¡A la República Dominicana!
Las dos estrellas llegaron al mall galáctico y quedaron fascinadas con los bikinis que brillaban en las vitrinas, así como con todos los accesorios terrestres que necesitarían durante su estadía.
Sin embargo, todavía quedaba una última incógnita: el avatar humano de Electra.
A diferencia de Gaia, ella aún no tenía todos los detalles resueltos. Lo único que sabía era que quería hacer un cambio radical.
—Quiero verme diferente a como soy aquí arriba —dijo con una sonrisa desafiante—.
Quiero transmitir confianza, un poquito de arrogancia, mucho atrevimiento y una seguridad absoluta en mí misma.
Quiero llegar a cualquier lugar y que la gente sienta que vine a disfrutar la vida.
Nada de la Electra de siempre… ¡Que nadie me reconozca allá abajo!
Gaia la observó con sorpresa.
—¿Estás segura de eso?
—Pues claro. Vamos a invertir los papeles por completo, solo para ver qué se siente.
Gaia soltó una carcajada.
—Me encanta esa idea. ¿Lista entonces?
—Llegó la hora de transformarnos.
—¡Espera! —la detuvo Gaia por un instante—. Si ya tenemos los cuerpos listos y vamos directo para el Caribe… ¿exactamente a qué lugar vamos a llegar?
Electra la miró como si la respuesta fuera la más obvia de todo el universo.
—¡Obvio! A donde van las verdaderas estrellas.
Gaia arqueó una ceja.
—¿Y eso dónde es?
Electra abrió los brazos con entusiasmo.
—¡A la República Dominicana! ¿A dónde más?