La promesa de un McLean (Rebeliones en Escocia 2) Capítulo 21 #3
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Capítulo 21 #3

—Entonces, bésame... —La petición de ella fue un ligero susurro en los propios labios de James.

Lo rodeó por el cuello mientras se alzaba sobre sus pies y sentía las manos de él posarse sobre sus caderas.

Comenzó a besarlo sintiendo que su respiración se agitaba al tiempo que el calor invadía su cuerpo.

James la escuchó gemir mientras el beso se volvía más intenso y voraz. Por un instante se detuvo para contemplarla.

—Si seguimos besándonos, acabaré por desear quitarte la poca ropa que llevas y...

—Fiona no le dio opción a seguir hablando porque lo atrajo hacia sí para seguir besándolo.

La siguió hasta la cama dejando que lo fuese despojando de la ropa.

Si ella estaba convencida de seguir adelante, él no la detendría porque la deseaba.

La acarició con delicadeza cuando su piel quedó expuesta ante él.

La cubrió de besos que la recorrieron desde el cuello hasta los pechos en un primer acercamiento.

Tras este, siguió descendiendo sin que ella pusiese objeción.

James quería que se relajase y que estuviese excitada para sentir el menor dolor posible.

La observó apoyarse sobre sus codos y cerrar los ojos echando la cabeza atrás cuando él se situó entre sus muslos.

Y la escuchó dejar escapar algún que otro gemido cuando su lengua recorrió la carne húmeda, adentrándose en ella.

La excitación de él era máxima y decidió que el momento de consumar su matrimonio había llegado por fin.

Se incorporó sobre ella e inclinó la cabeza para besarla buscando una mayor complicidad.

Fiona sintió un ligero dolor entre los muslos y cómo poco a poco este se iba calmando, dejando lugar a un calor extremo.

Se unieron en uno solo, moviéndose con un ritmo acompasado.

James trató por todos los medios de no ser brusco, de no dejarse llevar por el feroz deseo de poseerla.

Y Fiona se fue sintiendo cada vez más cómoda y reconfortada.

Su respiración se agitó inesperadamente, haciendo que pareciera que su corazón iba a explotarle en cualquier momento.

Se abrazó a él sin dejar de contemplarlo pensando que iba a morirse.

Que no podría soportar aquello hasta que dejó escapar varios gemidos.

Tuvo la impresión de que algo la estaba arrastrando hacia lo desconocido y que ella no podía impedirlo.

Los latidos de su corazón se volvieron más rápidos e insistentes hasta que, de repente, comenzó a relajarse, a recuperar la respiración.

Sentía la boca seca, la piel caliente y erizada mientras sonreía sin motivo aparente.

La mano de James le acarició el rostro con ternura, apartando los mechones de pelo.

Le propició un ligero beso en los labios y se apartó de ella para que se recompusiera.

Intentó ordenar los pensamientos en su mente, pero estaba algo tocado por lo que acababa de suceder.

Volvió el rostro hacia ella. No se había movido y mantenía su mirada en el techo de la habitación.

Su respiración se iba relajando de manera gradual hasta que se fijó en que su pecho se tranquilizaba.

—¿En qué piensas? —le preguntó incorporándose con el codo apoyado sobre la almohada y su mano sujetándose la cabeza. Vio cómo ella giraba el rostro y su mirada se quedaba fija en él. De manera lenta sus labios se fueron curvando en una sonrisa dulce, tierna y enigmática a la vez.

—En que ahora ya somos un matrimonio en toda regla. Nada ni nadie puede negarlo. —Se volvió quedándose de lado y dejando que su mano le acariciase el brazo.

Él tomó su mano y se la besó con delicadeza y efusión.

—Yo ya sabía que lo éramos desde que el pastor nos casó. No me importaba no consumarlo por la noche. Nunca le di importancia. Sabía que esto sucedería cuando tú estuvieses preparada, cuando tú lo deseases. Nada más.

—Pero admito que has tenido paciencia conmigo.

—No tenía prisa en que este momento llegase, cuando tú ya habías conseguido tocar mi corazón.

Ella abrió los ojos y entreabrió los labios al escucharle decir eso. Sintió una fría corriente recorrer su cuerpo desnudo y erizarse el vello de la nuca.

—Yo... Pero... —Se humedeció los labios y le acarició el rostro con devoción—. —Estaba escrito en algún lugar que tenías que aparecer en mi vida. No sé por qué tú, pero tenías que hacerlo.

—Ya te lo dije, aunque no quisiste creerlo.

—No quiero que te marches de mi lado nunca —le confesó moviendo la cabeza en sentido negativo sin dejar de contemplarlo.

—No vine hasta aquí y me casé contigo para acabar marchándome.

—Más te vale o prepárate a conocerme en serio.

—¿A cuál de las dos mujeres que habitan en ti te refieres? ¿A mi esposa o a la jefa del clan? —le preguntó acercándose a ella hasta obligarla a tumbarse en la cama con una sonrisa deliciosa.

—Ambas son la misma —susurró antes de que él se apoderase de sus labios una vez más y la voltease para situarla sobre su pecho y no pensar en nada que no fuese saciarse de ella hasta el nuevo día.