La provocación del escocés Capítulo 12
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Capítulo 12

Rhys

Noté la mirada de Brad, pero no giré la cabeza hacia él.

Estaba muy entretenido, mientras esperaba a que el jefe retomara la reunión, aunque todavía seguía hablando por teléfono.

Mi entretenimiento era tocarle el pelo a Zoe, muy de vez en cuando. Lo estaba haciendo muy sutilmente, pero sabía que se daba cuenta cada vez que lo hacía.

La rigidez de su cuerpo aumentaba en cada ocasión que yo pasaba los dedos por las puntas de su pelo, pero no se atrevía a girarse hacia mí.

Si lo hiciera, se encontraría muy cerca de mi cara, ya que hacía un rato que me eché hacia delante y estaba inclinado cerca de la cabeza de Zoe, con los codos apoyados en las piernas.

La diversión se me esfumó en cuanto el jefe volvió a hablar para todos los de la sala.

Me aparté de Zoe, echándome para atrás, hasta que apoyé la espalda en el respaldo de la silla. Levanté una pierna, flexionada, y apoyé el tobillo en la otra pierna.

—¿Te has quedado a gusto? —me preguntó Brad, cerca del oído y susurrando.

Sonreí de medio lado. Fue la única contestación que le di y la supo interpretar perfectamente. Después de eso prestamos atención a las palabras del jefe.

—No voy a retrasarme más para contaros lo que me ha traído hasta aquí, para que sepáis cuál es el motivo de esta reunión —dijo—.

Resulta que necesito formar un equipo para llevármelo a Escocia.

Un equipo de científicos con diferentes especialidades y que, al mismo tiempo, cada uno pueda trabajar en varias áreas.

Un murmullo se extendió por la sala y el jefe esperó pacientemente a que a todos se les pasara la primera impresión.

—Es una gran oportunidad, una muy importante, porque el equipo en cuestión trabajará en un proyecto innovador.

Confío en cada uno de vosotros, ya que, si no, no os tendría trabajando en mi empresa.

Sé que tengo a los mejores científicos a mi cargo, pero debo darles el mérito que se merecen a los que despuntan. Espero que lo entendáis.

Otro murmullo, más alto que el anterior, volvió a escucharse por toda la sala.

—Quiero que sepáis que no será el único proyecto. Tengo en mente varios más y para ellos formaré otros equipos, pero para eso pasará un buen tiempo. ¿Cuento con vuestro apoyo y profesionalidad?

—Sí —se lo confirmaron, hablando al mismo tiempo.

—Gracias —sonrió de medio lado el jefe—. Ahora que ya sabéis para qué es esta reunión, voy a pasar a decir a continuación los nombres de las personas que viajarán a Escocia y trabajarán en la sede central de la empresa.

—Jefe.

—¿Sí? —le dio permiso a hablar a un compañero. Se llamaba Santiago.

—Sé que es complicada la respuesta, pero ¿sabe orientativamente por cuánto tiempo sería?

—Lo lamento, pero no puedo arriesgarme a deciros el tiempo. Vosotros mejor que nadie sabéis que un proyecto de una gran magnitud, empezándolo desde cero, puede llevar mucho. Podemos estar hablando de meses viviendo y trabajando en Escocia.

—Joder, ¡qué pasada! —comentó una compañera.

—Me alegra que os emocione la idea —dijo el jefe—.

Eso me lleva a deciros que me habléis con confianza porque, si alguno de vosotros no puede alejarse tanto tiempo por motivos personales y digo vuestro nombre, necesito que sea sincero para saberlo antes posible, ya que tendré que encontrar otro candidato.

Se oyeron varias palabras de confirmación.

—Pues vamos a ello. Voy a nombrar a las personas que formarán parte del equipo y si los que diga a continuación, no tenéis ningún problema para emprender esta aventura, os pido que bajéis hasta aquí después de decir vuestros nombres.

Vi cómo Zoe y Lyn se miraban, sorprendidas y muy emocionadas. Sus caras lo decían todo. Ambas querían ser elegidas, obviamente. Era una oportunidad única y la experiencia de viajar a Escocia y estar en ese país, la hacía mucho más especial e increíble.

Por lo que parecía, nunca habían estado en Escocia.

Se agarraron de la mano, sujetándose con fuerza, y de esa manera continuaron prestando atención a nuestro jefe.

Brad me dio un pequeño codazo en el brazo y yo me encogí de hombros, relajándome más en la silla.

—El equipo lo formarán ocho personas, científicos que, como ya he dicho, estén especializados en diferentes áreas en las que puedan trabajar sin problema —comentó e hizo una pausa, antes de continuar.

Recorrió la sala con la mirada y entonces dijo por fin los nombres.

Los compañeros que no cumplían el requisito de tener varias especialidades se relajaron de golpe. Algunos con expresiones de pena y resignación por haber perdido la oportunidad tan rápido.

Estaba seguro de que en algún momento tendrían suerte con otras oportunidades.

