La Promesa en Cayo Levantado (El Banco de la Medianoche nº 2) Mis fibras de caoba
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Mis fibras de caoba

Pasaban las horas y las estrellas seguían sin aparecer en ningún rincón del firmamento. En su ausencia, lo único que crecía era un torbellino de conjeturas.

—¿Qué les habrá pasado? ¿Estarán enfermas? —se lamentó el Banco, crujiendo de angustia—. ¡Por mis clavos, Poeta, que de los nervios ya me estoy comiendo mis propias fibras de caoba! Estoy verdaderamente preocupado.

—Banco, tranquilo… —dijo el Poeta, dándole una palmada en el respaldo—. A lo mejor simplemente se les hizo tarde. Tú sabes perfectamente que siempre andan metidas en los asuntos cósmicos y quizá perdieron la noción del tiempo.

—¿Tú de verdad crees eso?

—¡No solo lo creo! Estoy seguro. Esas dos son unas fichas bien conocidas en todo el universo.

El Banco crujió con firmeza.

—¡¡¡Poeta!!!

El escritor bajó la mirada.

—Tienes razón…

—¿Recuerdas de qué hablamos el otro día? No las conoces de verdad. Estás volviendo a juzgarlas a la ligera.

El Poeta se pasó una mano por el rostro.

—Discúlpame, Banco. Mala mía. A veces se me olvida activar el filtro entre el cerebro y la boca. Tú sabes cómo somos los caribeños.

—¡Sí, vaya que lo sé! —replicó la madera con ironía—. A los caribeños los conozco de sobra. Tengo el dudoso privilegio de que uno de ellos se sienta en mí casi todas las noches desde que tenía catorce años.

El Poeta soltó una carcajada.

—Te volviste bastante gracioso, Banco. Ya lo verás. Mañana por la noche estarán ahí, titilando como si nada.

Hizo una pausa.

—Me voy a casa a dormir un rato. Mañana temprano quiero visitar a mi gran amiga Primavera. Tengo curiosidad por saber cómo le están yendo sus vacaciones terrenales.

—Está bien, Poeta. Ve a descansar. Aquí te esperaré, como siempre.

El Poeta se alejó bajo la penumbra.

El Banco permaneció solo en su rincón de Kansas, con la vista clavada en el firmamento.

Escudriñó una y otra vez la inmensidad del cielo, esperando descubrir, aunque fuera por un instante, el más tenue rastro luminoso de sus dos estrellas ausentes.