Capítulo 22
J ames apenas si pudo dormir. Lo sucedido con Fiona y pensar en dejarla en Menzies mientras él se marchaba a Dunkeld a pelear le provocaba cierta ansiedad.
Pero le había prometido que cuidaría de Callum.
Procuraría mantenerse vivo para regresar al lado de ella.
Pensaba en lo que había cambiado su vida en cuestión de meses y le parecía increíble.
Se sentía bien, feliz y dichoso con aquella mujer a la que contemplaba en ese instante.
Ella dormía relajada y ajena a la presencia de él, contemplándola como si no existiese un mañana.
La luz del amanecer comenzó a abrirse paso a través de las ventanas.
James cogió aire, apretó los labios y se dijo que era el momento de levantarse.
Por un lado, no quería despertarla porque, sin duda, se le haría más difícil marcharse.
Sin embargo, sabía que ella querría despedirlo y también hacerlo de su hermano.
Se incorporó de la cama, ajeno al despertar de Fiona.
Ella experimentó un ligero vacío en el estómago cuando lo vio vestirse. Esa mañana se marcharía con Callum, Braden y algunos hombres de los alrededores que habían acudido a Menzies. Confiaba en que nada malo le sucediese a ninguno de ellos. Pero, cuando uno iba a combatir, el futuro era incierto.
James bajó a la primera planta del castillo donde ya se escuchaban conversaciones y ruidos. Parecía que los hombres se habían despertado temprano. Encontró a Braden al lado de Callum y algunos más.
—No esperaba que madrugases tanto para despedirte de nosotros —le comentó Braden al verlo aparecer en la escalera.
—En realidad no he venido a despedirme de vosotros —miró a su amigo primero y después a Callum.
Braden entrecerró los ojos y lo contempló con cierta sospecha. Callum hizo lo mismo mientras terminaba de ajustarse su plaid sobre el hombro.
—He decidido acompañaros.
Los dos hombres se quedaron parados, olvidando por un momento sus ropas y sus armas para mirarlo de manera fija.
—¿Has decidido venir? —Braden rompió el silencio que se había establecido entre los tres.
—Sí. Después de todo, los McLean siempre hemos sido partidarios de la casa real Estuardo.
Sé, por otra parte, que tal vez no venzamos como en la batalla del paso de Killiecrankie, pero...
—No sabía qué decirles para que se lo tragasen ambos.
Le había prometido a Fiona que no revelaría el verdadero motivo: proteger a su hermano, aunque no era un chiquillo.
—Esto no me lo esperaba. ¿Qué le ha parecido a mi hermana?
James torció el gesto fingiendo que no muy bien.
—No le hace mucha gracia, como puedes esperar. Además, no quiero que os divirtáis sin mí —bromeó palmeando a los dos en la espalda.
—En ese caso, será mejor que terminemos de prepararnos y nos marchemos —concluyó Braden comprobando su pistola.
—Sí.
James lo dejó a solas de nuevo mientras él regresaba a la habitación a terminar de vestirse. Encontró a Fiona levantada de la cama y vestida. El cabello recogido con una tira de cuero le caía a lo largo de la espalda. La vio acercarse con una expresión de inquietud.
—¿Has hablado con Callum?
—Sí. Braden y él estaban terminando de arreglarse en el salón. Ya saben que los acompañaré.
—No le has dicho nada a Callum, ¿no?
—No le contaré que eres tú quien me pide que lo proteja.
—Ya sé que es un adulto y que puede valerse por sí mismo, pero... —titubeó presa de los nervios que experimentaba en ese momento—. Pero me sentiría mejor si tú estuvieses cerca de él.
—No te preocupes. Ya te he prometido que regresaremos. Pero ahora es mejor que termine de prepararme.
Fiona se limitó a asentir sin querer ver cómo se colocaba el plaid sobre el hombro sujetándolo con un broche. Lo amaba. Sí. Así era. Saber que estaría fuera un tiempo le causaba estragos. Sin embargo, sabía que podía confiar en su palabra. Hasta ahora la había cumplido.
La despedida fue corta pero emotiva. Los hombres no querían demorarse de más porque tenían una buena caminata hasta Dunkeld.
Fiona y su hermana preferían no retenerlos, pues de lo contrario les rogarían que no se marchasen y todo sería más difícil.
Un grupo de siete hombres abandonó Menzies prometiendo regresar cuanto antes.
—Pensaba que James no iría —comentó Keira mientras lo contemplaba irse junto a Braden y Callum.
—Yo se lo pedí —afirmó Fiona sin volver la vista hacia su hermana.
—¿Tú?
—Para que cuidase de Callum. Es la primera vez que va a entrar en batalla y tengo miedo de que le suceda algo —le confesó a Keira, quien a su vez le pasaba el brazo por los hombros y la atraía hacia sí.