La provocación del escocés Capítulo 20
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Capítulo 20

Zoe

—Qué bonito es todo —suspiró Lyn.

La miré sonriendo. Estaba completamente de acuerdo con ella, y eso que solo habíamos visto un trayecto rápido y corto desde dentro de la furgoneta, un puente de pasada y unas calles empedradas con casas de piedra que tenían un encanto medieval precioso, un río y, por unos segundos, la entrada de la casa y un poco del salón, al asomarnos.

—Me encanta —dije—. ¿Has visto el castillo de Stirling en lo alto de la colina? Lo tenemos muy cerca.

—¿Cerca? Si forma parte de la ciudad —comentó con emoción—. Claro que lo he visto.

—Al estar en alto debe verse desde todas partes de la ciudad —sonreí.

—Estoy deseando visitarlo. Quiero verlo todo —rio.

—Ya está, chicos —habló Conor y todos le prestamos atención.

Salió del restaurante al que había entrado para hablar con el dueño. Por lo visto, era amigo suyo, de ahí que le pidiera el favor de prepararnos la comida a nosotros, ya que aquí hacía tiempo que se pasó la hora para comer.

—Podéis entrar. Sé que disfrutaréis de la comida y que querréis volver, así que me voy muy tranquilo. Os dejo en buenas manos. Ya habéis visto que estamos muy cerca de las casas y que el camino no tiene pérdida.

Conor hizo una pausa, sonriéndonos.

—La última cosa que quería deciros, por ahora y antes de dejaros el resto del día libre, es que mañana lunes vendré a por vosotros para llevaros a la empresa.

Hasta que no tengáis un transporte para moveros, seré yo el encargado de vuestros desplazamientos.

Así que mañana os espero a las ocho fuera de las casas.

—¿Tendremos coches? —preguntó con interés César.

—Sí, si es lo que queréis. Lo que no sabría decir si es bueno o malo, por el tema de la conducción por el lado contrario al que estáis acostumbrados.

Reímos. A Rhys, que estaba apoyado en la fachada, le salió una pequeña sonrisa.

—Mañana en la empresa os darán todas las respuestas que queráis saber, pero os adelanto que podréis tener coche, moto, bicicleta, o el transporte que cada uno quiera.

—Yo prefiero que me lleven —comentó Rita, con una risilla.

Conor nos dio la espalda para abrirnos la puerta del restaurante y nos pidió que entráramos. Lo hicimos y él vino detrás, hasta que llegamos a la única mesa del restaurante que estaba montada.

—Él es Murray, un amigo y una persona a la que podéis acudir si lo necesitáis —Conor presentó al dueño del bar que nos miraba sonriente.

—Encantado de conoceros, chicos —nos dijo.

Uno a uno fuimos diciéndole nuestro nombre y al terminar, nos pidió que nos pusiéramos cómodos, que enseguida volvía para tomarnos nota.

—Que aproveche. Nos vemos mañana —se despidió de nosotros Conor.

Después de corresponderle a la despedida, se alejó con Murray hacia la puerta del restaurante.

—Está claro que, de una manera u otra, hoy no es tu día —susurró Lyn, cuando fuimos a sentarnos.

Por lo visto, tardamos más que los demás y nos encontramos a nuestros compañeros sentados a la mesa. A todos menos a César.

Todavía no me había recuperado del todo de lo que había sucedido con Rhys en la furgoneta, un poco antes de que Conor nos anunciara que habíamos llegado.

No entendí nada en ese momento, de su reacción por mi pequeño descuido al darle con el pie, pero aún notaba el calor en el cuerpo que me provocó lo que habíamos hecho antes de bajar de la furgoneta.

Para cualquiera no había sido nada, pero para mí, con el historial tan desastroso que acumulaba con Rhys, para mí había sido demasiado.

Lyn no se dio cuenta, pero cuando se lo contara iba a flipar. Un poco más, porque yo llevaba una rachita con Rhys…

Pensando en él… Lyn ocupó una silla de las dos libres que quedaban en el lateral y a mí me tocó tener a Rhys justo delante, como en la puñetera furgoneta.

