Capítulo 20
J ames aguardaba con impaciencia la llegada a Fiona junto a él para iniciar la ceremonia. El castillo contaba con una capilla lo bastante amplia para albergar a los parientes más cercanos. El pastor sonreía mientras lo observaba y asentía.
—Las novias siempre se hacen esperar —le aseguró como si tratase de calmarlo.
—Seguro.
—A lo mejor es ella la que se lo está pensando —le susurró Braden a su lado esgrimiendo una sonrisa burlona.
James no le hizo caso porque ya lo conocía y estaba seguro de que buscaba vacilarlo.
Todo quedó resuelto cuando de repente el sonido de las gaitas rompió el silencio obligando a todos a volver la atención hacia la entrada a la capilla.
James cogió aire al verla aparecer junto a su hermano, Callum.
Su presencia pareció cortarle la respiración.
Avanzaba hacia él con una tímida sonrisa.
Se había recogido el pelo en una trenza que sujetaba en lo alto como si fuese una corona.
Su mirada le pareció más brillante y cristalina.
Intercambió una fugaz mirada con Callum y un gesto de asentimiento mientras la dejaba a su lado.
El vestido era elegante, nada ostentoso, pero realzaba su figura de una manera que él desconocía.
El plaid con los colores del clan Menzies caía sobre su hombro derecho ocultándole el escote. La encontraba preciosa.
Fiona lo miró por un momento experimentando un pálpito que la obligó a coger aire y a asentir.
Iba a hacerlo. Iba a casarse con él. No había nada que lo detuviese llegados a ese momento.
A partir de ese día sería una mujer casada cuyo marido le parecía el más acertado para esa vida en común. Cerró los ojos e inspiró hondo.
La fiesta que siguió a la boda se extendió durante todo el día.
Muchos fueron los invitados al banquete.
Hubo bailes, risas, brindis en favor de la pareja y cánticos.
Todo se desarrollaba en total normalidad.
Fiona se divertía de manera relajada, sabedora de que nada ni nadie podría arrebatarle lo que era suyo.
Así había quedado firmado con el acta de matrimonio ante todos, incluido el notario de Perth.
Este había acudido para hacer valer el testamento del padre de los muchachos y con este la cláusula que obligaba a Fiona a casarse o lo perdería todo en favor de su tío.
Mordecai se había limitado a felicitarla por el enlace y se había retirado temprano a sus habitaciones.
A ninguno de los presentes le sorprendió su comportamiento al conocerse la verdad sobre la disputa que mantenía con su sobrina.
No se marcharon de Menzies porque debían asegurarse de que el matrimonio se consumara.
—Agradezco que se hayan retirado pronto a descansar, de ese modo no estará urdiendo algún plan —aseguró Fiona cuando se enteró de la noticia.
—Ya no debe tener miedo, Fiona. Su tío no puede arrebatarle nada de lo que es suyo.
Lo miró con calidez, con ternura y con devoción.
Se había sacrificado por ella. Para que su tío no le arrebatase aquel castillo.
Había cumplido ese trámite, pero quedaba lo más complicado: asentar la relación entre ellos dos.
Lograr que aquel paso que había dado fuese porque en verdad sentía algo por ella, de la misma manera que ella lo hacía por él.
Debía reconocer que su temor porque no volviese no se debía a que pudiese abandonarla y a que ella lo perdiese todo, sino más bien a que se había acostumbrado a él.
A verlo por el castillo y por sus tierras.
A sus gestos improvisados cuando se encontraban.
A sus miradas. A sus tímidas caricias. Le había permitido adentrarse en su interior de una manera inesperada y, ahora, no quería dejarlo salir.
—Y bien, ¿cómo se encuentra la señora de McLean Menzies?
La pregunta de Keira hizo que su hermana parpadease en repetidas ocasiones sorprendida.
—¿Cómo quieres que lo haga? De lo más normal y tranquila. ¿No me ves?
—¿Y esta noche...?
La mirada y el tono sugerente de Keira aceleraron el pulso de Fiona sin que ella lo esperase.
Ya le había dejado claro a James en su momento que no compartiría la cama con él.
No era un matrimonio convencional, por amor, sino porque así lo exigía la maldita cláusula del testamento de su padre. Y él se había mostrado de acuerdo.
—Pues no sé qué quieres que te cuente. Es más, creo que es algo íntimo. No voy a dar detalles de lo que suceda. Tenlo por seguro.
—Lo sé, mujer. Lo sé. Solo quería saber si estabas nerviosa.
—No —fingió Fiona bebiendo un poco para calmarse—. Dime, ¿cómo te va con Braden? Parece que os lleváis bien.
—Sí. Me cae bien.
—¿Te ha dicho si piensa quedarse o si se marchará de regreso a las tierras de los McLean?
—Sabe que necesitamos gente para echar una mano con las tareas. Pero nada más.
—¿A ti te agradaría que lo hiciese?
—¿Qué clase de pregunta es esa, hermana? —Keira se mostró escandalizada porque intuía lo que Fiona trataba de insinuarle.
—Pues una como otra cualquiera. ¿Dónde le ves el problema?
—Me ha parecido que piensas que tengo interés en él. Por eso lo digo.
