Capítulo 19
C uando terminó la danza, Fiona sintió como si su rostro ardiera. Algunos mechones se le habían soltado de su recogido y su respiración permanecía acelerada. James la contemplaba de una manera que hacía que su corazón retumbase como un tambor. Se sentía dichosa, feliz y emocionada.
—Creo que voy a dejar que se recupere después de esta danza —le dijo acercándose de una manera íntima a ella, sin soltarla de la mano mientras experimentaba la necesidad de besarla, a pesar del momento y de que eran el centro de las miradas de todos los allí presentes.
—Sí, creo que sería lo mejor.
—En ese caso... —señaló con su brazo hacia ninguna parte en concreto mientras la observaba sonreír.
Braden los contemplaba acercarse. No se le iba de la mente la conversación que había escuchado. Le importaba la posible reacción de su amigo si llegase a saberlo.
—No te recordaba tan diestro en las danzas tradicionales...
—Pues ya has visto. Dime, ¿qué haces aquí parado?
—Balfour y yo os estábamos viendo bailar, ¿verdad?
—Así es —asintió el mencionado.
—Pues ambos deberíais estaros divirtiendo. ¿Por qué no sacas a bailar a Keira? —le susurró para que Fiona no lo escuchase. Luego le dirigió una mirada con toda intención y asintió.
—¿Qué diablos pretendes?
—Que te diviertas un poco.
—Pues, aunque te parezca lo contrario, lo estoy haciendo.
—¿De pie aquí, observando a los demás como bailan? —James entornó la mirada hacia su amigo como si pusiese en duda sus palabras.
—Te repito que así es. Pero estaba pensando seguir tu consejo. De ese modo me dejarás tranquilo. Luego hablamos —le aseguró mirándolo de manera fija—. Hazme caso, Balfour...
Este asintió al saber a qué se refería Braden. Le comentaría a Fiona lo que habían escuchado para que estuviese al tanto de los comentarios que algunas invitadas iban haciendo.
—No sé a qué se refiere mi querido amigo, pero, si merece la pena, no se quede usted también aquí parado.
El rudo escocés asintió convencido de que era lo mejor.
—Voy a dar una vuelta a ver si las muchachas necesitan algo.
—De acuerdo.
James se quedó solo por unos segundos hasta que su padre se acercó a él.
—¿Cómo lo llevas? ¿Nervioso ante el gran día?
—No. Estoy muy tranquilo. ¿Y vosotros?
—Nosotros estamos bien. Tu madre, como puedes ver, está en su salsa rodeada de otras mujeres. Hablando de sus chismes.
—Es lógico en ella.
—Tu futura mujer parece una persona que sabe lo que quiere y por dónde se anda.
—Lo sé. Eso mismo me llamó la atención cuando estuve aquí.
—¿Qué tal estás de tu herida?
—No queda rastro de ella. Fue un corte limpio, que ha cicatrizado sin problemas. Gracias en parte a las atenciones de ella —reiteró haciendo un gesto con la cabeza hacia Fiona.
—Gracias a Dios que saliste vivo de aquella ratonera.
—Ganamos la batalla.
—¿Y de qué ha servido? ¿A qué precio? Bah, muchos de los simpatizantes de Jacobo han huido. Están ocultos en estas tierras por miedo a que los ingleses den con ellos y los maten. Y otros han regresado a sus casas como si hubiesen salido a dar un paseo o de caza.
—Según he escuchado, parece que otros tantos se están reagrupando para seguir la lucha.
—Sí, esos rumores también me han llegado a mí. No servirá para nada, salvo para seguir perdiendo vidas de escoceses.
—Por mi parte, he cumplido. Mañana me casaré con ella —aseguró mirando a su futura esposa, que hablaba con Balfour—. Y no volveré a pelear.
—Parece que lo vuestro va en serio.
—Sí. Por el momento, va viento en popa.
Fiona cambió el rictus cuando escuchó las palabras de Balfour. Este le estaba remitiendo los comentarios que Braden y él habían escuchado. Y a ella no parecía que le hiciese ni pizca de gracia.
—Su mejor amigo me ha asegurado que si esos chismes llegan a oídos de James, es capaz de ir a por el McLeod a pedirle explicaciones e incluso podría retarlo.
—Pero... Si no sucedió nada entre nosotros. ¿Cómo pueden hacer esos comentarios?
—No lo sé. Pero téngalo en cuenta.
Fiona apretó los labios con rabia. Entrecerró los ojos escrutando a las personas que había en el salón de Menzies.
Se fijó en su tío, que se mostraba distraído mientras escuchaba lo que otro invitado le decía.
¿Habría sido cosa suya? No podía fiarse de él en ningún momento y temía que lo intentase hasta el final, el cual ya estaba cerca.
—Gracias por avisarme, Balfour. Pero no sé cómo voy a hacer para que nadie le comente a James semejantes chismes. Salvo que esté toda la noche a su lado, no veo otra posibilidad. Dime, ¿quiénes eran las mujeres que hablaban del tema?
—No sabría decirle porque, cuando Braden y yo nos giramos para verlas, ya no estaban.
—Está bien. No hace falta que te quedes a mi lado todo el rato. Ve y diviértete.
