Capítulo 13
—¡Y yo quejándome de cómo nos estaba yendo el día! —exclamé y reí.
Lyn y yo nos lanzamos sobre Noa, en el sofá, y terminamos las tres riéndonos.
—Joder, qué fuerte. Me alegro muchísimo por las dos —habló emocionada.
Noté un punto de tristeza en su mirada, pero fue fugaz. No la pudo ocultar.
—Hablaremos mucho —le dije, agarrándola de la mano—. Y nos veremos por videollamadas.
—Claro —confirmó Lyn, abrazándola.
—Chicas, estoy bien. A ver, me jode perderos por un tiempo y voy a sentirme muy sola, pero lo mío será algo normal y lo vuestro muy importante y necesario. Igualmente, la felicidad que siento por vosotras lo supera todo —sonrió.
—Además, puedes cogerte unas vacaciones y venir a visitarnos —comenté, muy animada con la idea—. El jefe nos ha dicho, entre muchas cosas, que tendremos una casa para nosotras, ya que en la zona hay muchas para elegir.
—Suena genial. O algunos fines de semana —dijo Noa.
Asentí, varias veces.
—Todos podremos vivir con quien queramos, del equipo o no, como si nos apetece estar solos —comentó Lyn, asintiendo.
—Me hubiese encantado veros las caras en el momento en el que vuestro jefe dijo vuestros nombres —rio Noa.
Lyn y yo sonreímos.
—Con lo mal que comenzó el día… —suspiré.
—¿Por lo que me dijisteis esta mañana por mensaje o por algo más? —nos preguntó Noa, mirándonos a Lyn y a mí.
—Mmm… ¿Puedo? —me preguntó Lyn, para que le diera permiso.
Puse los ojos en blanco y asentí, antes de apoyar la cabeza en el respaldo del sofá.
—Vas a flipar —le dijo a Noa.
La última giró la cabeza hacia mí y solo tuvo que fijarse en mi actitud para saber por dónde iría el tema.
—Rhys la ha mirado y le ha hablado. Y espera a saber lo más gordo —contó Lyn, con una risilla.
—Ha hablado para las dos, no solo para mí —la corregí.
—De eso nada, que a mí ni me ha mirado mientras hablaba —rio con ganas.
Lyn comenzó a contarle cómo había ido nuestro día, desde que nos vimos en la cafetería, aunque la primera parte Noa ya la sabía, más o menos, por lo que le dijimos por mensajes.
Rhys apareció durante toda la conversación, de una forma u otra, porque, para mi desgracia, también formaba parte del equipo que viajaría a Escocia.
En ese momento, en la sala de reuniones, me costó darme cuenta de eso y de que Brad también estaba dentro, ya que al escuchar el nombre de Lyn y el mío, todo lo demás dejó de importar durante unos minutos.
Ni siquiera me di cuenta rápido de que tuve muy cerca a Rhys, por la emoción que sentí porque mi amiga y yo fuéramos dos de las seleccionadas.
Sonreí mirando el techo, porque todavía me costaba creerlo. Me parecía tan increíble.
Cuando salimos del despacho del jefe y nos fuimos a nuestros puestos de trabajo, por poco tiempo porque la hora de bajar a desayunar estaba cerca, aproveché antes para llamar a mis padres. Primero hablé con mi padre, que estaba en el trabajo, y después con mi madre, que se encontraba en la casa.
Se pusieron muy contentos y me transmitieron su alegría por la gran oportunidad que tenía. Lloré y reí, sin poder contener las emociones. Al salir del trabajo, fui a la casa de mis padres y comí con ellos, donde con calma les conté mejor y en persona cómo sucedió todo.
Mi madre se puso un poco triste por el tiempo que estaría fuera, al no poderle decir cuánto sería, pero mi padre dio un giro a su ánimo, diciéndole que viajarían para verme si el trabajo se me alargaba en Escocia.
Después llegué al piso en el que vivía con Noa y Lyn apareció con poca diferencia, minutos después. Noa ya sabía que nos habían elegido y que nos íbamos a Escocia, ya que la llamamos mientras desayunábamos en la cafetería.
—Y encima viajáis con él y su amigo Brad —dijo Noa, cuando Lyn terminó de contarle todo nuestro día en el trabajo.
—Pues sí —confirmé.
—No te libras de él —comentó, apretando los labios.
Yo puse los ojos en blanco.
