La provocación del escocés Capítulo 10
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Capítulo 10

Zoe

—Qué mala suerte hemos tenido —murmuró Lyn.

—¿No me digas? —pregunté con ironía.

—Lo siento —suspiró.

—No te disculpes. —Negué con la cabeza—. No sabías que nos los íbamos a encontrar aquí, cuando has pensado que en este baño estaríamos más tranquilas.

Era un baño compartido en la zona común de los lavabos. Después, hacia cada lado, separando la zona de los hombres y de las mujeres, estaban las cabinas individuales con los inodoros.

Apoyé la cabeza en la pared y cerré los ojos, para evitar mirar hacia donde no debía. Rhys estaba más cerca de nosotras, secándose el pelo. La inclinación que tenía, con la cabeza hacia abajo para que le diera el aire caliente en el pelo, daba unas vistas perfectas hacia nosotras de su trasero.

El pantalón vaquero le quedaba de maravilla, ajustado a cada parte de su cuerpo en la que debía estar marcando. Lo sabía por el breve momento en el que se me fueron los ojos hacia él, al ponerme recta sentada, después de descalzarme.

No era porque le hubiera mirado a propósito el trasero ni las piernas. Para nada. En absoluto.

Continué con los ojos cerrados y solté un suspiro.

Tenía los pies fríos y mojados, como los calcetines.

Las deportivas que decidí ponerme hoy se me habían empapado muy rápido con la cantidad de agua que caía de la lluvia, aparte de también todos los charcos grandes que había en la calle y que fue imposible esquivar porque no había por dónde hacerlo.

El bajo del pantalón estaba igual. Si apretara la ropa, escurriría el agua. La chaqueta acolchada me había protegido la parte de arriba del cuerpo y el pelo… la melena la tenía tan mal como los pies.

Sin ganas de quitarme la chaqueta, porque me protegía del frío que tenía, me eché el pelo hacia un lado y apreté de la mitad a las puntas, inclinada para que las gotas de agua cayeran en una papelera.

Me daba absolutamente igual el tiempo que nos llevara salir del baño, más o menos decentes, como si debía tirarme aquí media mañana. Era un decir, porque no podía pasar tanto tiempo. Hoy teníamos una reunión con el jefe y dueño de la empresa. Rara vez ocurría, pues hoy era uno de esos días.

Lo que tenía claro era que no saldría del baño hasta que me sintiera a gusto, más que nada porque si no cogería un buen resfriado y no entraba en mis planes ponerme mala por incorporarme corriendo al trabajo.

Era un retraso justificado o una ausencia de varios días, sin moverme de la cama y el sofá, así que era lo que había.

Al no escuchar los secadores de manos, abrí los ojos despacio. Esta vez no me encontré con la mirada de Rhys, ya que él continuaba dándome la espalda.

La diferencia era que ahora tenía el pelo seco, llevaba la chaqueta atrapada con un brazo y se había calzado. El bajo del pantalón lo tenía húmedo. Se notaba el cambio de color con el resto, pero debía ser mucho menos que cuando llegó.

—Ya estás —nos habló Brad. Él estaba igual de cambiado que Rhys—. Gracias por la espera —nos sonrió a Lyn y a mí.

—Habéis llegado primero y lo que hemos hecho no ha sido nada —le dijo Lyn, devolviéndole la sonrisa.

—Empezad ya, antes de que cojáis frío —nos pidió.

Cuando pensaba que ya no le vería más la cara a Rhys, al menos directamente, me dejó sorprendida porque se giró hacia nosotras. Me resultó muy extraño que mirara hacia donde yo estaba.

Cuando Lyn abrió la puerta y él por inercia miró para ver quién entraba al baño, me quedé sin poderme mover en el instante en el que los ojos de Rhys atraparon a los míos desde la distancia.

Me costó creer que estuviera manteniéndome la mirada de la manera en la que lo hizo y durante el tiempo que tardamos en desviar la atención del otro. Fui yo la primera en hacerlo, para más sorpresa mía.

Hasta me pregunté si era el mismo hombre o lo habían cambiado, porque no era normal su comportamiento.

Y ahí estaba de nuevo, con sus ojos puestos en mí. Ni siquiera disimulaba dirigiéndolos de vez en cuando a Lyn. Me tenía alucinada.

Contuve la respiración. Dejé de respirar durante los segundos que su mirada recorrió todo mi cuerpo, de la cabeza a los pies. Tuve que esforzarme en no moverme, para que no se diera cuenta de cómo me puso al hacer eso.

—Si alguien pregunta por vosotras, os cubriremos —dijo de repente.

Abrí los labios, para cerrarlos después. Lo hice varias veces, sintiéndome tonta, pero sin conseguir que las palabras salieran de mi boca.

Por suerte, mi amiga salvó el momento, muy rápido.

—Muchas gracias, Rhys —le sonrió—. Sois muy amables.

Él asintió y comenzó a caminar hacia la puerta.

—Hasta luego, chicas —nos dijo Brad—. Recordad que tenemos reunión con el jefe en esta planta, la principal. Dentro de dos horas.

—Gracias. Lo sabemos. —Fue Lyn la que volvió a hablar.

