Capítulo 25
—El castillo —dijo Rita, con emoción.
Sí, el truco de Nerea para despertar a Rita surtió efecto.
Una vez le sonó la alarma a Rita y esta le dedicara varios insultos a su amiga Nerea, a cada cual más original, así se lo dijo Rita en cuanto vio a Nerea, Rita se levantó de la cama apagando la alarma y se arregló con tiempo para tomarse un café rápido antes de que Conor llegara.
Nosotras, Lyn, Nerea y yo, aparecimos frente a nuestras casas unos minutos antes de las ocho, puntuales para irnos.
Ahora íbamos en la furgoneta, con Conor conduciendo por las afueras de la ciudad, en la dirección de la empresa. Y para mi mala suerte, todos mis compañeros habían respetado la posición en la que se sentaron el día anterior, lo que quería decir que volvía a tener a Rhys justo delante de mí.
A una patada de distancia, si me lo proponía. Cosa que no iba a hacer, por supuesto. Bastante tuve con el día de ayer; hoy quería pasar desapercibida y estaba dispuesta a conseguirlo. A ser posible, para todo el mundo.
—Efectivamente —dijo Conor, por el comentario de Rita—.
Os presento al Castillo de Stirling, uno de los más grandes y relevantes de Escocia.
Está construido en la cima de una colina y se encuentra rodeado en tres de sus lados por acantilados con grandes pendientes, lo que le dio una defensa increíble.
Cuando tengáis tiempo, debéis visitarlo, para descubrir todos los encantos que guarda y, sobre todo, su historia.
—Claro que iremos —comenté, observando la construcción a lo lejos.
Conor sonrió y asintió.
—Tiene que ser una pasada —habló Santi.
—Lo es —aseguró Conor.
—¿Y aquello que es? —le preguntó Lyn a Conor.
—Es el monumento de William Wallace, separado del castillo a tan solo cuatro kilómetros. Se alza sobre la colina Abbey Craig, la que fue clave para la victoria de la batalla épica que convirtió a William Wallace en el mito que hoy conocemos.
»Cuando digo que la colina fue clave, fue porque desde ella espiaron el avance de los ingleses, antes de lanzarse a la batalla. El monumento es uno de los grandes motivos para visitar la ciudad. Atrae a mucha gente.
»Es una gran torre de estilo neogótico que domina las vistas sobre la ciudad medieval de Stirling, el valle de Forth y el Parque Nacional Lago Lomond y los Trossachs.
—Joder, yo quiero verlo de cerca —comentó César.
—Podréis verlo, tanto por fuera como por dentro. Para subir hay que pagar una entrada —nos informó Conor.
—Genial —dijo Nerea, con ilusión.
—La torre del monumento tiene una posición privilegiada y fue construida justo encima de los restos del campamento donde William Wallace aguardó junto a sus tropas la llegada del ejército inglés, antes de la batalla del puente de Stirling.
»La torre tiene unos 67 metros de altura, aproximadamente, y ofrece una panorámica increíble para quien consiga subir los 246 escalones que hay hasta la parte más alta. Tened precaución si tenéis claustrofobia o si os agobias pronto, porque la escalera es de caracol y son muchos escalones.
»Podréis hacer tres paradas para descansar, una por cada sala de exposición que hay dedicada a la vida de William Wallace y la guerra de la Independencia. En una de esas salas veréis la supuesta espada de Wallace, por ejemplo. En el exterior de la torre hay una estatua de bronce de él. Es icónica.
—¿Y si haces una paradita ahí y vamos ahora? —le preguntó Brad a Conor.
Todos en el interior de la furgoneta soltamos una carcajada.
—Oye, que lo digo muy en serio —insistió Brad—. Lo estás pintando tan bien que me han entrado muchas ganas de descubrir el monumento.
—Y el castillo —dijo Lyn.
—Y el castillo. Claro que sí, preciosa —repitió confirmándolo, haciéndole un guiño a mi amiga.
Lyn se ruborizó un poco, pero no dejó de sonreírle y de mirarlo. Estaban uno frente al otro, como Rhys y yo.
—Otro sitio interesante para ver, aunque ya debéis haberlo visto desde lejos, es el puente de Stirling, que cruza el río Forth. Está situado a poca distancia del castillo y del monumento de Wallace. Por él solo se puede pasar en bicicleta o caminando.
»El puente es simbólico y guarda mucha historia, aunque no sea el original de la época. El que veréis de piedra lo construyeron unos metros rio abajo del original. Ofrece unas vistas muy bonitas y si tiráis para atrás en la historia, sentiréis una sensación única.
—¿Qué pasó con el antiguo? —preguntó Rita.
—El puente de Stirling es muy famoso e importante para la historia de Escocia, ya que en él se llevó a cabo la batalla del Puente de Stirling. El original fue decisivo para la victoria, ya que William Wallace lo utilizó estratégicamente para derrotar a los ingleses, muy superiores en número.