—Santiago —mencionó al que le había preguntado por el tiempo que podía durar el proyecto.

Se puso de pie, con una sonrisa de oreja a oreja, y después de aceptar la felicitación de los compañeros de alrededor, bajó la escalera central hacia la parte más baja de la sala, donde estaba el jefe.

Siguió nombrando a los demás del equipo, esta vez de carrerilla.

—Nerea, Rita, César, Lyn, Zoe, Brad y Rhys. Este es el equipo completo.

Zoe y Lyn se levantaron casi de un salto de la silla, para abrazarse y soltar un pequeño grito de la emoción.

Brad y yo las vimos en primer plano, mientras mi amigo sonreía embobado viendo a Lyn.

Cuando ellas bajaron los primeros escalones, agarradas de la mano, Brad y yo fuimos detrás, dejando una buena separación.

—Gracias una vez más a los demás —el jefe se dirigió al resto—. No os quito más tiempo, podéis marcharos. Ha sido un placer volver a veros, desde la última vez.

Las despedidas se escucharon unas detrás de otras y los compañeros fueron saliendo de la sala, hasta que nos quedamos los ocho seleccionados con el jefe.

Metí las manos en los bolsillos del pantalón, a la espera de alguna orden o indicación, pero la entrada de Olivia retrasó lo que el jefe estuvo a punto de decir.

Brad soltó un pequeño bufido del que solo me enteré yo.

—Hola, Avery —saludó Olivia al jefe.

—Olivia… ¿Qué te trae por aquí?

—He visto a todos salir y he pensado que…

—Todavía no hemos terminado —la interrumpió—. Si nos disculpas…

—Bueno, supongo que no pasa nada por quedarme a escucharte. Teniendo en cuenta que yo viajaré con el equipo…

—Cómo no.

Fue Zoe la que habló. No pudo contenerse, pero por suerte, para no tenerla con Olivia porque esta última la habría liado a lo grande, Zoe lo dijo tan bajo que solo la escuchamos César, Lyn y yo, que éramos los que estábamos más próximos a ella.

Cosas de la coincidencia o del despiste de Zoe. Estaba tan emocionada que no reparó en que yo estaba demasiado cerca.

—¿Alguien ha dicho algo? —preguntó Olivia, al escuchar como un murmullo.

—No —contestó el jefe, cortando el momento—. Te agradecería que nos dejaras y te pido, por favor, que no vayas diciendo que vas a irte con el equipo, ya que eso lo dijiste tú cuando avisé a la dirección de los cambios por el nuevo proyecto.

—Pero Avery… Pensaba que…

—Ya que insistes tanto… Te necesito aquí, haciendo tu trabajo hacia el resto de los científicos —cortó la conversación el jefe, de manera contundente. Su tono de voz no admitía réplica—. Solo me llevo a ocho, lo que no es nada, en comparación con los que se quedan.

»Además, sabes de sobra que en la sede central de Escocia tengo a profesionales de incalculable valor que llevan muchos años conmigo. Tienen mi plena confianza y se encargarán perfectamente de las nuevas incorporaciones, como llevan años haciendo con los que trabajan en sus departamentos.

El jefe se apartó de la mesa, para quedarse de pie.

—Ya está todo dicho —insistió, al ver que Olivia no reaccionaba—. Si nos disculpas…

Ella tragó saliva y levantó la barbilla, tan orgullosa como siempre. Después de una breve mirada hacia mí, se giró de golpe y fue hacia la escalera, la que subió rápido para desaparecer de la sala.

—Perdonad la interrupción —nos dijo el jefe—. Ahora sí, ya podemos hablar tranquilos. Antes de nada, doy por hecho que, al bajar las escaleras, podéis viajar todos a Escocia por un tiempo incierto.

—Sí —fue la confirmación general.

—Estupendo. Hemos tenido suerte —sonrió de medio lado.

Menos Bray y yo, los demás a veces parecían sorprendidos de que el hombre supiera curvar los labios. Mi amigo observaba a nuestros compañeros con expresión divertida.

Los seis que nos acompañaban y que formaban parte de nuestro equipo no eran los únicos a los que les habíamos visto esas caras. Más de uno se había ido haciendo sus teorías sobre la personalidad del jefe, recopilando durante los años imágenes serias de él.

Lo era. Me refería a lo de serio, pero porque en la empresa siempre ponía el trabajo por delante y era una de las cosas que más respeto le daban.

Nunca se relajaba, a pesar del dinero que tenía él, con el nivel económico tan elevado que ampliaba cada año.

A pesar de la popularidad de la empresa y de que era uno de los puntales más importantes en el sector de la ciencia, debido a sus importantes descubrimientos científicos a lo largo de los años.

Pero no sería yo el que diera información sobre el jefe. Ni Brad tampoco.

—Enhorabuena por estar dentro del proyecto —nos felicitó—. Vamos mejor a mi despacho y allí os cuento cómo será todo a partir de ahora. Estaremos más cómodos y no tendremos interrupciones inesperadas.