Capítulo 21 #2
—Me encanta la quietud que se respira en este lugar —comentó Braden con los ojos cerrados, centrándose en el silencio que los rodeaba.
—Es un buen sitio para quedarse. No te lo niego. Esta vez no estaré a tu lado para cubrirte las espaldas, amigo.
—Lo sé. Y no te lo discuto. Tienes una mujer en la que pensar, desde ya.
—Quiero que eches un ojo a Callum. No tiene experiencia. No ha estado en ninguna batalla.
—Descuida. Lo tendré. Lo traeré de regreso a Menzies cuando todo acabe.
—¿Crees que todo terminará en Dunkeld? Si las fuerzas de Cannon logran vencer a los ingleses y a sus aliados, los cameronianos, decidirán seguir la marcha hasta la capital y tratar de recuperar el castillo.
—Entonces, según tú, es mejor que termine cuanto antes.
—No llegaremos a nada. No hay una organización firme y seria. Esto surgió de la mano de Claverhouse. De una pataleta suya porque nombraron rey a Guillermo. Nada más. Ni quiera los clanes estamos unidos bajo una misma bandera. Muchos ni si quiera acudirán a esta llamada, como sucedió anteriormente.
—Es posible. Pero ¿qué quieres que haga? No tengo familia, ni esposa por la que quedarme. Y ya sé que dije en su momento que no combatiría más, pero...
—¿Qué me dices de Keira?
Braden sonrió. Se pasó la mano por la nuca y asintió.
—Reconozco que es una mujer con la que me gusta pasar buenos ratos. Es divertida, amable, con un razonamiento que no había percibido en otras. Decidida y alocada en algunas ocasiones. Puede dejarse guiar por el corazón en un primer momento, pero luego es la cabeza la que manda.
—Es raro que hables así de una mujer desde que tienes uso de razón. ¿Qué demonios ha pasado con mi amigo?
—No sé a qué diablos te refieres. Soy el mismo de siempre.
—El tipo al que yo me refiero no solo le habría robado algún que otro beso a la joven que le gusta, sino que se la habría llevado a la cama —asintió de manera firme con la mirada entornada hacia él.
Braden sonrió palmeando a James en el hombro.
—¿Cómo sabes que no lo he hecho?
—Porque sigues vivo. De lo contrario, Keira te habría arrancado la piel a tiras. Ya te advertí de ella antes de venir. No es la clase de mujer que tú sueles frecuentar.
—Lo sé, lo sé. Pero no me preocupa porque no estoy seguro de regresar aquí una vez que me marche.
—¿Lo dices en serio?
—Primero, habrá que ver si salgo con vida de Dunkeld.
—¿Y después? —James se preguntaba por qué querría marcharse Braden de allí. Juraría que los días que llevaba en Menzies estaban siendo de su agrado y... ¿Sería por Keira precisamente? ¿Tal vez se trataba de lo que este le había confesado de la muchacha?
—No lo sé. Por lo pronto me voy a dormir. Mañana quiero estar descansado. ¿Te veré antes de irme?
—Por supuesto. —James se quedó pensativo dándole vueltas en la cabeza a lo que Braden le había contado.
Tal vez Fiona supiese algo al respecto de ellos.
Algo que su hermana le hubiese dicho. Pero, con el revuelo que se había montado en el castillo después de la llegada del mensajero, no estaba seguro de que fuese una buena idea preguntarle por ello.
De manera que se retiró él también a dormir.
Al día siguiente se despediría de Braden y tal vez de Callum también.
Subió las escaleras hacia la habitación cuando la inesperada aparición de su esposa, Fiona, lo retuvo en lo alto.
Se quedó contemplándola como si fuese una especie de espíritu del castillo.
Llevaba puesta la ropa de cama, su camisón y una bata azul claro, que contrastaba con el color de su pelo.
Le hizo una seña con la mano para que se acercase.
—Necesito que hablemos.
James la contempló con el ceño fruncido. El rostro de ella reflejaba preocupación. Presentía que se debía a la decisión de Callum de marcharse con Braden hasta Dunkeld para combatir a los ingleses.
—¿Qué sucede, Fiona?
Ella entró en la habitación retorciéndose las manos, fruto de los nervios. Él seguía observándola con detenimiento esperando a que le dijese qué era tan importante como para hablarlo a esas horas de la noche.
—Se trata de Callum. Ya has oído lo que ha dicho esta mañana cuando llegó el mensajero —comenzó diciendo mientras observaba a su marido y este asentía—.
No he conseguido hacerle cambiar de opinión y asegura que si no se marchó con los demás siguiendo a Claverhouse fue por no dejarnos solas a mi hermana y a mí.
Pero ahora dice que estás tú para protegernos, y Balfour —le resumió tuteándolo por primera vez desde que se conocían.
—Lo sé. Lo escuché hablar con Braden. Tiene pensando acompañarlo hasta Dunkeld.
Fiona se acercó a él y lo sujetó por los brazos mirándolo con cierta desesperación.
—No tiene experiencia en el campo de batalla. Temo que lo maten, James.
Él le sostenía la mirada sin apenas parpadear. El brillo de los ojos de ella lo tenía hechizado. Le acarició la mejilla con el pulgar sintiendo el deseo por besarla y estrecharla contra su pecho.
—¿Qué quieres que haga? Dímelo y lo haré.
Fiona sacudió la cabeza.
—No sería justo que te pidiese algo que no deseas hacer.
—Si no deseara hacerlo, no te lo estaría preguntando. ¿No crees?
—Temo que pueda perderos a ambos si... —Se calló cuando las palabras iban a salir por entre sus labios.
Al ver que él la instaba a seguir haciéndolo, ella cogió aire antes de proseguir—.
Me gustaría que lo acompañases y que cuidases de él para que no lo maten los ingleses.
Pero no le digas que yo te lo he pedido.
James la rodeó con los brazos para atraerla contra su pecho y sentir su calor, sus latidos.
La besó en el pelo con los ojos cerrados porque era consciente de lo que ella le estaba pidiendo y de que tal vez fuese él quien no volviera a verla.
Deslizó la mano bajo el mentón de ella y sonrió al contemplar aquel rostro tan dulce.
—No te preocupes, no se lo diré. Braden y yo cuidaremos de Callum. Lo traeremos de vuelta cuando todo acabe. —James fue testigo de cómo la expresión de su esposa cambiaba por un momento. Luego pareció volver a sentir preocupación por lo que le había pedido.
—Soy consciente de que podría perderte a ti también. Y si eso sucede estaré arrepintiéndome toda la vida.
—No vas a tener que hacerlo porque pienso regresar, como te acabo de decir.
—Gracias.
—No tienes por qué dármelas, Fiona.
—Podrías haberte negado a ir.
—Pero no lo he hecho.
—Aceptaste casarte conmigo cuando supiste cuál era mi situación.
Te enfrentaste a McLeod dejando claro que eras mi prometido y luego me besaste delante de todos.
Mantuviste tu promesa incluso cuando te marchase a Duart y yo temía que no regresases.
A la mañana siguiente de la noche de bodas, me ayudaste con el tema de la consumación del matrimonio y ahora aceptas volver a combatir porque yo te lo pido. Creo eres demasiado generoso conmigo.
Él bajó la mirada por un segundo y asintió.
—Tal vez se deba a que eres mi esposa y busco la manera de complacerte.