—Joder, me parece hasta bonito. Romántico —habló Lyn, con emoción—. ¿Y si la vida os pone en el mismo camino una y otra vez, para que hagáis las paces de una vez?
Noa soltó una carcajada, pero acabó asintiendo ante esa posibilidad.
—Estáis fatal. —Bufé—. No me calentéis —les advertí.
—Zoe no tiene que hacer las paces de nada —aclaró Noa—. Siempre ha sido Rhys el que la ha ignorado y ha pasado olímpicamente de su existencia.
—Gracias —hablé con diversión.
—De nada, cariño.
Soltamos una carcajada y después Noa continuó.
—El tema es que ese tío es un resentido al que todavía debe estar doliéndole el pie del pisotón que le dio Zoe, porque si no, no se entiende que desde el inicio la haya tratado así. Y con el tiempo que ha pasado…
Se encogió de hombros.
—No te quito la razón —comentó Lyn, haciendo una mueca.
—Lo que le pasa es que es muy orgulloso, por eso no me ha perdonado y si lo ha hecho, no es capaz de demostrarlo —comenté pensativa—.
Yo creo que le fastidió más cómo le hablé, que el pisotón en sí.
Pero ya está, ¿vale? Por favor, no quiero hablar más de ese hombre ni escuchar su nombre.
Hoy nos hemos saltado la única norma que tenemos, no hablar de él, pero porque era necesario.
—De acuerdooo… —dijo Lyn y Noa y yo la miramos divertidas—. ¿Qué? —rio—. No podéis negar que hoy ha sido muy interesante todo, han pasado unas cosas… —suspiró.
—Sí, pero ¿sabéis qué es lo más importante de todo? —les pregunté—. Que ninguna de las tres nos hemos puesto malas por mojarnos con la lluvia.
—Joder, sí, y mis maravillosos y caros zapatos ya están secos y como nuevos —soltó un jadeo Noa.
—¡Nos hemos salvado, con zapatos incluidos! —Levanté los brazos.
Mis amigas rieron. Sobre todo, porque al moverme con tanto ímpetu eché a Noa hacia un lado. La empujé hacia Lyn y ambas cayeron en el sofá como las piezas de un dominó.
Me lancé encima de ellas, con un ataque de risa.
Nos costó parar y tranquilizarnos y cuando lo conseguimos, nos quedamos tumbadas en el sofá.
—Te voy a echar mucho de menos —le dije a Noa.
Mi amiga suspiró.
—Y yo —se unió Lyn.
Otro suspiro de Noa.
—No me hagáis llorar, que estoy muy sensible —nos pidió.
—Todavía tenemos una semana por delante, antes de irnos —comenté.
—Sí, y tengo una propuesta para haceros —dijo Lyn.
Noa y yo nos miramos, sin que ella se diera cuenta. Y sonreímos.
—Dinos —le pidió Noa.
—¿Qué os parece si la semana que queda para irnos me vengo a vivir a este piso con vosotras? Sería como un adelanto, un calentamiento y si sale bien, pues cuando volvamos de Escocia me quedo definitivamente. ¿Qué decís? ¿Me acogéis?
—Joder, ¡por fin! —rio Noa—. Has tardado demasiado. ¿Qué te decimos? Que mañana por la tarde, después del trabajo y de comer, te llevamos a la casa de tus padres con mi coche para cargar en él todo lo que podamos.
—Es un plan perfecto —estuve de acuerdo y sonreí de oreja a oreja—. Bienvenida, cariño.
—¡Ay, qué emoción! —se tapó la cara Lyn.
—¡Pero no llores! —exclamó Noa.
Nos incorporamos en el sofá, para quedarnos sentadas.
—Jo, es de alegría —nos dijo, haciendo un puchero.
Noa y yo le sonreímos.
—Puedes empezar por quedarte esta noche. No hace falta que te vayas —le propuse.
—No me he traído nada y mañana tenemos que madrugar para trabajar.
—Puedes elegir la ropa que quieras de nuestros armarios. Tenemos todo lo que necesitarás cuando te duches.
—Uyyy… qué pronto empieza quitándome las cosas —se quejó en broma Noa.
Reímos.
—Gracias, chicas —nos habló emocionada, Lyn.
La abrazamos y después se levantó del sofá, para hablar con sus padres y contarles la noticia. Otra más, porque llevábamos un día… Aunque esta no iba a pillarles por sorpresa, ya que Lyn había hablado con sus padres en varias ocasiones sobre lo de venirse a vivir con nosotras.
