Capítulo 16
Rhys
—¿Lo has hecho a propósito? —me preguntó con diversión Brad.
Lo miré de reojo.
—Yo no he sacado los billetes. Me enviaron el mío sin saber nada —contesté.
Le dio igual mi respuesta; continuó observándome con expresión divertida.
Negué con la cabeza y seguí caminando por el pasillo del avión. Éramos los últimos de nuestros compañeros en entrar, por lo que los demás ya ocupaban sus asientos.
Brad se había referido a que él y yo íbamos en la fila de atrás en la que estaban Zoe, Lyn y César. En los asientos de delante de ellos estaban Nerea, Santi y Rita. Ocupábamos las filas cuatro, cinco y seis del lado izquierdo, mirándolo desde la entrada delantera.
—Además, lo normal es que quien sacara los billetes tuviera en cuenta que fuéramos lo más juntos posible. No sé dónde le ves la gracia —comenté, negando con la cabeza.
Noté rápido la incomodidad de Zoe, pero era lo que había. Para rematarlo, encima mi asiento era justo el de detrás de ella, junto a la ventanilla. Brad iba a la espalda de Lyn.
Al llegar a mi fila, me quité la mochila de la espalda y después la chaqueta, para pasar entre los asientos para llegar al último, el mío.
Antes de tumbar la mochila a mis pies, para meterla un poco debajo del asiento que ocupaba Zoe, saqué de ella el móvil, los auriculares y el libro que comencé días atrás.
Con el trajín de la preparación del viaje no pude avanzar en la lectura, pero tenía el vuelo para ello.
Me puse los auriculares, pero sin conectarlos, y coloqué el libro sobre una pierna, para dejar la chaqueta encima de la mochila tumbada. Entonces me abroché el cinturón y mientras Brad se acomodaba también, desbloqueé el móvil y entré en la aplicación de mensajes.
Rhys: Ya estamos sentados en el avión. Nos vemos pronto.
—¿Drew? —me preguntó.
—Sí. Lo he avisado de que ya estamos aquí —confirmé.
—Guay. ¿Al final se vendrá con nosotros a la casa?
—¿Lo dudas?
Rio.
Bajé la mirada cuando el móvil me vibró en la pierna. Brad se acercó para leer la contestación de Drew.
Drew: Estupendo. Yo todavía estoy en la cama. Joder, tío, cómo la había echado de menos. Ayer hasta me habló la casa. Ja, ja, ja…
Rhys: Pues va a volver a llorar por ti en poco tiempo, porque en unas horas estarás con nosotros. Levántate ya y desayuna en condiciones, porque cuando te des cuenta, estoy avisándote de que acabamos de aterrizar y del aeropuerto a nuestro destino final llegaremos rápido.
Drew: Tranquilo, no me retrasaré, aunque os daré ventaja para que estéis con vuestros compañeros.
Drew: No he deshecho la maleta, así que eso que tengo adelantado. Tampoco he sacado el portátil del maletín. Ayer me lo tomé de fiesta con el viaje, así que me sobra tiempo.
Rhys: De acuerdo, en unas horas nos vemos.
Drew: Qué ganas, tío. Estoy deseando que estéis ya aquí. Esto huele a hogar.
Sonreí.
Rhys: Tengo a Brad sentado a mi lado, preparándose para dormir todo el trayecto.
Brad rio.
Drew: Cómo no. Contaba con eso.
Rhys: Te escribo cuando lleguemos.
Drew: Estaré atento. Que tengáis buen vuelo.
Rhys: Gracias, tío.
En cuanto salí de la conversación, puse el móvil en modo avión y me lo guardé en el bolsillo central de la sudadera. Por el momento no iba a escuchar música, prefería leer, por lo que me olvidé de los cascos que tenía puestos y abrí el libro.
Cuando lo tuve en la página por la que debía continuar, dirigí la mirada hacia el asiento de delante, para ver un poco de la cabeza de Zoe.
—Ármate de paciencia —me susurró Brad, con un ligero carraspeo.
Apreté la mandíbula y aparté la vista de lo que ocurría delante. Zoe estaba hablando con Lyn y con César, con sus compañeros de fila.
Dirigí la mirada a la ventanilla, mientras escuchaba cómo César buscaba continuamente a Zoe con los comentarios. Ella reía y se los devolvía, pero de diferente manera. Lo que quería conseguir César parecía gritarlo con su forma de comportarse.
Siempre era de la misma manera. No era un secreto que a César le gustaba Zoe, ni tampoco la primera vez que él aprovechaba cualquier oportunidad para llevársela a su terreno. Ella parecía dejarse llevar, divertida.
A mí no me importaba. En absoluto. No era de mi incumbencia. Claro que no.
Mi rabia se debía a que me costaba mucho tolerar a César. No lo soportaba. Punto. Poco más podía añadir al respecto, aparte de que había tenido con él varias discusiones acaloradas a lo largo de los años que llevábamos trabajando en la misma empresa.
De la última vez hacía ya bastante tiempo, de manera que lo que sucedía entre nosotros estaba bastante calmado y pausado. Yo me mantenía de esa manera y él intentaba no cruzarse mucho en mi camino. Cuando no nos quedaba más remedio, ambos hacíamos lo posible por no intercambiar muchas palabras.
