Respeten al Poeta
Ahora sí, el Poeta regresó a su hogar y, al entrar en la habitación, lo recibió su más fiel y constante amiga.
—¡Buenas noches, Poeta! —lo saludó la Señora Sábana con un roce suave.
—¡Buenas noches, Señora Sábana! ¿Cómo ha pasado su día? —preguntó el escritor mientras se desabrochaba la camisa.
—Como siempre… Ha sido un día largo. Usted sabe bien que mis hilos suelen ser, a veces, un tanto difíciles de controlar.
—Pues la verdad es que no sé a quién salieron —sonrió el Poeta mientras se acomodaba sobre el colchón—. Usted, en cambio, está llena de una ternura infinita y transmite una paz inigualable. Hace que mis noches sean mucho más tranquilas y reparadoras.
—Es mi trabajo, señor —respondió la Señora Sábana, extendiéndose sobre él—. Ayudarle a descansar es mi mayor orgullo.
—Gracias, Señora Sábana. La verdad es que usted me da tanto que ni siquiera sabría cómo agradecerle.
—Con el simple hecho de dejarme hacer mi trabajo soy más que feliz, mi Poeta.
El escritor se envolvió entre el tejido y cerró los ojos con alivio, ajeno a los murmullos que comenzaban a recorrer los bordes de la cama.
—«Ahí viene este embustero a ilusionar a nuestra madre otra vez…» —murmuraron los hilos desde el dobladillo inferior—. «No veo el día en que este Poeta…».
—¿De qué están hablando ustedes dos? —los interrumpió la Señora Sábana, tensando ligeramente sus costuras.
—¡De nada, mamá! —respondió el hilo principal con fingida inocencia—. Solo decíamos que el señor Poeta nos cae muy bien.
—Ah, bueno… Más les vale, porque ustedes tienen la obligación de respetar al Poeta.
—¿Respetarlo? ¿Al Poeta? —replicaron las fibras, todavía rebeldes.
—¡Sí, respetarlo! —sentenció ella con firmeza—. El Poeta es muy bueno con todos nosotros. Nos brinda un hogar cálido y seguro, donde cada noche podemos cumplir nuestro propósito. ¿Acaso eso no vale nada?
Los hilos guardaron silencio.
Se miraron unos a otros a través del tejido.
El hilo principal terminó murmurando para sí:
—«A veces queremos llevarle la contraria por puro orgullo… pero la verdad es que mamá tiene toda la razón.»
El Poeta durmió profundamente aquella noche.
Y, como hacía cada día, la Señora Sábana permaneció despierta en la oscuridad, velando sus sueños con absoluta devoción.