—¿Pedimos la cena? —le pregunté a Noa—. No me apetece hacer nada.
—Es una gran idea. A mí tampoco —me dijo con un guiño.
—No estés triste —le pedí, bajando la voz—. Ya verás cómo siempre que podamos estaremos al teléfono y si pudieras venir, aunque sea de tanto en tanto, algunos fines de semana…
—Haré lo que pueda.
—Lo sé.
Me acerqué a ella para darle un beso en la mejilla.
—Yo también voy a echarte mucho de menos —me dijo, susurrando.
Nos abrazamos y nos quedamos en silencio durante unos largos segundos.
—Ni se te ocurra fijarte en ningún escocés. ¿Me oyes? Como te enamores de uno, voy a por ti y te traigo a rastras a España.
Solté una carcajada.
—Eso es precisamente en lo que estaba pensando para mi gran viaje —hablé con diversión—. Enamorarme allí, cuando llevo años que aquí ni se me ha ocurrido la idea.
—Ya… porque no te ha llegado el amor. O tal vez sí, pero como no me haces caso y vas alargando lo de ir a la óptica para que te miren la vista…
—¡Eres tonta!
Le di con un cojín y terminamos teniendo una pelea de cojines, a la que se unió Lyn entre risas, cuando acabó de hablar con sus padres.
¿Amor? No, gracias. Bastante había tenido ya con las grandes decepciones, las que por suerte no habían sido muchas.
Cuando nos tranquilizamos, pedimos la cena y en el tiempo que tardó en llegar, decidimos ducharnos las tres. Era un nuevo comienzo, acompañadas por Lyn, lo que nos mantuvo muy emocionadas a las tres.
—A partir de ahora ya no tienes que preocuparte por los horarios del autobús —le dije a Lyn, caminando por el pasillo.
—Mierda… ¿Cada día en la moto? —me preguntó ella, con un pequeño gemido.
—Oye… —me quejé.
Noa soltó una carcajada, cuando se paró frente a la puerta de su habitación.
—Tienes transporte particular, no puedes quejarte —le dijo con diversión, a Lyn.
—Ya verás qué bien nos va. —Le hice un guiño—. Ya no tendrás que levantarte más temprano y yendo en moto, llegaremos muy rápido.
—Tampoco me hacía falta tanto tiempo… —Carraspeó Lyn.
—No te queda nada, amiga… —comentó Noa.
Yo puse los ojos en blanco y las dejé riendo, cuando les levanté el dedo corazón.
Lyn se montaba conmigo en la moto sin problema. Hacía años que consiguió relajarse e incluso disfrutarlo un poco, pero no terminaba de acostumbrarse del todo, por lo que, de vez en cuando le parecía bien, lo que era muy diferente a ir y venir cada día del trabajo.
Con una gran sonrisa entré en mi habitación y después de coger el pijama, me dirigí al baño.
Dentro de la bañera, con los ojos cerrados mientras el agua caía por mi cabeza, me vino a la memoria el momento de esta mañana en el que Rhys se secaba el pelo inclinado hacia delante.
Sonreí de medio lado, entreabriendo los ojos, al recordar las buenas vistas que nos ofreció a Lyn y a mí.
No tenía ni idea de lo que había sucedido hoy con Rhys, ni cómo mi mente había podido imaginar cosas que no eran reales, con respecto a él. Había sido muy raro y desconcertante todo, pero al mismo tiempo… No sabía cómo expresarlo, pero estaba claro que me había impactado.
Y ahora él también viajaba a Escocia. Parecía una broma de mal gusto, un chiste sin gracia, pero la realidad era que sería una de las siete personas que más conocería lejos de mi hogar. Y era para echarme a reír o a llorar, porque no conocía a Rhys de nada.
Después de un rato pensando en él, lo que normalmente me tenía prohibido, pero que esta noche no pude evitar después de todo lo que había sucedido, mi mente me llevó hasta Noa.
Me daba mucha pena alejarme de mi mejor amiga desde pequeña, porque sabía que Noa se había hecho la fuerte por Lyn y por mí, para que no nos preocupáramos por ella, pero yo sabía que en cuanto estuviera en la soledad de su habitación lloraría por la noticia.
Y encima se sentiría mal por llorar, cuando tendría que estar radiante de felicidad por nosotras. La conocía tanto…