»El puente de aquella época era de madera y colapsó por el gran peso y la intensidad que tuvo que soportar en la batalla, y que cayera impidió que las tropas inglesas pudieran pasar.
—La ciudad tiene muchas historias y encantos —comentó Santi.
—Sí —sonrió Conor—. A la ciudad de Stirling se la conoce popularmente como «el corazón de Escocia», por su ubicación geográfica central entre las Tierras Bajas, las Lowlands, y las Tierras Altas, las Highlands.
»La ciudad de Stirling tuvo un papel fundamental en la historia medieval y en la independencia del país. Su imponente fortaleza es conocida como «la llave de Escocia», ya que existe un refrán popular que dice: «El que controla Stirling, controla Escocia».
»Estamos llegando, chicos.
Hacía rato que dejamos de mirar las vistas por las que pasábamos, ya que todos habíamos estado centrados en lo que nos contaba Conor. Cuando miramos por las ventanillas, nos dimos cuenta de que ya no se veía el paisaje de antes.
Quedó atrás para dar paso a una zona donde volvía a haber varios edificios mezclados con la naturaleza. Entre ellos, uno que nos dejó impresionados.
—Joder… ¿Esa es la empresa? —preguntó Santi, tan sorprendido como todos.
No esperaba respuesta, ya que no había duda. Las letras corpóreas que decoraban la fachada, con la sigla de la empresa, lo dejaban clarísimo. Las letras decoraban la entrada.
—Bienvenidos a la sede central de SISR, donde nació Scottish Innovation and Scientific Research —dijo Conor.
Alguno de mis compañeros silbó, o fueron varios. Y no era para menos, porque la construcción donde estaba la empresa era un castillo de piedra, pero de un tamaño más pequeño que los que uno podía imaginarse. Aun así, era inmenso y abarcaba mucho terreno.
—Madre mía —susurró Lyn—. Me muerooo… ¡Qué pasada! —Jadeó.
—Me alegro de que os guste —sonrió Conor—. Por dentro os seguirá sorprendiendo porque no os imagináis lo preparado que está y lo moderno que se vuelve. No parece lo mismo dentro que fuera.
—Qué maravilla —comentó Nerea.
—Ha llegado el momento —nos dijo Conor, antes de bajarse del asiento del conductor.
Segundos después nos abrió la puerta lateral de la furgoneta y fuimos saliendo uno a uno. En esta ocasión no me lancé casi de cabeza para salir la primera. El trayecto había sido tranquilo, pero, sobre todo, muy interesante por todo lo que había escuchado.
Me lo tomé con calma y cuando los compañeros de la fila de atrás salieron, seguidos por Nerea, Brad y Lyn, entonces sí que me apresuré para no quedarme mucho tiempo a solas con Rhys.
Él no hizo el intento de salir primero, por lo que lo hice yo por él, después de colocarme la chaqueta. Yo no lo dejé solo en un intento, sino que pisé la calle rápido, con la sensación de que Rhys me siguió de cerca.
Di unos pasos, separándome de la furgoneta, mientras echaba un vistazo a la zona. Sonreí y busqué con la mirada a Lyn y a Nerea, cuando localicé una cafetería y un bar. Lyn reaccionó de la misma manera y reímos, en el momento en el que nuestras miradas se encontraron.
—Os acompaño dentro —nos dijo Conor.
Comenzó a andar por la acera y lo seguimos, observando entre la empresa y la calle en la que estábamos, como también todo lo que había en ella, hasta donde nos alcanzaba la vista.
La calle no era muy larga y tampoco había muchas. La sede de la empresa estaba ubicada como en medio de la naturaleza y todo lo que había a su alrededor parecía que estaba puesto para las personas que trabajaban en la empresa.
La ciudad de Stirling se veía a lo lejos, ya que nosotros estábamos a las afueras y en una zona más elevada que daba unas vistas perfectas.
El castillo de Stirling y el monumento de William Wallace destacaban en el paisaje desde la distancia.
Incluso si te fijabas bien, podía verse la silueta del puente de Stirling sobre el río Forth.
Todo lo demás eran grandes extensiones de zonas verdes, con árboles y vegetación variada. Todo estaba muy vivo. Era una maravilla para la vista y daba gloria respirar.
Cuando entramos en la empresa, me quedé con la boca abierta, literalmente, por lo que vi. El vestíbulo que nos dio la bienvenida y la recepción al fondo, eran pura elegancia y distinción. Nada se veía ostentoso, pero de la misma manera sobrecogía, por lo que transmitía.
Y solo era el comienzo. Acabábamos de acceder a otro mundo aparte del que conocíamos; al menos esa fue la sensación que tuve. Por cómo me miró Lyn, supe que no era la única.