Capítulo 6
Rhys
Veintiocho años.
Apoyado en el lateral del coche de mi amigo, justo contra la puerta del copiloto, levanté la mirada para recorrer con la vista la fachada de vidrio. El sol chocaba con ella, haciendo un efecto brillante bastante hipnotizador.
Estuve varios minutos sin dejar de observarla, mientras esperaba a mi amigo. Drew se había empeñado en acompañarme hasta aquí, a pesar de que no podía hacer mucho más que quedarse fuera.
Era yo el que debía entrar en la empresa que me había contratado, esta vez no para ninguna entrevista ni prueba, sino para formar parte de ella. Por fin había logrado mi objetivo, mi sueño, sin que mi apellido tuviera algo que ver en el proceso.
Me lo había ganado con esfuerzo, trabajo y dedicación. Punto. Todo lo demás me sobraba.
El plan era que Drew me esperaría en la cafetería que había en la otra acera, justo enfrente del edificio. Cuando yo saliera, entonces nos iríamos a comer, ya que me habían citado a la una de la tarde.
Fue una grandísima sorpresa, una muy inesperada, cuando descolgué el teléfono y una mujer preguntó por mí, de parte de la empresa en la que fui pasando todas las entrevistas y pruebas.
Se llamaba Sheena y me dio una gran ilusión cuando me dijo que me habían elegido para formar parte de la empresa, que el trabajo era mío si lo quería.
Obviamente, dije que sí.
Hacía días que perdí la esperanza, ya que no me llamaron cuando me dijeron en la última entrevista que lo harían. Cuando ya daba el trabajo por perdido, todo volvió a comenzar. Y no hubiera habido mejor manera para hacerlo.
Me costaba creer que era verdad, cada vez que pensaba dónde iba a trabajar: en la empresa SISR (Scottish Innovation and Scientific Research).
—Eh… Ya estoy.
Giré la cabeza hacia Drew.
—No te puedo sacar de casa —le dije con diversión.
—Joder, tío, es que no me aguantaba —rio.
Nada más llegar tuvo que ir a la cafetería que yo había mencionado antes, para utilizar el baño. Llegó al límite para aparcar y salir corriendo, por lo que no pudo esperar a que yo entrara en la empresa.
—Quedan unos minutos —comentó.
—No tengo prisa. No voy a adelantarme para esperar arriba. Sé el despacho que es; Sheena me dijo dónde estaba, por lo que solo tengo que subir e ir directamente. Para eso me sobra tiempo.
—Envidio tu calma.
—Estoy nervioso. —Lo miré de reojo—. Pero son unos nervios diferentes porque sé que el trabajo ya es mío. Solo falta que firme el contrato, lo que espero que suceda rápido, y se acabó.
—Qué subidón, tío —sonrió, pero la alegría se borró de su cara—. ¿Has hablado con tu padre?
—No.
—¿Y qué harás cuando se entere?
—Tengo la esperanza de que no se entere.
—Eso es imposible, Rhys. El primero que vea…
—Nadie tiene por qué fijarse —lo interrumpí—. Además, si los de recursos humanos prestan atención a mi apellido, es muy difícil que lo asocien a mi padre.
Me separé del coche, tomando impulso.
—No es un apellido común, pero hay más personas que lo tienen —comenté.
—Esperemos que sea así. —Asintió serio.
—No te preocupes. Yo no lo estoy.
Coloqué una mano en su hombro e hice una ligera presión.
—Me siento feliz por lo que he conseguido y eso no me lo va a quitar nadie —añadí.
—Claro que sí, tío. Te lo mereces.
—Ahora sí que…
Me quedé callado, dejando a medias lo que iba a decir. ¿El motivo? La mujer que salió por la puerta de la empresa. Iba hablando por teléfono, hablando y riendo, sin pararse.
En un principio no me vio, por lo que no me corté en seguirla con la vista y en observarla detenidamente, mientras Drew se daba cuenta de todo.
Se trataba de la misma mujer que me pisó en el ascensor semanas atrás, la que me clavó el tacón de punta de muchos centímetros de alto cuando subíamos a la misma planta. Fue antes de que nos diéramos cuenta de que íbamos al mismo sitio porque ambos haríamos la entrevista de trabajo.
Que saliera a esta hora de la empresa, justo antes de que yo entrara, me hizo pensar que ella también era una de las afortunadas entre los que pasamos la selección de personal.
—Interesante —comenté hablando más bajo.
—¿Quién es? —me preguntó Drew, con mucho interés.
No le respondí porque justo en ese momento la mujer se paró, se quitó el teléfono de la oreja y lo guardó en el bolso. Después de hacerlo, levantó la vista y su mirada se encontró con la mía, en la distancia.
Su sorpresa fue evidente, ya que agrandó los ojos y cambió a una postura más recta, o más bien rígida.
Yo no mostré ningún cambio en la expresión ni en la postura.
