Celos del papel
¡Ya era el último día que el Poeta y Luna compartían en el Caribe!
Tres días fueron suficientes para que Luna sintiera que su tiempo de brillar junto al Sol caribeño llegaba a su fin; ya era hora de regresar a casa.
Pero no se marcharía sin antes haberse enamorado de las cigüas, las palmeras y los cocos fríos.
—¡Poeta! Me siento orgullosa de ti —dijo Luna—. Hoy te veo maduro y enfocado. Ese viaje te trajo revitalizado. ¿Sabes qué es lo que más me gusta de ti?
—¿Lo buen hermano que puedo ser? —respondió él con una sonrisa en los labios, aguantando la risa.
—He visto a muchos poetas; todos se han enamorado de mí y me lo han confesado. Los veo perdidos en su propio mundo. También ponen sobre mis hombros toda su tristeza; a veces siento que tengo que absorber tantas metáforas que yo no elegí.
Y no te lo niego… muchas veces sentí celos.
—¿Celos de quién?
—Celos del papel.
Porque lo escriben todo sobre mí, pero el libro se lo regalan al mundo.
Sin embargo, contigo pasó algo diferente. Algo que hizo que esto no fuera un déjà vu más.
El miedo más grande que he tenido desde mi despertar como ser cósmico es que alguien, algún día, pudiera entenderme y descifrarme.
Y tú, Poeta, tú pudiste hacerlo.
Llegaste a donde ningún otro creador pudo llegar.
Me entendiste.
Fuiste capaz de ver mis cráteres emocionales y la marea que soy en mí misma.
Luna lo miró fijamente antes de continuar.
—Pero mírame, Poeta. Yo no soy perfecta.
Todos los poetas antes de ti me idealizaban.
Me querían pura.
Me querían perfecta.
Casi me convirtieron en una diosa.
Pero no comprendían que tengo mis fases y que también desaparezco.
Sé que me ves como una luna que te inspira, como tu amiga, como alguien que desea lo mejor para ti.
Así que hazme el mejor de los favores.
Cuando regreses a Kansas, ve, recorre el mundo, busca nuevas aventuras poéticas y deja que el amor toque a tu puerta.
Porque sé que, en algún lugar del universo, un ser divino espera a que lo descubras.
El Poeta tomó a Luna de la mano, la estrechó en un abrazo y, con una sonrisa en los labios, le dijo:
—Que Dios te oiga.