Las cinco hermanas
—¡Banco! Qué hermosa está la noche hoy. ¿No lo has notado? —comentó el Poeta, contemplando el firmamento con las manos en los bolsillos.
—Está preciosa, Poeta.
—Las noches así siempre me inspiran. ¿Sientes esa brisa?
Tiene el olor inconfundible del verano. Y lo que más me fascina es que, en este pueblo tan tranquilo, no hay una sola luz de neón que opaque el cielo.
No hay ruidos molestos ni coches transitando.
Solo los grillos y las ranas nos hacen compañía, mientras los peces y las tortugas del estanque esperan pacientemente que les tire este trozo de pan que traje conmigo. ¿No te parece un paisaje hermoso?
—Pues sí… vaya que lo es —asintió el Banco, disfrutando de la calma—. Pero, cambiando de tema… ¿no se supone que ibas a hablar con Gaia esta misma noche para invitarla a ese café?
—¡Oh, sí! Es verdad —reaccionó el Poeta, enderezándose—. Miremos hacia las Pléyades. Vamos a ver si esa…
El Banco crujió con fuerza.
—¡¡¡Poeta!!!
El Poeta sonrió con vergüenza.
—Perdón, Banco… de verdad. Es la mala costumbre.
Entornó los ojos para enfocar el cúmulo estelar.
De pronto, el Banco volvió a sacudirse.
—Poeta… ¿ya miraste bien?
—¿Qué pasa?
—Mira con atención. Normalmente en ese cúmulo se distinguen las siete hermanas… Hoy solo hay cinco.
El Poeta guardó silencio.
Aguzó la vista hacia el firmamento y sintió un frío repentino recorrerle la nuca.
—Pues sí… —murmuró, estupefacto—. Jamás había visto algo parecido.
—Y lo más preocupante es que las dos ausentes son, precisamente, Gaia y Electra —dijo el Banco, mientras el nerviosismo comenzaba a apoderarse de sus vetas—. ¿Qué les habrá pasado? ¿Habías visto alguna vez un fenómeno así?
—No, Banco. En todos mis años observando el cosmos, nunca había ocurrido una desaparición semejante.
—¿Les habrá pasado algo grave? —susurró el Banco.
Sus clavos comenzaron a enfriarse por la preocupación.
Los dos permanecieron inmóviles bajo la penumbra de Kansas.
Miraban una y otra vez hacia el infinito.
No había error posible.
En el mapa eterno del cielo nocturno solo quedaban cinco luces titilando, dejando dos profundos espacios vacíos donde antes había hogar.