La provocación del escocés Capítulo 4
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Capítulo 4

Tres semanas y media más tarde…

—¿Por qué no llamas a Lyn para decirle que se una a nosotras? —me preguntó Noa.

—He hablado con ella esta mañana y me ha dicho que por la tarde estaría liada con su madre, acompañándola a unas compras.

—Pero son las siete, lo mismo ya ha terminado y se anima a tomarse unas cervezas y a cenar unas tapas aquí mismo.

Sonreí, al mismo tiempo que sentí.

—¿Y por qué se lo preguntas tú, en vez de mandármelo a mí? —Quise saber, con diversión.

—Porque yo hoy estoy en plan muy vago.

Reímos.

Cogí el móvil del bolso, lo desbloqueé y entré en la aplicación de mensajes, para enviarle unos cuantos a Lyn.

Zoe: Hola, preciosa.

Zoe: ¿Qué tal va la tarde?

Zoe: Estoy con Noa en la terraza de un bar en el que dentro de poco pondrán en la entrada una placa con nuestros nombres. Por lo mucho que venimos. Ja, ja, ja…

Zoe: Estábamos preguntándonos si ya habrías terminado con tu madre.

Zoe: Si es que sí, ¿te apetece venir con nosotras? El plan es tomarnos unas cervezas y picotear unas tapas, en este mismo bar. Hacen unas increíbles y están de vicio.

Zoe: ¿Te apuntas? Si todavía estás con tu madre puedes venir cuando te despidas de ella.

Zoe: Ya me dices. Un besazo, preciosa.

—Ya está —le dije a Noa, colocando el móvil en la mesa.

—Guay.

Noe y Lyn se conocían desde hacía tres semanas, aproximadamente. Tardamos poco en vernos las tres, para presentarlas. Nuestra primera tarde juntas fue muy divertida; nos lo pasamos muy bien.

Mi mejor amiga y mi recién estrenada amiga encajaron perfectamente y se llevaron genial desde el principio. Era lo que esperaba que sucediera, llegado el momento.

Desde esa primera vez, Lyn se había integrado sin problema en nuestro grupo reducido de amigas. En la aplicación de mensajes teníamos un grupo en el que estábamos las tres, de ahí mi pregunta a Noa de por qué no le hablaba ella a Lyn por mensaje.

No había día que no nos escribiéramos. Nuestra relación de amistad estaba asentándose de maravilla. En el tiempo que había pasado nos habíamos ido conociendo y bastante bien, ya que siempre que podíamos quedábamos para vernos.

Lyn ya había estado varias veces en el piso que Noa y yo compartíamos. La primera vez vino porque la invitamos a cenar y se quedó a dormir.

Aparte, Lyn y yo nos vimos más veces, al tener que volver otros días a la empresa en la que nos conocimos. Tuvimos suerte y ambas continuamos en el proceso de selección, para los trabajos que queríamos conseguir.

Porque sí, pasamos por todas las entrevistas hasta que llegamos al final, lo que nos mantuvo emocionadas y bastante nerviosas. Pero eso ya era historia pasada.

Mi nueva amiga apareció al cabo de unos minutos, respondiendo a mis mensajes. El sonido de los suyos comenzó a sonar en el móvil de Noa y el mío. Cogí mi teléfono para saber qué había contestado y Noa hizo lo mismo, olvidándose de la vaguería.

Lyn: ¡Hola, Zoe! Estoy con mi madre en el coche; acabamos de salir de la última tienda. Se acabó por hoy el ir de un lado a otro.

Lyn: Me apunto al plan. Me apetece mucho.

Lyn: Dime dónde estáis y le pido a mi madre que me lleve ahora hacia allí.

Zoe: ¡Genial! Te envío la ubicación del bar, ¿vale?

Lyn: Claro.

Así lo hice. En el siguiente mensaje le envié la ubicación.

Lyn: Lo tengo. Mi madre dice que, si hay buen tráfico, llegaremos en unos doce minutos, aproximadamente.

Zoe: No hay prisa, tranquilas. Saluda a tu madre de nuestra parte.

Lyn: Vale, ya vamos para allá. Mi madre os devuelve el saludo.

Lyn: Oye… ¿Por qué no escribe Noa? Nos está leyendo.

Zoe: Ja, ja, ja… Esta tarde su respuesta para todo lo que suponga un esfuerzo, por mínimo que sea, es: porque está muy vaga. ¿Qué te parece? Con leernos tiene suficiente, más que nada porque le parece bien lo que decimos.

Lyn: Ja, ja, ja… ¿Lo de vaga también se extiende a no tener ganas de coger su vaso de cerveza para beber, ni para comer?

Noa: Eh, eh… ¡No os paséis! Que lo de beber y comer no me lo quita nadie, y menos un viernes por la noche.

Zoe: Ja, ja, ja… Mira qué rápido ha aparecido. Ja, ja, ja…

Lyn: Ja, ja, ja…

Lyn: Ahora nos vemos.

Zoe: Hasta ahora.

Noa: Ya estás tardandooo….

Lyn: Ja, ja, ja…

—Carlos, guapo —llamó Noa a uno de los camareros.

Él se acercó sonriente.

—Dime, preciosa.

—Tráenos otra ronda y unas patatas de bolsa con unas olivas. ¡No seas soso!

