La Promesa en Cayo Levantado (El Banco de la Medianoche nº 2) ¿Qué lo qué, Caribe?
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¿Qué lo qué, Caribe?

Mientras tanto… ¡en un rincón paradisíaco del Caribe!

Gaia y Electra estaban a punto de hacer su primera gran salida oficial del hotel.

Hasta ese momento todo marchaba a pedir de boca.

En apenas dos días encerradas en la suite habían aprendido lo suficiente para hablar, gesticular y comunicarse con total fluidez utilizando el dialecto y los modismos de los nativos.

Gracias al televisor de la habitación ya sabían qué era la bachata, qué era el dembow y, lo más importante, qué platos típicos pedir cuando se sentaran en un restaurante frente al mar.

Las dos se habían pasado las últimas cuarenta y ocho horas pegadas a la pantalla, absorbiendo con entusiasmo la cultura popular de la isla.

Salieron con elegancia al lobby y, moviéndose con absoluta naturalidad, como si hubieran nacido allí, Gaia se acercó al mostrador de recepción y, con una sonrisa radiante, dijo:

—Oiga, ¿qué lo qué? ¿Me llama un taxi, por favor? ¡Hoy quiero darme un buen chapuzón en la playa!

La recepcionista la recorrió con la mirada, impactada por el contraste entre la espectacular belleza de la pelirroja y aquel inesperado lenguaje callejero.

«¿Y esta muchacha de dónde carajos salió?», pensó para sus adentros.

Aun así, conservó su sonrisa profesional.

—Con mucho gusto, señorita Camila. Enseguida se lo solicito.

Electra, que para su avatar de Amelia había adoptado una personalidad mucho más relajada, fiestera y coloquial, comenzó a abanicarse con la mano.

—¡El fuete! ¡Qué calor tan criminal hace aquí en la Tierra!

La escena tenía una ironía que nadie alrededor podía comprender, pues eran precisamente ellas quienes, desde el firmamento, ayudaban a producir y regular ese mismo calor.

Minutos después, abordaron el taxi.

Mientras el vehículo se alejaba del hotel, las dos contemplaban cada rincón con la emoción de quien descubre un mundo nuevo: el verde intenso de las montañas, el azul imposible del mar asomándose entre los edificios y ese aire caliente y dulce que solo existe en el Caribe.