La prometida del campeón (Falsos prometidos multimillonarios nº 2) SAMANTHA #2
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SAMANTHA #2

Me siento como una idiota.

Debería haber confiado en él. Debería haber sabido que solo con su nombre y su cara la empresa haría maravillas.

Todavía me resulta extraño que la gente mire a Dom y vea a una superestrella famosa. Cuando yo lo miro, no veo a un jugador de fútbol americano famoso.

Veo al chico que solía dormir en el sofá de mi salón. Al que se pasaba la noche jugando a videojuegos y se comía todo lo que había en casa. Veo al chico que me cogía en brazos y me tiraba a la piscina.

Veo al tío que me quitó la virginidad.

Alguien llama a la puerta. —Adelante.

La puerta se abre y entra Dom. —¿Estás ocupada?

Niego con la cabeza. —No. ¿Qué pasa?

—Voy a hacer la cata final de la nueva línea de productos. He pensado que podrías acompañarme.

Parece que está poniendo fin a la ley del hielo, y si esa fue su forma de castigarme por cómo me comporté, tengo que admitir que funcionó.

Abro los ojos de par en par. —¿Quieres que vaya?

Asiente. —Quiero la opinión de otra persona.

No puedo evitar sonreír mientras asiento. —Me encantaría.

El corazón me da un vuelco de emoción. Es la primera vez que me pide ayuda desde que se hizo cargo de la empresa.

Esta es mi oportunidad de demostrar lo que valgo, de mostrarle que puede confiar en mí.

Puedo ser una parte esencial de su equipo, pero no quiero ser una más: quiero ser su mano derecha, su persona de confianza.

Quiero ser a quien recurra cuando las cosas se pongan difíciles, a quien confíe las tareas y decisiones importantes.

Quiero contribuir activamente al éxito de la empresa y ser parte fundamental de su crecimiento, no limitarme a calentar la silla.

Compórtate, Samantha, me advierto.

Esta invitación a la cata es mi oportunidad de oro, y no pienso dejarla escapar.

Me hace un gesto para que lo acompañe y me levanto del asiento para seguirlo hasta la sala de conferencias.

Ya hay un grupo de personas dentro preparándolo todo.

—Preparen dos de todo —les dice Dom. Se sienta a la cabecera de la mesa y me hace un gesto para que me siente a su lado.

Obedezco y enseguida nos traen dos bebidas.

Un momento después, el encargado de la cata se adelanta.

—Buenas tardes. Me llamo Alexander Brooks, y es un honor guiarle en esta estimulante exploración de salud y bienestar, Sr. Young. Se nota que está profundamente comprometido con ofrecer opciones nutritivas de máxima calidad a sus clientes.

Dom asiente. —Estoy deseando colaborar estrechamente con usted en este proyecto —dice con calidez.

—El placer es mío, señor. Aquí tiene agua por si desea limpiar el paladar entre degustaciones. Este es nuestro primer producto. Es nuestra nueva bebida deportiva con vitaminas y minerales añadidos para mejorar la hidratación y la energía —explica Alexander.

Dom y yo cogemos el pequeño vaso de plástico lleno de un líquido rosa claro. Él levanta el vaso hacia mí y yo hago lo mismo antes de dar un sorbo. Para mi sorpresa, está muy bueno. Es una mezcla de fresa y limonada con solo un toque de piña. Dulce pero ácido, refrescante.

Dom sonríe y me mira. —¿Y bien?

Asiento. —Está bueno. Me gusta.

—A mí también. —Aparta el vaso—. Este queda aprobado para el mercado —les dice, y otra persona toma nota.

—Esta es la misma bebida, pero con sabor a arándano y limonada —indica Alexander.

Probamos la bebida y está igual de buena que la anterior. Queda aprobada.

Hay una bebida más, llamada Brisa Hawaiana. Es una mezcla de agua de coco, piña y kiwi. Arrugo la nariz al beberla; es como si hubiera dado un trago de protector solar.

—Esa no me gusta.

—A mí tampoco —coincide Dom, y ese sabor se elimina del menú.

Pasamos a los aperitivos y aprobamos la mayoría.

Para mi sorpresa, Dom escucha lo que tengo que decir sobre todos los productos.

Tiene en cuenta mis notas y les da a los equipos de desarrollo ideas sobre cómo mejorar los productos o si deberían descartarlos por completo.

Al final de la degustación, siento que me han escuchado. Escuchó y tuvo en cuenta mis opiniones.

Es extraño, pero casi me siento reconocida.

Recibir la atención plena de Dom es algo que nunca había experimentado.

Es emocionante y desconcertante a la vez, y me deja con una mezcla abrumadora de emociones que no logro comprender del todo, consciente de los límites que debemos mantener.

Cuando salgo de esa sala de conferencias, me siento más ligera, como si me hubieran quitado un peso de encima.

—Gracias por acompañarme a esa reunión.

Asiento mientras volvemos a nuestras oficinas. —Me gusta, quiero decir, formar parte del proceso.

Me sonríe. —Supongo que tendremos que añadir catadora a tu lista de funciones entonces.

Me río. —Siempre y cuando eso también valga para probadora de productos cuando salga la línea de ropa —bromeo—. Yo siempre estoy dispuesta a ponerme unos pantalones de yoga.