Podría haberme desplazado hasta la esquina del lado opuesto, donde había un par de sillas vacías.

De esa manera no tendría enfrente a Rhys, pero habría sido muy feo por mi parte y no quise hacerlo. Ni siquiera me lo planteé.

Mi amiga no me dejó la silla delante de él a propósito, ya que daba igual su posición o la mía. Poco variaba.

Y, por si fuera poco, César no estaba por ningún lado y había pocas posibilidades para sentarse él. Solo me faltaba…

—Ya estoy —dijo César, poniéndose a mi derecha.

—Vaya tela —escuché susurrar a Lyn desde mi izquierda.

Imaginé que venía del baño.

Sonreí un poco forzada y después lo ignoré, para centrarme en quitarme la chaqueta y el bolso. Los dejé colgados en el respaldo y me senté tranquilamente, sin mostrar la incomodidad que sentí cuando César se sentó a mi lado.

Solté un suspiro.

—¿Cansada? —me preguntó César.

Lyn se unió a la conversación que tenían los demás. Todos menos Rhys, ya que él iba a lo suyo. Tenía el móvil en las manos y estaba más cerca de lo normal, al haberse quedado inclinado sobre la mesa, con los brazos apoyados en ella.

Parecía que Rhys no prestaba atención a nada más que a su teléfono, pero yo sabía que no se perdía detalle de lo que lo rodeaba. Y más teniendo casi enfrente a César, tratándose del que no soportaba.

Giré la cabeza despacio hacia César, cuando noté que ponía un brazo en el respaldo de mi silla y que su cuerpo se acercaba demasiado al mío.

—Sí. Estoy cansada —le contesté.

Lógicamente, no supo interpretar cuánto y por qué, aunque estaba preparada para darle un pequeño adelanto.

—Dame espacio —le pedí, sin cortarme.

Llegados a este punto, ya no podía hacer otra cosa que pararle los pies. Eso exactamente iba a hacer. A estas alturas éramos él y yo, y estaba claro quién iba a ganar esta nueva partida: yo.

—No he hecho nada —me dijo con diversión, ignorando mi expresión.

Como había comentado en alguna ocasión, mis emociones se reflejaban todas en mi cara.

—No quiero ser grosera ni enfadarme, César —suspiré de nuevo—. Solo te estoy pidiendo que me des espacio, que no te acerques tanto porque, como estalle, la tendremos durante días —insistí.

Pareció pillarlo, porque retiró el brazo de mi silla y se sentó bien en la suya, para apoyar los codos en la mesa.

—Lo siento.

Sonreí, para aflojar un poco la tirantez que se había creado.

—Está bien. Te perdono si me ignoras durante una semana, como mínimo.

César soltó una carcajada, sin saber reconocer cuánta verdad había en mis palabras.

Murray regresó y lo primero que le pedimos fue la bebida: dos botellas de vino y también dos de agua, las que el hombre nos trajo enseguida.

—No queremos liarte mucho —le dijo Santi a Murray, mientras el último servía el vino en las copas.

—No os preocupéis —nos pidió Murray.

—Santi tiene razón. Nos da igual qué comer; Conor nos ha asegurado que disfrutaremos de todo y no lo dudamos —le dijo Nerea—. Si nos dices qué comida es más fácil para hacerla, nosotros nos adaptamos.

—Estoy de acuerdo. —Asintió Rita.

—¿Os gusta el caldo de carne y verduras? —nos preguntó Murray.

Todos le confirmamos que sí.

—El Scotch Broth solo tendría que calentarlo.

Es el caldo escocés por excelencia, un plato tradicional que sienta muy bien porque aporta las calorías necesarias y al ser caldo, entra genial porque calienta.

Está hecho con verduras variadas, cebada tierna, guisantes partidos, lentejas y carne tierna. Hoy de cordero. ¿Os va bien?