—¿Y lo tienes? —Fiona entornó su mirada con toda intención. No había sido ajena a las situaciones que había vivido su hermana con Braden desde que él llegó al castillo. Y creía que podrían acabar entendiéndose.
—Estamos en tu boda. No es mi día, sino el tuyo. De manera que deja ese tema.
—Estaría bien que se quedase en Menzies para echarnos una mano.
Keira puso los ojos en blanco y resopló.
—Oye, ya que te pones en este plan, ¿por qué no se lo dices a nuestro hermano? ¿Lo has visto danzar con Meribeth? —Keira movió las cejas de manera rápida.
—Sí, pero déjalo que disfrute un poco. Ya le llegará su momento.
James seguía en compañía de Braden cuando la hora de retirarse se acercaba.
Sentía como si los nervios se adueñasen de él.
¿Por qué? Sabía que esa noche no sucedería nada entre ellos, porque ella así se lo había dejado claro.
A no ser que hubiese cambiado de opinión, se limitaría a dormir en la habitación, pero no en la cama.
Y eso le suponía un problema porque quería poder disfrutar de ella.
De sus besos y de sus caricias, de su cuerpo desnudo junto al de él.
—¿En qué diablos estás pensando? ¿No te estarás arrepintiendo?
La pregunta de su amigo lo sacó de sus pensamientos en torno a Fiona y su noche de bodas.
—Pues claro que no —le respondió devolviéndole una mirada de incredulidad porque se le hubiese ocurrido semejante cuestión.
—Lo celebro porque estoy seguro de que ella es la mujer adecuada para ti.
—¿Cómo lo sabes?
—Solo he tenido que fijarme en la manera en que te mira cuando tú no te das cuenta. Creo que hay algo más que cariño en sus ojos y en su sonrisa. —Braden se llevó la copa a los labios para seguir bebiendo.
James frunció el ceño en un gesto contrariado por aquella franqueza. Lo creía, porque Braden no era de los que decían las cosas por decirlas. Sacudió la cabeza sin poder creerlo.
—¿Tú estás seguro de lo que dices? ¿No será fruto de todo lo que has bebido?
—No, amigo. Tal vez deberías empezar a prestarle más atención a tu mujercita —sonrió mientras le apuntaba con el dedo.
—¿Y qué me dices de ti?
—¿De mí? ¿Qué quieres que te cuente? Que estoy en tu boda disfrutando del día.
—Yo también me he fijado en ti y en cierta muchacha. —James se lo dijo buscando su reacción y provocó una sonrisa cínica en su amigo.
—Ya sé por dónde vas. Te refieres a tu cuñada. Sí. No voy a negar que nos llevamos bien.
—Me alegra saberlo por ti. ¿Has decidido si te quedarás?
—¿Por qué todos tenéis tanto interés en saberlo?
—Porque eres amigo desde que éramos unos críos. Y vendría bien alguien como tú por aquí cerca.
—Tienes a Balfour. Y a Callum —le rebatió de inmediato viendo cómo James sacudía la cabeza.
—Balfour es el hombre de confianza de mi mujer. Y Callum es su hermano. Está pendiente de otros asuntos. No, yo me refiero a tener a mi propio hombre de confianza.
Braden acusó la mirada firme y directa de James. Su determinación en sus palabras. ¿Qué diablos estaba sucediendo? ¿Por qué todos querían que se quedase allí? Primero Keira, luego Balfour y Callum y ahora James.
—No es un buen momento para tomar esa decisión.
—¿Por qué? ¿Qué hay de malo?
—Porque he bebido demasiado y la respuesta que podría darte sería distinta a la de mañana cuando me despierte.
Por eso mismo. Y tú deberías coger a tu mujercita y retirarte.
Eso es lo que deberías hacer, y no estar aquí conmigo.
Es más, creo que Fiona ya lo ha hecho. —Hizo un gesto con la cabeza en dirección a donde estaba ella antes.
James se volvió, pero se dio cuenta de que Fiona ya no estaba allí. Ni tampoco Keira. Su madre se acercó a él sin que lo advirtiera.
—Creo que tu esposa te espera en la habitación.
Él no supo qué decir. De repente sentía la boca seca.
La mirada de su propia madre era bastante explícita.
Sabía que el momento de su noche de bodas había llegado y que todos los invitados aguardaban a que se retirase.
Se limitó a asentir y emprendió el camino hacia la habitación donde le esperaba Fiona.
Caminaba despacio tratando de no mostrar la impaciencia que sentía por encontrarla y comprobar por sí mismo si lo que Braden le había contado era cierto.
Lo acompañaron hasta la habitación, donde la puerta estaba abierta, y Keira le sonrió.
—Mi hermana le espera.
Esta permanecía de pie junto a la ventana.
Lo observaba con curiosidad, sin duda, por saber qué es lo que él haría.
Se estaría preguntando si recordaba la conversación que habían mantenido tiempo atrás sobre esa noche.
James miró a Keira y asintió. Luego se volvió hacia la gente que permanecía en la puerta y al momento la cerró delante de sus narices, dejándolos en la más absoluta intimidad.
Solo entonces él relajó los hombros y soltó el aire.