Fiona lo vio alejarse, dejándola preocupada por lo que había sabido. Confiaba en que esos comentarios no llegasen a oídos de James. Y, aunque la noche en casa de sus tíos no sucedió nada entre el McLeod y ella, la gente podría darle la vuelta a lo ocurrido según le conviniese.
Braden había invitado a bailar a Keira. En un principio, esta se mostró algo reacia, poniendo disculpas absurdas, sin embargo, al final se rindió ante el apuesto y galante amigo de su futuro cuñado.
Se dio cuenta de inmediato de que, además de ser un excelente bailarín, no le desagradaba su compañía.
Por unos segundos se contemplaron de manera fija dejando que sus manos se rozaran e incluso que se entrelazaran en algún momento.
Y cuando el baile se dio por concluido ambos permanecieron juntos, ajenos a lo que sucedía a su alrededor.
—Debo reconocer que es usted un buen bailarín señor Braden —le dijo Keira a modo de cumplido.
—Gracias, pero hacía bastante tiempo que no bailaba. La verdad es que pensé que había olvidado los pasos.
—Nada más lejos de la realidad. —Se alejaron del resto de los invitados sin percatarse de las miradas curiosas de Fiona y de otros asistentes—. Dígame, ¿James y usted se conocen desde hace mucho tiempo?
—Desde que éramos unos críos.
—Entonces, podría decir que lo conoce bien.
Braden no pudo evitar sonreír ante el tono y la mirada cargada de curiosidad de la joven.
—Si quiere saber si es un buen compañero para su hermana, no le quepa duda alguna. Hemos crecido, reído y divertido juntos. Y también hemos combatido en el mismo bando —le dijo bajando el tono de voz y dándole un toque amargo.
—¿Siguió a Claverhouse en su particular cruzada?
—Así es. Los McAcllister estamos emparentados con los McLean y los seguimos cuando nos llegó la noticia de que se unirían a Claverhouse.
—James resultó herido y vagó durante no sabe cuánto tiempo...
—Me lo ha contado cuando regresó al castillo de Duart.
—¿Y usted?
—No, no. Por suerte regresé de una pieza.
—¿Piensa quedarse por aquí algún tiempo? —Keira se mostraba curiosa con respecto a lo que él pudiese o quisiese hacer. La mirada que él le dirigió fue bastante concluyente hasta el punto de erizarle la piel de una manera incontrolada.
—Supongo que algún tiempo. James y Balfour me han comentado que necesitan brazos para echar una mano con las tierras y el castillo. Sé que muchos de sus hombres se largaron tras Claverhouse, desobedeciendo a su hermana, y que no han regresado.
—Así es... —asintió intentando averiguar si le estaba diciendo que se quedaría en las tierras del clan Menzies y lo que ello podría significar—. ¿No tiene familia en las tierras de los McLean?
Braden sonrió al darse cuenta del tono casual que ella le dio a su pregunta y de su manera de mirarlo con las cejas arqueadas en señal de expectación.
—Son los McLean de Duart. Y si James va a quedarse aquí... Es lo que hace que piense seguir su ejemplo y quedarme también algún tiempo.
—Sí, es bueno saberlo. Es cierto que necesitamos gente para atender las tierras y el castillo después de lo sucedido con Claverhouse.
La vio colocarse un mechón cobrizo tras la oreja con disimulo y humedecerse los labios con lentitud.
¿Qué diablos hacía fijándose en esos gestos?
, se preguntó confuso. Se estaba dejando llevar por lo bonita que le parecía y, por ese motivo, más le convenía alejarse de ella.
Por suerte para él, un joven vino a solicitarle un baile.
—Si me disculpa...
—Faltaría más. —La vio alejarse de él y quedarse algo tocado por la grata impresión que la joven Menzies le había causado.
De inmediato sacudió la cabeza desechando cualquier pensamiento con ella.
No estaba allí para buscarse una mujer. Se lo había prometido a James e iba a cumplirlo a rajatabla.
Una cosa era que pudiese quedarse allí echándoles una mano a la gente del clan y otra muy distinta seguir el camino abierto por su querido amigo James. No, señor.
Cuando James se dirigía a buscar a Braden para saber qué tal habían ido el baile y la posterior charla con Keira, no pudo evitar encontrarse de frente con William McLeod.
—Creo que no le había felicitado por su próximo enlace, McLean.
—No estoy seguro, pero acepto su felicitación.
—¿Cuándo ha llegado? Fiona no lo sabía cuando se lo pregunté la última vez que la vi en casa de sus tíos. Pasamos una noche agradable. Ellos quisieron homenajearla por su boda y la fiesta estuvo muy bien. Lástima que usted no pudiese asistir.
James pareció acusar el significado de aquel comentario del McLeod. No sabía nada al respecto de que Fiona hubiese estado en casa de sus tíos.
—Ella no lo sabía. Ni yo mismo. Por eso no le conté nada. Pero ahora ya estoy aquí.
—Confío en que todo salga bien. Si me disculpa.
James no añadió nada más y permaneció en el sitio unos segundos pensando en lo que él le había contado.
¿Una fiesta en casa de sus tíos? Lo desconocía por el momento.
Le preguntaría por ello. Esperaba que el McLeod se hubiese comportado.
No le hacía gracia saber que este había estado con Fiona.
Llamó su atención con la mano para que se reuniese con él.