Capítulo 19 #2
Fiona presentía que James no estaba de buen humor. Lo había visto hablando con McLeod y observó cómo el rictus le había cambiado. ¿De qué habían estado hablando?
—¿Qué quiere?
—No sabía que sus tíos le habían invitado a su casa para agasajarla con una fiesta, aprovechando mi ausencia.
—Sí, usted no estaba.
—¿Qué tal le fue? McLeod me aseguraba que lo pasó bien.
—No, no es cierto —le rebatió observando como él fruncía el ceño contrariado—. Fue un ardid de mi tío para poner en duda nuestro compromiso. Eso fue. Aprovechó su ausencia para hacerlo y de paso invitar a McLeod.
—Entiendo... —susurró con mirada buscando a Mordecai. Sintió que ella se aferraba a sus brazos para captar toda su atención. Se fijó en la expresión de su rostro. Le pareció preocupada por su reacción y al mismo tiempo firme mirándolo a los ojos.
—No pasó nada. Supe poner en su sitio a todos los que pensaban que lo nuestro no iba en serio. No permitiré que nadie venga a romper nuestro acuerdo.
Él volvió a quedarse mirándola y una fugaz sonrisa se dibujó en sus labios.
¿Acuerdo? Pareció algo tocado por esa manera de referirse a lo suyo.
A cada momento que pasaban juntos, él no creía que se tratase precisamente de eso, de un acuerdo, si no que los sentimientos comenzaban a tener más peso en la relación.
—Celebro que lo crea, porque yo tampoco voy a permitirlo llegados a este punto. Espero que esté en lo cierto, pues si me entero de que McLeod intentó algo con usted... —Se calló cuando sintió los dedos de ella sobre sus labios y la vio sacudir la cabeza.
—No sucedió nada. Ni él intentó nada, aunque mi propio tío lo enviase a hacerme cambiar de opinión.
—¿De qué habla? —La sujetó por los brazos exigiendo una aclaración mientras contenía la furia que iba crepitando en su interior de una manera cada vez más rápida.
—De que me ofreció casarme con él, aprovechando que usted no estaba —le contó fijándose en cómo el semblante de él cambiaba por momentos.
—¿Cómo que lo envió para ofrecerle casamiento? ¿Y me asegura que no sucedió nada?
—Ya le he dicho que los puse en su sitio. A los dos. Y les quedó claro que nuestro compromiso sigue adelante.
—Más les vale, porque de lo contrario seré yo quien se lo haga saber con el filo de mi daga. Si le ofrecí mi ayuda para que no perdiese el castillo, no fue en balde. Ya le dije que no tengo por costumbre huir.
—Lo sé. Y me lo ha demostrado porque ha vuelto. Está aquí cuando yo misma creía que no regresaría. Que se quedaría en las tierras de los McLean en cuanto se diese cuenta de la locura que había cometido. Que me abandonaría a mi suerte.
Él se vio incapaz de reaccionar al escucharla y permaneció con la boca abierta para responderle. Sacudió la cabeza en repetidas ocasiones sin poder creerla. ¿Cómo había podido llegar a pensarlo cuando le había dado muestras de lo contrario?
—Olvídese de esa idea desde este mismo momento.
—Pues deje que le diga que he tenido mis dudas con respecto a su regreso. Y creo que mi tío se ha aprovechado de ellas. Oh, soy una idiota por pensarlo. Lo siento. —Cerró los ojos y en un gesto inesperado apoyó su cabeza contra el pecho de él.
James no sabía cómo diablos reaccionar ni si abrazarla contra él era lo más acertado, así que le pasó una mano por el pelo como queriendo infundirle ánimo.
Luego deslizó esa misma mano bajo el mentón de ella para alzarle el rostro.
Y lo que percibió le sacudió en su interior.
Su forma de mirarlo, de entreabrir los labios y cómo sus dedos le apretaban los antebrazos...
Solo pudo limitarse a sonreír de una manera más amplia y directa.
Lo que percibía por parte de ella en ese instante no estaba escrito en ningún acuerdo.
—No tiene por qué. Y entiendo que haya tenido dudas, pero yo no la dejaría sola a su suerte.
«Y menos en estos momentos en los que me estoy dando cuenta de que me importa más allá de cualquier acuerdo que hayamos alcanzado».
—No, porque eso significa que no confío en usted, James.
—No se preocupe. Lo hará. Me encargaré de disipar todas sus dudas. Y ahora, si me lo permite, iba a preguntar a Braden cómo le fue en el baile y en la charla con su hermana.
Fiona abrió la boca en un acto reflejo de sorpresa al escucharlo y verlo sonreír.
¿Acaso él sabía algo que ella desconocía?
A lo mejor era un buen momento para hablar con su hermana.
Claro que Callum tampoco parecía estar aburrido hablando con Meribeth, se dijo al verlos conversar de manera animada.
Braden vio acercarse a su amigo con una media sonrisa, lo cual lo alertó acerca de lo que iba a preguntarle. Por ese motivo se anticipó a lo que James pudiese decirle.
—Si esa sonrisa tuya es porque me has visto bailar con tu futura cuñada, ya puedes ir borrándola —le advirtió señalándolo con el dedo.
—Venga, admite que te lo has pasado bien con ella. Y no voy a burlarme de ti ni nada por el estilo.
—Mejor.
—Bueno, pero al menos podrás contarme cómo han ido el baile y la charla. Que sepas que no he sido el único que os ha visto.
—Han estado bien.
—Me alegro.
—Me ha llegado a preguntar si tengo la intención de quedarme por aquí mucho tiempo.
—Supongo que te lo habrá preguntado porque se necesitan hombres en el castillo para echar una mano. Ya te lo dije.
—Sí, eso mismo también me ha dicho Balfour cuando estuve hablando ayer con él. Tengo la impresión de que me lo han contado para que acepte quedarme aquí.
—¿Piensas quedarte, entonces?
Braden resopló. Se pasó la mano por el mentón con gesto pensativo y sacudió la cabeza.
—No lo sé. No me importaría, ya que no tengo nada mejor que hacer. Y no pienso ir hasta Aberdeen para unirme a los partidarios de los Estuardo y proseguir la lucha.
—Tampoco piensas regresar a casa.
—Sabes que no hay nada que me ate allí. Por ese motivo podría quedarme aquí, en las tierras de los Menzies.
James entrecerró los ojos y sonrió.
—¿Tiene algo que ver tu nueva amiga?
Braden se mostró sorprendido por esa cuestión.