojos y vuestras manos cuando lo necesitéis, independientemente de vuestros superiores en las diferentes secciones en las que trabajaréis.

A partir de ahora, cualquier cosa que os pase, tenéis a Sheena como persona de confianza.

—De acuerdo —dijeron varios, al unísono.

El jefe intercambió una mirada rápida con Sheena, antes de dar el primer paso hacia la salida.

—Nos vemos, chicos —se despidió.

Mientras caminaba hacia la puerta, con Conor al lado, mis compañeros y hasta yo, les dijimos adiós a ambos. Conor se despidió de nosotros con un gesto y le sonreímos.

Entonces volvimos a prestarle atención a Sheena.

—Cuando hace eso me siento como la reina de su imperio —dijo ella con diversión, al mismo tiempo que extendía los brazos hacia los lados.

Entre las risas de mis compañeros, yo sonreí de medio lado. Cuando hubo silencio, Sheena volvió a hablar.

—Primero de todo, vamos a mi despacho para que os quitéis los abrigos y todo lo que queráis dejar allí.

Se quedará bajo llave hasta que volvamos, así que podéis liberaros también de los bolsos —se dirigió a las chicas, quienes asintieron—.

Después os haré un recorrido por toda la empresa, así que ya podéis prepararos porque no es pequeña —sonrió.

—Lo poco que hemos visto hasta ahora es increíble —dijo Zoe, observando todo lo que la rodeaba, incluso el techo y el suelo.

—Lo es, y esperad a ver los laboratorios. —Nos hizo un guiño—. Os acostumbraréis muy pronto a todo. Acompañadme.

La seguimos en silencio cuando nos dio la espalda y comenzó a caminar hacia el ascensor, el que estaba hacia el lado izquierdo desde la entrada.

Tuvimos que esperar unos segundos a que el ascensor llegara a la planta principal y, mientras tanto, la vista se me fue hacia los pies de Zoe. Fue instintivo, porque la única vez que ella y yo estuvimos en un ascensor no acabó muy bien para ninguno de los dos, aunque yo me llevé la peor parte.

Comprobé que en esta segunda vez no habría problema. Mis labios se curvaron un poco hacia un lado, al fijarme en que llevaba puestos unos botines planos.

La tenía demasiado cerca, a tan solo un paso hacia delante, ya que me paré a su espalda. Sheena estaba hablando y todos le prestaban atención. Yo hacía unos segundos que desconecté.

No supe por qué, pero tampoco me lo cuestioné en el instante del impulso que tuve. Más tarde lo haría, de eso estaba seguro.

Di el paso que me separaba de Zoe, lo que ante los ojos de cualquiera no se veía raro, ya que podía interpretarse como que quería enterarme mejor de lo que decía Sheena. Además, nadie se imaginaría de mí lo que estaba a punto de hacer.

Cuando estuve detrás de Zoe, pasando desapercibido, no esperé para inclinarme un poco hacia delante, de manera casi imperceptible, para quedarme muy cerca de su cabeza.

La reacción de ella no tardó en llegar, ya que se puso en tensión cuando el pelo que le caía por un lateral me hizo cosquillas en la mejilla. Mi cercanía y el sentir mi respiración demasiado cerca de su cara la pusieron nerviosa. Porque sí, ella sabía perfectamente a quién tenía a su espalda.

Mi acercamiento se debió a que no quería que nadie más me escuchara. Solo por ese motivo. No hubo ninguno más.

—Menos mal que hoy no llevas tacones finos para agujerearme los zapatos. Todo un detalle, señorita Marín. Lo tendré muy en cuenta —susurré, aproximándome a su oreja.

Zoe contuvo la respiración en todo momento, y continuó sin respirar durante unos segundos más, hasta que me separé.

Sheena se calló cuando las puertas del ascensor se abrieron, por las que entramos después de dejar salir a los que había en el interior. Fuimos los únicos en ocupar el ascensor y cada uno escogió un lugar para ponerse.

Apoyé la espalda en la pared de cristal, mirando hacia los demás. Brad se colocó a mi lado y noté cómo no se perdía detalle de nada.

—¿Todo bien? —me preguntó.

—Genial.

—Estupendo.

—Pues ya está. —Lo miré de reojo.

Mi amigo tenía los labios apretados, conteniéndose para no reír. Yo negué con la cabeza.

Agradecí que se quedara callado, mientras subíamos. Zoe se atrevió a enfrentarse a mi mirada, en el momento en el que dejó de darme la espalda para apoyarla en la pared de enfrente a la que estaba yo.

En cualquier otra ocasión yo habría reaccionado rápido, para no cruzar la mirada con la suya, pero en esta, como últimamente estaba sucediendo demasiado, quise que se encontrara con mis ojos observándola fijamente.

Dirigí la vista a su cuello, viendo cómo se movía al tragar. Cuando busqué de nuevo sus ojos, tenía el ceño ligeramente fruncido. Entendía perfectamente lo confundida y sorprendida que debía estar, pero por el momento iba a continuar de la misma manera.

Cuando las puertas del ascensor volvieron a abrirse, Sheena nos pidió que saliéramos y la esperáramos una vez pasado el panel de cristal del acceso a la planta.

Santi silbó, al ser el primero en ver la entrada de la planta. Brad y yo nos quedamos los últimos, mientras todos los demás fueron detrás de él. Crucé la mirada con Zoe, por última vez en poco tiempo, hasta que desapareció al salir del ascensor junto a Lyn.

Entonces fue mi turno para salir, junto a Brad y Sheena. Los tres nos paramos a un par de pasos de las puertas del ascensor, viendo a los demás avanzar.

—Me alegro mucho de veros, chicos —nos dijo.

—Igualmente, Sheena —sonrió Brad.

Se dieron un abrazo rápido y mi amigo me hizo un gesto diciéndome que me esperaba con los demás. Yo asentí, antes de que se fuera. Los otros compañeros ya no se veían, ya que para acceder bien a la planta había que girar un poco hacia la derecha.

—Te he echado de menos, Rhys —me habló Sheena, sonriente.

—¿A mi sentido del humor y carácter abierto también? —pregunté, con diversión.

Conseguí mi propósito, que Sheena soltara una carcajada. Cuando se calmó, nos dimos un abrazo cálido y reconfortante, y fui más consciente que nunca de lo que la había echado de menos.

—A ambas cosas también —contestó, con una gran sonrisa—. Estoy deseando disfrutar de tu humor y de tu gran carácter. —Me hizo un guiño.

Sonreí de medio lado.

Sheena volvió a abrazarme y le correspondí de la misma forma. Esa segunda vez sucedió justo cuando unos ojos inquietos y curiosos se asomaron por la esquina de la pared que nos había dado privacidad a Sheena y a mí.

Sheena quedó de espaldas, por lo que no se enteró de nada, pero yo vi perfectamente a la persona que nos miró fijamente, al asomarse hacia el ascensor: Zoe.

En cuanto nos encontró a Sheena y a mí abrazados, sus ojos se agrandaron por la sorpresa. Sorpresa por la que le costó reaccionar para echarse hacia atrás y desaparecer.