La Promesa en Cayo Levantado (El Banco de la Medianoche nº 2) ¡Nos vamos pal Caribe!
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¡Nos vamos pal Caribe!

Ya todo estaba en perfecto orden. Electra había hablado con el Sol y Gaia había hecho lo propio con su padre. Los últimos preparativos de la gran escapada ya estaban en marcha.

—¡Gaia! ¿Hablaste por fin con tu padre? —preguntó Electra, llegando a toda prisa—. ¿Ya nos dio el permiso? ¿Nos vamos oficialmente para el Caribe?

—¡Ay, qué rico! ¡Sí! ¡Nos vamos de vacaciones pal Caribe! —exclamó Gaia, dando un salto de alegría.

—¿Y tú hablaste con el Sol?

—Sí. Tú sabes que es fácil de convencer… Solo hay que endulzarlo un poquito.

—Bueno, ¿y ahora qué hacemos?

—¡Nos vamos de compras para el mall! —sentenció Gaia, con los ojos brillándole de entusiasmo—.

Vi unos bikinis y unas piezas de baño que me encantaron.

Tú sabes que no podemos perder el glamour bajo ninguna circunstancia.

Recuerda que somos estrellas… aunque yo soy, y recuérdalo siempre…

¡LA estrella! Además, nos vamos por quince días. ¡Hay muchísimo que comprar!

—Sí, pero antes hay que hacer las reservaciones del hospedaje y organizar todo lo demás. ¿Ya hiciste eso? —preguntó Electra.

—No. La que sabe manejar esas cosas eres tú. No me pongas números en la cabeza, que tú sabes que me atolondro. Eso es trabajo para una persona inteligente y centrada… como tú.

—Tú siempre dejándome la parte complicada.

—¡Ay, mi amor! Es que de verdad tú eres la inteligente de la relación —respondió Gaia con una sonrisa zalamera—. Yo solo quiero divertirme. Lo burocrático no nació para mí.

Electra negó con la cabeza, divertida.

—No me vengas con halagos, que te conozco como si fueras mi propio reflejo. Bueno, déjame reservar todo de una vez. Por cierto, ¿a qué parte del Caribe vamos?

—Tú sabes que me fascina la costa norte. Tiene playas de aguas turquesas, montañas verdes… Vamos a vivir una aventura inolvidable.

—Eso me gusta. Por cierto, ¿ya elegiste el avatar que vas a usar allá abajo?

—Todavía no.

—¿Y por qué no bajamos como estrellas, con nuestras cinco puntas bien marcadas? —bromeó Electra.

—¡No, eso jamás! ¡Qué horror! —protestó Gaia dramáticamente—. Vamos a elegir un avatar hermoso, de carne y hueso. Pero eso sí… si vamos a bajar de incógnito, también tenemos que cambiarnos los nombres.

—Estoy de acuerdo. Yo me llamaré Amelia.

—Ya me imagino el nombre que vas a escoger tú —dijo Electra entre risas.

Gaia sonrió con picardía mientras se acomodaba el cabello.

—Amiga… en la Tierra me llamaré Camila.