Así que sí, como había dicho Brad, debía armarme de paciencia porque no soportaba ciertas actitudes y comportamientos.
—Oye, Lyn… —La llamó Brad.
Al hacerlo, cortó la conversación que tenían los tres de delante, lo que le agradecí a mi amigo porque lo hizo por mí.
—¿Sí? —le preguntó ella, girándose.
Ella asomó la cabeza entre los asientos, sonriendo. Brad le devolvió la sonrisa.
—¿Viste anoche el último episodio de la serie? —se interesó mi amigo.
No hizo falta que dijera el nombre de la serie, ya que Lyn sabía perfectamente a cuál se refería. A ambos les gustaba la misma y solían hablar sobre ella, para comentar los episodios.
Zoe no hizo el intento de girarse. Por mí, está claro. César pasó a hablar con los chicos de delante de él: Santi, Nerea y Rita.
—Sí —le confirmó Lyn—. Fue un episodio muy emocionante.
—Perdimos la cuenta de cuántos gritos soltó —comentó Zoe, con diversión.
Continuó escondida en su asiento, mientras que Brad y Lyn rieron por sus palabras.
—Tengo que darle la razón, Zoe. El episodio de ayer fue una pasada —comentó Brad.
—Mis amigas no se enteran de lo que es bueno —dijo riendo Lyn—. Ayer intenté que se engancharan ella y a Noa, ¿y a que no sabes qué hicieron?
—Sorpréndeme —le pidió Brad.
—¡Se durmieron! —exclamó con un jadeo.
Su sorpresa no era fingida. Reaccionó como si realmente no entendiera cómo era posible que sus amigas no vieran interesante lo mismo que ella.
—A los pocos minutos de estar sentadas en el sofá se quedaron dormidas. ¿Te lo puedes creer?
—Eso es inaceptable —contestó mi amigo.
Después soltó una carcajada que contagió a Lyn.
—¿A ti te gusta la serie, Rhys? —me preguntó Lyn, para que entrara en la conversación.
—Lo siento, pero no la veo.
Ella soltó un jadeo, al no esperarse mi contestación.
—Se puede unir a tus amigas —dijo con diversión Brad—. Son tal para cual —añadió, con un punto de diversión que solo entendí yo.
—¡Ya salimos! —exclamó emocionada—. Si quieres, podemos comentar el episodio dentro de un rato —le propuso a Brad.
—Me encantaría —aceptó él, sonriendo.
—Guay —le devolvió el gesto ella—. Al final le cambio el sitio a Rhys. Lo estoy viendo, para que tú y yo podamos hablar.
Soltó una carcajada, antes de ponerse bien sentada en el asiento. Como si pudiera verla, imaginé cómo debía estar mirándola Zoe por lo último que había dicho, ya que a Lyn le costó parar de reír.
Se calló cuando el personal del vuelo comenzó a mostrar las indicaciones de seguridad, momento en el que el avión comenzó a moverse.
Desconecté por completo, ya que me sabía la información de memoria. Dirigí la mirada a la ventanilla, para ver cómo recorríamos despacio las pistas.
El vuelo no duraba mucho, unas tres horas, aproximadamente. Después de ese tiempo, aterrizaríamos en el aeropuerto de Glasgow, Escocia. Ese era nuestro primer destino, pero no el final.
En el aeropuerto nos estaría esperando un chófer que nuestro jefe había enviado para recogernos y llevarnos al destino definitivo: la ciudad de Stirling, situada a unos treinta y cinco minutos en vehículo, aproximadamente.
A las afueras de Stirling se encontraba ubicada la sede de la empresa en la que trabajábamos, y en la ciudad estaban las casas en las que viviríamos el tiempo que durara el proyecto.
La primera no la veríamos hoy, al ser domingo, pero a las casas iríamos directos. Drew se presentaría en la de Brad y mía, porque el plan era que se quedara con nosotros.
Mi amigo Drew viajó a Escocia el día anterior, ya que él y yo llevábamos años en España. Ambos nacimos en Edimburgo, pero crecimos en Glasgow. Nuestros padres eran amigos desde antes de que nosotros naciéramos, por lo que siempre habíamos estado juntos.
Drew era más que un amigo, era mi familia y la persona que más me conocía en la vida.
En cuanto le conté lo del proyecto y el viaje a Escocia, comenzó a hacer las maletas. Para él era un sueño regresar a nuestra tierra, a la que podría haber vuelto cuando quisiera, para quedarse, pero Drew no quería hacerlo si no volvía conmigo.
Mi amigo tenía la facilidad y la suerte de poder trabajar desde donde quisiera, ya que solo necesitaba su portátil y conexión a internet. Con eso podía continuar con su vida perfectamente, desde el lugar que eligiera para vivir.
Yo también estaba deseando llegar. Hacía bastante que no nos escapábamos unos días para disfrutarlos en Escocia.
Cuando el avión despegó, una vez en el aire, apoyé la cabeza en el asiento y miré fijamente al pelo de Zoe. Se veía por el hueco del lado de la ventanilla, ya que tenía la cabeza inclinada hacia ella.
Al cabo de unos segundos observé que Brad había cerrado los ojos. Desconecté de todo lo que me rodeaba y de donde me encontraba, y bajé la vista al libro, para comenzar a leer.
Enseguida me metí en la historia.