La Promesa en Cayo Levantado (El Banco de la Medianoche nº 2) Una gran aventura nos llama
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Una gran aventura nos llama

Finalmente llegaron las siete de la mañana.

Para entonces, Camila y Amelia ya tenían preparado su equipaje de mano. Habían entregado los cuatriciclos en la agencia de alquiler y estaban listas para seguir explorando la costa norte.

Antes de partir, decidieron pasar por el restaurante para despedirse de doña Nina.

La hospitalaria mujer las recibió con el mismo cariño de siempre.

—Vuelvan pronto, muchachas. No se me vayan a perder por esos caminos.

Luego sonrió con curiosidad.

—Y cuéntenme… ¿para dónde van hoy?

Camila se acomodó las gafas de sol antes de responder.

—La verdad es que no tenemos un destino fijo. Lo único que sabemos es que vamos a recorrer la costa hasta que el sol decida esconderse.

—¡Ay, mi hija! Esa sí es una aventura de verdad —celebró doña Nina—. Que Dios me las acompañe y les regale un viaje hermoso.

Las dos salieron del restaurante con una emoción difícil de disimular.

Afuera las esperaban Andrés —a quien doña Nina ya llamaba con total naturalidad «el vecino»— y el Poeta, apoyado junto al vehículo alquilado mientras observaba la carretera que se perdía entre las montañas.

Cuando terminaron de acomodar las maletas en el baúl, los cuatro ocuparon sus asientos.

El Poeta encendió el motor.

Durante un instante contempló la línea donde el cielo parecía fundirse con el Atlántico.

Sonrió.

—Vamos…

Miró a sus compañeros uno por uno.

—Tengo la impresión de que hoy será uno de esos días que nunca se olvidan.

El vehículo comenzó a rodar por la carretera.