Capítulo 11
—Joder, sí que trabajamos gente aquí —dijo Lyn.
La miré divertida, pero pensando exactamente lo mismo.
Cada vez parecía que éramos más. Las únicas veces que nos veíamos todos era para las reuniones como la que comenzaría en unos minutos y para las cenas de Navidad a las que estábamos invitados todos los trabajadores.
Desde que entramos a trabajar aquí, Lyn y yo solo habíamos asistido dos años a la cena de Navidad. Los demás hicimos otros planes con Noa y nuestras familias.
Debo decir que las navidades que nos animamos a ir, Rhys y Brad no estuvieron, por lo que yo estuve muy tranquila y relajada.
Nos adentramos más en la sala en la que se llevaban a cabo todas las reuniones, ya que era la más grande y estaba preparada para ello.
Caminé por una de las tantas filas de sillas que había, siguiendo a Lyn.
—¿Dónde vas a ponerte? —le pregunté.
—Estoy buscando el mejor sitio para pasar desapercibidas, pero para ver bien y enterarnos mejor de todo —contestó.
Apreté los labios.
—¿Qué esperas que vaya a suceder?
—Yo qué sé. —Se encogió de hombros—. Pero esta reunión es rara. Todos lo comentan.
—¿Qué tiene de raro que el dueño de la empresa, el jefe supremo, quiera hacer una reunión con sus empleados? —pregunté con diversión.
—¿Solo con los científicos? ¿En serio?
Elevé las cejas. Podía ser curioso, pero tampoco lo veía raro. Hace unos años nos reunió también a los científicos y fue para darnos la enhorabuena por los avances que estábamos haciendo y los proyectos nuevos que salieron adelante.
—La última vez que solo estuvimos nosotros aquí fue por algo muy bueno —le recordé.
—Mejor prevenir, querida —me dijo.
Reí y negué con la cabeza.
Por suerte, Lyn encontró unas sillas que le parecieron bien para sentarnos y fue lo que hicimos. A mí me daba igual, como si ocupaba alguna en primera fila.
Había venido a escuchar y a enterarme de lo que tuviera que decirnos el jefe, no para esconderme. Y no lo haría, si llegaba un momento en el que no estaba conforme con algo.
—Parece que hoy nos vais persiguiendo, preciosas.
Al escuchar la voz de Brad a la espalda, agrandé los ojos y después fulminé con la mirada a Lyn, sin girar la cabeza hacia ella para que los de atrás no me vieran.
—No me lo puedo creer… —susurré con incredulidad.
—Mierda —murmuró—. Te prometo que no había nadie antes de sentarnos. Tú lo has visto también —habló apurada y tan bajo que me costó entenderla.
Solté un suspiro, antes de enfrentarme a quien me hubiese encantado no volver a ver.
Lyn y yo nos giramos en las sillas al mismo tiempo, para encontrarnos solo a Brad. Entonces solté el aire de golpe, mientras él se sentaba.
Dirigí la mirada al móvil que puso en la silla de su lado derecho, la que daba al pasillo, y maldije porque mi esperanza se esfumó rapidísimo. Rhys aparecería en cualquier momento y se sentaría justo detrás de mí.
Increíblemente maravilloso, me dije, cabreada.
Lógicamente, disimulé porque Brad no tenía la culpa de nada.
—Te has equivocado —le dijo Lyn—. Los que nos estáis persiguiendo sois vosotros, porque nosotras estábamos antes aquí sentadas.
Incluyó a Rhys, a pesar de que no estaba. Lo de ponerse detrás de nosotras había sido cosa de Brad, ya que en la vida esperaría que Rhys tuviera algo que ver con eso.
Con los años que llevaba evitándome… Y poco me importaba lo que sucedió en el baño de la planta principal.
Lyn se cruzó de brazos y Brad sonrió de medio lado, al mismo tiempo que le hacía un guiño. Las mejillas de mi amiga se cubrieron de un tono rosado muy ligero y ella perdió un poco las fuerzas, dejando caer los brazos.
No nos dio tiempo a decir nada más porque comenzó a haber mucho movimiento. Este llamó nuestra atención. La gente que esperaba en el pasillo entró en la sala y junto con la que estaba dentro de pie, hablando con unos y otros, todos ocuparon una silla.
Rhys llegó y se dirigió directo hacia su amigo. Si nos vio a Lyn y a mí, no lo mostró, ya que no miró en nuestra dirección. Tampoco noté algún cambio en su expresión, porque le fastidiara mi cercanía si en algún momento que yo no había estado pendiente, él vio a quién iba a tener delante.
Yo, por mi parte, evité cualquier tipo de contacto con él. Me giré hacia delante, quedándome bien sentada, con la espalda recta y más rígida de lo normal, cuando noté que Rhys ocupaba la silla a mi espalda.
Lyn me dio en la pierna con la suya, para llamar mi atención. La miré de reojo y leí en sus labios cómo me pedía perdón.
—No tienes la culpa de nada —susurré, sonriéndole.
Ella soltó un suspiro.