Él rio.

—Soy todo lo soso que tu cartera no pueda pagar —le dijo con un guiño.

—Serás… —Bufó Noa—. No tienes que preocuparte por nada porque, para empezar, me he dejado la cartera en el piso, por lo que pagará mi querida amiga Zoe. Y sabes que ella nunca falla.

Carlos me miró y volvió a reír.

—¿Va en serio? —le pregunté—. Espero que no, porque te recuerdo que de las dos eres la que tiene un sueldazo. El mío da para lo justo que tengo que pagar —dije a modo de queja, pero con diversión.

—¿Hoy tienes fiesta? —me preguntó Carlos.

—Sí —le confirmé, sonriendo—. Mañana y pasado también. Necesitaba un pequeño descanso y, como he acumulado algunos días libres… Todavía me quedan varios.

—Es genial —dijo devolviéndome la sonrisa—. Te mereces un buen descanso.

—Anda… ¿Y yo? —habló Noa.

—Tú trabajas de ocho de la mañana a tres de la tarde, de lunes a viernes. Tienes tu propio despacho y la mayor parte del tiempo estás sentada, aburrida o yendo por cafés, que nos conocemos. Así que no esperes que te diga lo mismo —dijo Carlos, conteniendo la risa.

—¡Eso ha sido un golpe bajo! —exclamó Noa, con un jadeo—. ¡Y encima estoy sin cerveza! —se hizo más la ofendida.

Carlos soltó una carcajada.

—Eso, es una realidad —intervine, sonriendo de medio lado—. Anda, tráenos las cervezas, las patatas y las olivas, antes de que empiece a salirle uno de la cabeza —le pedí a Carlos, señalando a Noa.

—Serás… —Se quejó mi amiga, pero riendo.

De esa manera también se alejó nuestro camarero de confianza.

Nos llevábamos muy bien con todos los que trabajaban en el bar y con el dueño, que aparecía de vez en cuando por su negocio, ya que confiaba muchísimo en sus trabajadores. Eran como una gran familia que se llevaba estupendamente.

Pero entre los camareros que había, Carlos era nuestro favorito. De ahí que con él tuviéramos una conexión más especial y pudiéramos hablar de todo. Nos considerábamos amigos y el tiempo nos lo había demostrado.

—¡Chicas!

Al escuchar a Lyn, sonreímos y la buscamos con la mirada. Se acercaba a nosotras con una sonrisa de oreja a oreja.

—Hola, preciosa —la saludé, levantándome de la silla.

Nos dimos un abrazo y un beso, al igual que hicieron Noa y ella.

—Ya veo que vas animándote. Te has levantado de la silla —le dijo Lyn a Noa.

Soltamos una carcajada y riendo, nos sentamos en las sillas.

—Ya veo que voy a tener que volver —dijo Carlos, cargado con una bandeja.

Noa y yo asentimos y después reímos.

—Hola —saludó Lyn a Carlos.

—Hola —le correspondió él—. Digan lo que digan de mí estas mujeres, no les hagas caso —le pidió con un guiño.

Lyn rio, mientras que Noa no tardó en saltar para quejarse. Eso provocó que Carlos riera.

Él nos dejó los vasos de cerveza en la mesa, junto con el plato de patatas de bolsa y un bol con olivas.

—Ella es Lyn, una amiga. Él es nuestro camarero favorito, Carlos, y también un amigo —los presenté.

—Encantado, preciosa.

—Igualmente —le sonrió ella.

—¿Qué te apetece tomar?

—Una cerveza está bien.

—Estupendo. Enseguida vuelvo. —Le hizo un guiño.

—Es guapo, ¿eh? —le preguntó Noa a Lyn.

Cogí mi vaso de cerveza y me lo llevé a los labios, sonriendo al ver cómo Lyn se ruborizó.

—Lo es —contestó confirmándolo.

—Es que tenemos muy buen ojo para elegir camarero —rio Noa.

Iba a hablar, pero mi móvil comenzó a sonar encima de la mesa y lo cogí, sin saber quién me llamaba. No reconocí el número.

—Hola —dije al descolgar—. ¿Quién es?

—Hola. ¿Zoe Marín?

—Sí. Soy yo.

Fruncí el ceño.

—Te llamo de la empresa SISR, por las entrevistas y pruebas que pasaste del proceso de selección de personal.

Por unos segundos me quedé paralizada, ya que no me esperaba esta llamada.

Hacía un poco más de una semana, en la última entrevista que hice, me dijeron que, si en un par de días no se ponían en contacto conmigo, era porque no había sido elegida.

A pesar de la ilusión que nos provocó a Lyn y a mí llegar hasta el final del proceso de selección, os podéis imaginar el desánimo que se nos vino encima cuando pasó el plazo para la llamada que hubiera cambiado nuestras vidas. Llamada que ninguna de las dos recibimos.

—Eh, sí. Perdón, es que no esperaba esta llamada —me disculpé con la mujer, por mi silencio prolongado.

Miré a mis amigas con los ojos abiertos al máximo. Ellas me observaban muy atentas y cuando moví los labios diciendo sin voz el nombre de la empresa, la primera en jadear fue Lyn. Se tapó la boca, tan sorprendida como yo, y después miró a Noa, para susurrarle con quién estaba hablando.