La Promesa en Cayo Levantado (El Banco de la Medianoche nº 2) La gorra detectivesca
20%

La gorra detectivesca

Al mismo tiempo que ambas se profesaban una amistad profunda, a Gaia le surgió una idea y, como era su estilo, no vaciló en expresarla.

—Amiga, tú sabes que soy una experta en resolver acertijos. Tengo algo así como un doctorado en eso, y mira que ni siquiera me gusta la escuela. Pero bueno, eso en mí es natural.

Te voy a hacer cinco preguntas y me contestas de manera seria.

Primera: ¿a quién viste en Plutón, en la tienda de perfumes?

—Al Poeta —respondió Electra.

—Segunda: ¿quién vive en la Tierra?

—El Poeta.

—Tercera: ¿quién escribe poemas de esa forma?

—El Poeta.

—Cuarta: ¿los cinco puntos al final de la carta qué quieren decir?

—Poeta.

—¡Y finalmente, quinta!

¿Quién ha estado enamorado hasta las tripas de mí?

—¡Ah, eso yo no lo sé! —replicó Electra, abriendo los ojos—. ¿No crees que te estás apresurando demasiado?

—No, mi amiga. Es el Poeta —aseguró Gaia con total firmeza—. Me lo dice mi intuición de LA ESTRELLA, y contra eso nadie puede.

—Pero la pregunta es… ¿ya finalmente se dio cuenta?

—¿De qué, Gaia?

—De que yo soy la estrella más hermosa del universo y de que ese poeta subiría de categoría al tener a una belleza como yo a su lado.

—¡Ay, Gaia, por Dios! No te apresures a sacar conclusiones.

—Te lo voy a demostrar con evidencias. ¡Verás que sí! Desde hoy me pongo mi gorra detectivesca.

—¡Aquí vamos de nuevo! —suspiró Electra, enrollando con frustración una de las puntas de su cabello entre los dedos.

Electra sabía exactamente lo que vendría.

Tenía miles de años conociéndola, y mientras Gaia se alejaba ya planeando su primera pista, solo pudo sacudir la cabeza con una sonrisa resignada, preparándose para la tormenta de obstinación que se avecinaba.