La Promesa en Cayo Levantado (El Banco de la Medianoche nº 2) La Señora Sábana
34%

La Señora Sábana

El Poeta se fue a casa. Supuestamente iba a dormir, pero una pregunta rondaba su cabeza a cada instante: «¿De verdad la conozco? ¿De verdad se puede conocer a alguien sin siquiera haber conversado?».

Al Poeta le dolía admitir que quizás estaba equivocado. Intentó escribir, pero las palabras del Banco habían tocado lo más profundo de su ego. Esta vez no necesitaba emprender un viaje intergaláctico: la respuesta estaba en sí mismo.

—¿Qué le pasa, señor Poeta? ¿Qué ocupa su mente hoy? Es la primera vez que lo noto tan intranquilo.

—No me pasa nada, Señora Sábana… Solo pienso en algo.

—¿Y lo puede compartir conmigo?

—Prefiero que no —repuso él, acomodándose—. Hoy necesito dormir profundamente; por favor, haga lo que usted mejor sabe hacer.

—Con gusto, mi Poeta. Estoy aquí para arrullarlo. Duerma bien. Y si me necesita, solo acarícieme, que yo estoy a sus órdenes como siempre.

—Gracias, Señora Sábana. No sé qué haría sin usted.

Y la Señora Sábana no respondió, porque cada vez que el Poeta le hablaba de forma tan tierna, ella simplemente se derretía de amor. Mientras tanto, sus hilos morían de rabia y pelusa al ver a su madre tan entregada al Poeta.