La Promesa en Cayo Levantado (El Banco de la Medianoche nº 2) Caoba en el desierto
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Caoba en el desierto

—Banco, vamos a tener una conversación muy seria —sentenció el Poeta, cruzándose de brazos—. ¿Cómo es posible que hayas confundido a la loca de Gaia con Electra?

—Poeta, recuerda que yo solo soy un banco… —se defendió él con timidez—. A veces no sé distinguir bien entre una estrella y otra.

Recuerdo perfectamente que las dos vinieron aquí un día y hablaron conmigo.

Es más, vinieron dos veces.

Y la verdad… esa silueta me robó el corazón.

—¡Banco, el corazón te lo voy a sacar yo! —exclamó el Poeta, llevándose las manos a la cabeza—. ¿Tú no te imaginas el problema en el que nos has metido? ¡Uno del tamaño del universo!

—Nada, Poeta, no te compliques —repuso el Banco, intentando restarle importancia al asunto—. Simplemente mandamos otra nota por el correo cósmico y aclaramos la confusión.

—¡Oh, sí! Como si fuera tan fácil —ironizó el Poeta—. Estás hablando de la deidad más problemática del firmamento.

Esa estrella me ha traído demasiados dolores de cabeza.

Especialmente con Luna.

—¿Con Luna? ¿Y por qué?

—Porque un día Luna me preguntó si yo tenía una relación con ella.

—¿Y por qué te hizo una pregunta tan extraña?

—Pues porque, cuando estuve ausente esos catorce años, Gaia fue varias veces a interrogar a Luna de una forma muy sospechosa.

Pero, en fin, no hablemos de eso.

No quiero amargarme recordando esos momentos.

Lo verdaderamente importante ahora es encontrar la forma de aclarar este enredo.

¡Antes de que esa estrella venga a sacarte los clavos y te deje tirado como caoba en el desierto!

El Banco guardó silencio.

Le conmovía ver hasta qué punto su amigo estaba preocupado por él.

Finalmente respondió:

—Tú sabes que estoy aquí para lo que sea, amigo mío.

Tienes todo mi apoyo y toda mi colaboración para lo que necesites.

Ya sea para que vayamos juntos a Plutón o para que me ayudes a escribir otra nota.

Una nota de disculpa por la confusión.