—Suena genial —comenté.

Todos estuvimos de acuerdo en que el caldo fuera nuestra comida. Era lo suficientemente contundente, por lo que nos quedaríamos saciados y alimentados, por todo lo que llevaba.

—Si queréis algo más, solo tenéis que decírmelo —nos pidió Murray.

—Yo creo que con el caldo tendremos —le dijo Lyn, después de mirarnos a todos.

—De acuerdo. Muchas gracias por facilitarme el trabajo.

—Qué menos, nos has abierto las puertas de tu restaurante cuando deberías estar descansando —me dirigí a él.

El hombre sonrió y asintió.

—Voy a poner el caldo a calentar.

Con esas palabras nos dejó solos y con apetito. Al menos a mí me entró más hambre de golpe, al imaginar el caldo que nos iba a servir.

Cogí mi copa de vino y me la llevé a los labios, mientras aprovechaba el movimiento para mirar disimuladamente a Rhys.

Él tenía la cabeza girada hacia la derecha y una pequeña sonrisa en los labios, lo que me llamó la atención y no tardé en saber por qué.

—Hola —nos saludó un hombre que se paró al lado de nuestra mesa.

—Hola —le devolvimos el saludo.

—Tío —dijo Brad, levantándose de la silla.

El recién llegado sonrió de medio lado y rodeó la mesa, para ir hacia él. Se dieron un fuerte abrazo y después sucedió lo mismo con Rhys, cuando se levantó para corresponderle al abrazo.

—Es Drew —lo presentó Brad—. Un gran amigo nuestro que se quedará con Rhys y conmigo en la casa.

—Por fin os pongo cara. Los chicos me han hablado mucho de vosotros —nos dijo Drew, agarrando de los hombros a Rhys y a Brad—. Es un placer.

Me mordí la lengua para no decir que dudaba que le hubieran hablado de nosotros, sobre todo, Rhys. Drew supo quedar muy bien y le seguí el rollo.

—Bienvenido —le dijo Santi y los demás lo imitamos.

Después nos presentamos diciéndole nuestros nombres.

—Gracias por el recibimiento —nos sonrió a todos.

—Siéntate —le pidió Rhys.

Todos lo hicimos y Drew arrastró la silla de la esquina hacia el lado de Rhys, aunque se quedara muy cerca de su amigo, alejándose de César. No supe si lo hizo a propósito o no, pero me dio la sensación de que fue muy intencionado.

Suponía que, al ser tan amigo de Rhys, Drew sabía que César, el gran enemigo de su amigo, durante el tiempo que estuviéramos en Escocia formaba equipo con los demás.

Demasiado bien se portó Drew, porque si Noa hubiera estado en su lugar, como mínimo le habría roto las patas a la silla de César. Solo para empezar, y sin que se diera cuenta, para que se llevara un buen susto y golpe. Un dos por uno del que Noa habría estado muy orgullosa.

Sonreí al imaginarlo y sonriendo me pilló Rhys. Bebí un sorbo de vino para pasar la vergüenza que me provocaba últimamente.

—Encantado de conocerte por fin, Zoe.

Miré sorprendida a Drew, analizando sus palabras. ¿Qué había querido decir? ¿Por fin? ¿Por fin de qué?

Dirigí la mirada a Rhys, para buscar una explicación, pero él no estaba preparado para devolvérmela. Estaba bebiendo vino de su copa y como no, evitando cualquier contacto conmigo. Para variar. Volvíamos a la rutina.

Después miré a Brad, el último que podía ayudarme a aclararme y el segundo que había podido hablarle de mí a Drew, pero Brad estaba entretenido en una conversación con Nerea y Lyn, y no escuchó nada.

—Igualmente —terminé diciéndole a Drew, en un tono más bajo de lo normal.

No me pasó desapercibido que César no se perdía detalle, pero Drew no se molestó en mirarlo. Lo que sí hizo el amigo de Rhys y Brad fue sonreírme de medio lado y hacerme un guiño.