La puerta de la sala de reuniones se cerró y todos miramos hacia ella. Allí, de pie junto a ella, estaba el dueño de la empresa. Igual de serio como recordaba.
Las opiniones al respecto estaban divididas entre los trabajadores. Unos decían que era serio, pero muy buena persona. Otros, por el contrario, comentaban que como se veía era, ya que no tenía buen carácter.
El hombre era escocés, al igual que la empresa en la que trabajábamos, aunque estuviera en territorio español, y en lo que coincidían todos era en que los escoceses eran serios por naturaleza y tenían muy mal humor.
Como si conocieran a muchos escoceses para opinar algo de esa magnitud… Porque yo no podía meter a todos los escoceses en el mismo saco, como tampoco podía hacerlo con los españoles o con los de cualquier otra nacionalidad.
Cada persona era como era, independientemente de su lugar de nacimiento. Puede que, según el país, nos definieran unos rasgos y características, pero la personalidad de cada uno era independiente de todo lo demás.
En fin, que yo nunca opinaba al respecto y si me preguntaba algún compañero cuando hablaban del tema, dejaba claro que no iba a juzgar a nadie sin conocerlo personalmente. Punto.
El hombre hizo un recorrido visual por toda la sala, rápido, y comenzó a bajar por la escalera lateral.
En la parte de abajo había una pizarra en la que se escribía con rotulador borrable, un proyecto colgado del techo que enfocaba a la pizarra blanca, una mesa de escritorio y un par de sillas acompañándola.
A la parte de abajo se llegaba por tres escaleras: las laterales, que iban pegadas a las paredes, y la central, que dividía en dos la parte de las sillas.
La sala continuó en completo silencio.
Un dato que no he comentado era que el hombre vivía en Escocia la mayor parte de su tiempo y trabajaba desde su despacho en la sede central de allí, por lo que había venido de visita o para algo importante.
Espera que fuera lo primero, para no llevarme ningún sobresalto, que ya bastantes tenía por hoy.
La puñetera presencia de Rhys a mi espalda parecía quemarme cada vez más, como si desprendiera fuego. Era imposible que me relajara. No lo conseguiría hasta que me largara de esta sala y me alejara de él.
El jefe llegó abajo y caminó hasta la mesa, en la que se sentó en el filo, con los brazos cruzados. Sabía cómo intimidar y reclamar respeto, eso estaba clarísimo.
La gente a mi alrededor casi ni respiraba. Miré de reojo a mi amiga y apreté los labios, al ver cómo miraba expectante a nuestro jefe.
—Buenos días —nos saludó en español.
Alzó la voz para que lo escucháramos todos bien, con un tono potente. Hablaba perfectamente nuestro idioma, aunque algunas veces se le escapaban unas palabras en inglés.
—Buenos días —le devolvimos al unísono.
—Primero de todo, me alegro de veros de nuevo —sonrió un poco de medio lado—. Seguramente vosotros no podéis decir lo mismo, ya que no sabéis por qué es esta reunión.
Se escucharon varias risas por la sala, de los más atrevidos. El resto solo sonreímos por sus palabras.
—Un momento, por favor. Disculpadme —nos pidió, cuando su teléfono comenzó a sonar en el bolsillo interno de su chaqueta del traje.
Iba muy elegante vestido. Nadie podía decir que el hombre no era apuesto y muy atractivo, porque saltaba a la vista. Tenía una presencia impresionante.
Me relajé un momento, a la espera de que terminara de atender la llamada que descolgó. Se alejó un poco, acercándose a la pizarra. Su voz no se escuchaba ahora, manteniendo en privado su conversación.
Y cuando pensaba que estaba consiguiendo tranquilizarme un poco, por toda la situación, algo me hizo agrandar los ojos y contener la respiración. Lyn no se dio cuenta, porque se puso a hablar con la compañera que tenía a su otro lado.
Fue como una caricia ligera, como un pequeño roce que me provocó que la piel se me erizara y me estremeciera muy sutilmente. De esa manera sentí lo que me pareció imposible, porque venía de atrás y eso significaba que… venía de Rhys.
No podía ser, así que cogí una bocanada de aire y sin apartar la mirada de la pizarra vacía, me recompuse de la tontería que me había…
Agrandé los ojos de nuevo, al notar exactamente la misma sensación. Era como si alguien rozara una parte de las puntas de mi pelo y las cogiera, para tenerlas unos segundos entre los dedos. Después desaparecía todo.
Tragué saliva, pero enseguida tuve ganas de reír porque era imposible que… que Rhys estuviera acariciándome el pelo.
¿Estaba loca? Eso no iba a suceder en la vida, cuando hasta esta mañana era invisible para él y me ignoraba a más no poder.
Todavía no entendía cómo pudo sentarle tan mal que le clavara el tacón del zapato en el ascensor, la primera vez que coincidimos, años atrás. Se lo tomó tan mal que nunca quiso saber nada de mí, ni siquiera para saludarme.
En fin, que era imposible que Rhys hiciera lo que me había parecido sentir.
El puñetero día estaba siendo rarísimo o a mí se me estaba yendo la cabeza, por momentos.