Brad le hizo un guiño y siguió a su amigo. Ambos salieron del baño silenciosos y nosotras nos quedamos mirando hacia la puerta como si esperásemos que volviera a abrirse en cualquier momento.

—Diosss… —Jadeó Lyn.

Se puso delante de mí.

—¿Qué ha pasado aquí?

Elevé las cejas por su pregunta.

—Oh, venga ya… —rio, pero le salió una risa un poco histérica—. Ha sido una pasada, algo inédito, increíble, de otro mundo. Ha sido…

—Vale. —Levanté las manos hacia ella, interrumpiéndola—. Me ha quedado claro.

Negué con la cabeza, pasando por su lado.

Fui directa al secador de mano que Rhys había utilizado y golpeé el botón, activando el aire caliente. Me quité la chaqueta acolchada y la puse debajo. Era una suerte que repeliera las gotas de agua, por lo que estas desaparecieron rápido.

Lyn iba a tardar un poco más con la suya, pero tampoco tanto porque continuaba protegida por ella. Las chaquetas nos habían salvado a ambas de un buen baño bajo la lluvia.

Dejé la chaqueta sobre la encimera del lavabo y lo siguiente que hice fue quitarme el bolso que me puse cruzado al pecho, por dentro de la chaqueta para protegerlo antes de salir de la cafetería. Después comencé a secarme el pelo.

—Parecías un pececillo buscando aire —me dijo Lyn.

Agachada, con las piernas flexionadas para quedar debajo del chorro de aire caliente y manteniendo la postura con la espalda apoyada en la pared, giré la cabeza hacia ella.

El pelo comenzó a irme hacia todas las direcciones, al darme directamente por arriba. Fue un gran alivio sentir el calorcito, cuando ya me estaba quedando muy fría.

—¿Qué dices? —le pregunté.

—A lo último, cuando has querido hablar y no podías —contestó con una risilla.

Solté un bufido y cerré los ojos.

—No ha sido para tanto.

—Tranquila. Es normal.

Vi de reojo cómo se encogía de hombros.

—No te esperabas ninguna de las reacciones que ha tenido Rhys. Si yo me he quedado flipando, me imagino cómo estabas tú —comentó sonriente.

—¿Por qué sonríes? No ha sido gracioso.

—No pienso que lo haya sido, pero muy interesante sí —rio con ganas.

—Pues no sé dónde ves lo interesante —suspiré.

—Cariño, ese hombre ha vuelto a mirarte después de… ¿Cuántos años? Joder, desde las primeras veces que os visteis. —Bufó—. Y encima lo último que ha dicho, lo de que nos cubrirían, lo ha dicho como si solo se dirigiera a ti. No ha apartado la mirada de la tuya. Ha sido impresionante. Un shock —rio.

—Déjalo ya —le pedí con un bufido—. Ya bastante desconcertante ha sido.

—Noa va a alucinar cuando se lo contemos —dijo con una risilla, yendo a lo suyo.

Puse los ojos en blanco porque me esperaba una tarde movidita en el piso, escuchándolas hablar de lo mismo una y otra vez. Hoy se abría la veda para que pudieran mencionar a Rhys.

Sacudí la cabeza, antes de comenzar a pasarme los dedos por el cabello, para ayudar a que se secara antes. Conforme fueron separándose los mechones, pude manejarlo mejor, aunque los enredos me lo complicaron.

Cuando terminé, dejándome el cabello bien seco, cambié a secarme el bajo de los pantalones y los calcetines. Lyn iba un poco más retrasada que yo.

Ella no dejó de sonreír ni un solo segundo, pensando en lo que había ocurrido en el baño. No necesitaba preguntarle para saber que estaba en lo cierto. Yo la ignoré para quitármelo de la cabeza.

Había sido raro de narices, pero hasta ahí. No iba a perder más el tiempo en los diferentes comportamientos de Rhys. No quería ni pensar en él.

Mientras me secaba los pies, el bajo del pantalón y, por último, las deportivas, me esforcé por dejar la mente en blanco para no agobiarme sin motivo.

Hoy iba a ser un gran día. A partir de este momento iba a mejor. Estuve repitiendo esas palabras en mi cabeza, alternando con una canción que siempre conseguía subirme el ánimo.

De esa manera terminé la misión de estar lo más seca posible.

El pelo era lo que mejor me quedó, seco completamente. El bajo del pantalón lo dejé un poco húmedo, para no retrasarme tanto, pero podía estar perfectamente así.

Los calcetines también estaban secos, aunque se me humedecerían en poco tiempo, ya que el interior de las deportivas necesitaba mucho más que aire caliente de un secador de manos para estar bien.

Pero el conjunto fue bueno y me quedé conforme. Alargué un poco más el tiempo con las deportivas, antes de ponérmelas, esperando a que Lyn terminara.

—Ya estamos divinas otra vez —habló animada.

—Perdona, pero no lo hemos dejado de estar en ningún momento —le dije con un guiño.

Mi amiga soltó una carcajada, mientras nos pasábamos las manos por el pelo, para peinárnoslo lo mejor posible antes de salir del baño.

Había llegado el momento de ir a nuestras zonas de trabajo para comenzar a trabajar. Por fin.