Lo único que hice fue mantener la vista en ella, fijamente, lo que pareció intimidarla más.
Miró hacia el edificio y después a mí. Volvió a hacerlo varias veces más, como si no se creyera que yo pudiera estar aquí por el mismo motivo que ella.
—¡Zoe! —dijo alguien en voz alta, llamándola—. ¿Qué haces?
Al igual que la tal Zoe, dirigí la mirada hacia la otra acera, donde encontré a otra mujer sonriente, mirando hacia… Zoe. Ya sabía su nombre.
—Voy —respondió Zoe.
Cuando quise volver a mirarla, ya estaba cruzando la calle. Al llegar junto a la que la había llamado, la abrazó, antes de entrar en la cafetería.
Pude ver que se sentaban a una mesa donde había otra mujer que no tuve problema en reconocer. También se presentó a las entrevistas de la empresa y las fue pasando, por lo que me pregunté si ella había estado dentro del edificio antes que Zoe.
No sabía su nombre, ya que en todas las veces que coincidí con ambas dentro de la empresa, para lo mismo, a mí siempre me llamaron primero, por lo que no escuché a nadie llamarlas.
—¿Vas a decirme quiénes son? —me preguntó Drew, al haberse fijado en todo, como yo.
—Dos de ellas pasaron las entrevistas conmigo —contesté, pensativo—.
La que estaba en la otra acera, fuera de la cafetería, no tengo ni idea.
Está claro que son amigas. Y la que ha salido de la empresa…
—Me giré hacia mi amigo—. Te hablé de ella el primer día que vine a la primera entrevista. Es la que me pisó en el ascensor.
Me miró con sorpresa, pero esta le duró poco cuando soltó una carcajada.
—Joder, tío. Pues parece que vas a continuar viéndola —carraspeó.
Tuvo el mismo pensamiento que yo.
—Pinta muy interesante —dijo con diversión.
Arqueé una ceja, lo que provocó que volviera a reír.
Negué con la cabeza y comencé a caminar hacia la entrada del edificio, en la que me giré cuando Drew me llamó.
—Te espero en la cafetería —me dijo, alzando la voz.
Asentí y cuando me quise dar cuenta, la mirada se me fue sola hacia la cristalera de la cafetería. Sonreí de medio lado, pero fue tan sutil que Zoe se diera cuenta del cambio en mi expresión.
De lo que sí se dio cuenta fue de que la pillé observándome, a mí y a lo que hacía entrando al edificio, por lo que desvió rápido la mirada.
Satisfecho con la situación y el descubrimiento, entré en el edificio y me dirigí a la recepción. Aunque sabía hacia dónde tenía que dirigirme, primero debía informar a la chica de la recepción. Así lo hice y entonces fui directo hacia el ascensor.
Subí con una mujer y un hombre. Cada uno iba a lo suyo.
Al salir en la planta en la que estaba el despacho de Sheena, comencé a recorrerla, para ir hasta el pasillo que daba acceso a los despachos. Para mi sorpresa, me encontré con otra cara conocida, saliendo de una de las puertas.
—Eh… Rhys —me dijo Brad, con ilusión.
Él también pasó por el proceso de selección, por lo que si estaba aquí era buena señal. Eso fue lo que pensé al principio, pero al fijarme en que no había salido del despacho de Sheena, dudé del motivo que lo había traído de nuevo a la empresa.
No quise meter la pata, por lo que no saqué el tema.
—Me alegro de verte otra vez, Brad.
—Y yo, tío —habló acercándose a mí—. Dime que has venido porque te han elegido.
Por cómo lo dijo…
—Sí —le confirmé—. ¿Y a ti?
—Joder, a mí también —rio y sonreí.
—Enhorabuena —dijimos al unísono.
—¿No te has reunido con Sheena? —le pregunté con curiosidad.
—No. Me llamó ella para decirme que era uno de los elegidos, pero en ese momento me comentó que hoy me recibiría un compañero suyo, ya que debían repartirse el trabajo entre todos los elegidos.
Por lo visto, tuvieron algún problemilla que les retrasó las contrataciones y quieren dejarlo cerrado todo hoy.
—Perfecto, entonces. —Asentí.
—Yo me voy ya, pero nos veremos pronto —dijo muy animado—. Es agradable coincidir con una cara conocida el primer día.
—La verdad es que sí —comenté—. Nos vemos, que no quiero llegar tarde.
—Sí, sí… Perdona. Celébralo a lo grande hoy; yo voy a hacerlo. —Me hizo un guiño.
—Por supuesto —sonreí de medio lado.
Brad y yo nos despedimos con un abrazo rápido y en cuanto se alejó unos pasos, seguí mi camino hasta el despacho de Sheena.
Me alegraba por Brad. Era un buen tío y por lo que me contó una de las veces que coincidimos durante el proceso de selección, necesitaba mucho el trabajo.
Sonreí porque todo estaba saliendo genial, incluso lo de la mujer del ascensor y el pisotón, Zoe.