¿Dónde está mi estrella?
Habían pasado varias noches, y la estrella que despertaba algo tan profundo en las fibras del Banco continuaba sin aparecer.
Al llegar al rincón del parque, el Poeta encontró al Banco con la mirada clavada en el infinito. La madera temía que su amor platónico hubiese enfermado en algún rincón del cosmos.
Finalmente, el Poeta se acercó.
—¿Qué te pasa, mi querido amigo?
—¿Qué otra cosa, aparte de ti, podría preocuparme tanto? —respondió el Banco con un crujido triste.
—¿Te refieres a tu novia?
—¡Poeta, por favor, no seas fresco! —lo reprendió la caoba—. ¿Y ahora cómo se supone que debo llamarla? Ya no puedes decirle Gaia. Tú mismo me armaste un tremendo enredo con ese nombre.
—Ni me lo recuerdes, Banco… —suspiró el escritor, llevándose una mano a la frente—. Cada vez que pienso en ese lío se me revuelve hasta el alma. Pero, hablando en serio… hay algo que también me preocupa.
—¿Qué es?
—Mira otra vez el cielo.
El Banco levantó la vista.
—Es verdad…
Guardó silencio.
—No está ninguna de las dos.
—Exactamente. Ya son varias noches consecutivas. Eso sí empieza a ser extraño.
—¿Será que están enfermas? —preguntó el Banco con un hilo de voz.
—No lo creo. Las estrellas no se enferman así de repente.
De pronto, el Poeta abrió los ojos con sobresalto.
—¡Dios mío!
—¿Qué pasa?
—¿Y si…?
—¿Y si qué?
—¿Y si un hoyo negro se las tragó?
Al Banco casi se le paraliza la madera entera.
Todas sus fibras de caoba comenzaron a temblar y hasta los tornillos crujieron del susto.
—¡No, Poeta! ¡No digas eso! ¡Se me fue mi estrella para siempre!
—Banco, tranquilo. No saquemos conclusiones antes de tiempo. Vamos a pensar con calma.
La madera respiró hondo.
—¿Y no podrías llamar a su centro de trabajo para averiguar qué pasó?
El Poeta abrió la libreta mística.
—¡Banco! Esa sí es una excelente idea.
Comenzó a trazar varias coordenadas universales en el aire mientras esperaba que la comunicación atravesara las galaxias.
Pocos segundos después, una voz femenina respondió.
—Aló. Recursos Cósmicos Laborales. Muy buenas noches. ¿En qué podemos servirle?
—Muy buenas noches —respondió el Poeta con educación—. Le hablo desde el planeta Tierra. Quisiera reportar una anomalía que llevamos varias noches observando.
—¿Cuál sería esa anomalía?
—En la constelación de las Pléyades faltan exactamente dos estrellas durante la guardia nocturna. Quisiera saber si podrían informarme dónde se encuentran.
—Lo siento, señor, pero esa información es confidencial y no podemos suministrarla por vía telefónica.
El Poeta sonrió.
—Bueno… eso de desconocido podemos resolverlo fácilmente.
La funcionaria esperó.
—Mi nombre es Poeta.
Del otro lado de la línea se hizo un silencio absoluto.
Luego se escuchó un pequeño grito.
—¿¡Usted es… EL Poeta!?
—Sí… el mismo.
La voz perdió por completo toda formalidad.
—¡Dios mío del universo! ¡Soy su admiradora número uno! ¡Tengo poemas suyos por toda mi habitación! ¡Usted es mi héroe galáctico! ¡Me encantan sus escritos sobre el amor y el infinito!
El Poeta sonrió con cierta vergüenza.
—Muchísimas gracias… de verdad se lo agradezco. Pero quería preguntarle…
—¡Ay, no se preocupe! Ya estamos entre conocidos.
—Sí… pero, volviendo al tema, ¿podría decirme dónde están esas dos estrellas?
La funcionaria carraspeó y recuperó, como pudo, el tono profesional.
—Lamentablemente no puedo darle esa información.
—Entiendo.
Hizo una pausa.
—Entonces dígame solamente una cosa.
—¿Cuál?
—¿Están enfermas?
—No.
—¿Se las tragó un hoyo negro?
—Muchísimo menos. Las dos están perfectamente bien.
El Poeta sonrió aliviado.
—Eso era todo lo que necesitaba saber. Muchísimas gracias por su atención. Que tenga una excelente noche.
—¡Espere, señor Poeta! ¡No cuelgue todavía!
—¿Sí?
La secretaria bajó la voz.
—Una preguntita de fanática…
—Dígame.
—¿Usted tiene novia?
El Poeta abrió los ojos de par en par.
Sin pensarlo dos veces, cortó la comunicación.
—¡¡¡HASTA LUEGO, SEÑORITA!!!
Guardó apresuradamente el aparato místico en el bolsillo.
El Banco lo observaba con los clavos torcidos por la intriga.
—Poeta…
—¿Sí?
—Creo que acabas de romperle el corazón a otra estrella.