La promesa de un McLean (Rebeliones en Escocia 2) Capítulo 18
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Capítulo 18

L a noche previa al casamiento se celebraba una fiesta en el castillo de Menzies.

Muchos eran los que estaban invitados. Entre ellos Mordecai y Margaret junto con sus hijos.

Fiona confiaba en que su tío dejase ya de atosigarla con la boda.

Al día siguiente sería una mujer casada y él ya no podría hacer nada por arrebatarle lo que era suyo.

No culpaba a sus padres por haberla metido en semejante compromiso, pero debía reconocer que le estaba dando demasiados dolores de cabeza.

En cualquier caso, todo terminaría esa noche.

Aunque no contaba era con ver a William McLeod de nuevo.

Esperaba que mantuviese la compostura y no hiciera o dijera algo que pudiera enfurecer a James.

Ya había visto su reacción la noche en la que acudieron a Tullibole, el castillo del clan Moncreiffe.

—¿Esperabas que William apareciese? No recuerdo haberlo invitado —le comentó Keira a su hermana cuando lo vieron aparecer en compañía de sus tíos.

—Pues claro que no. Pero parece ser que ha hecho una buena amistad con nuestros queridos parientes —ironizó Fiona al verlos llegar juntos—. Por lo visto, algunos no se dan por enterados de que no tienen nada que hacer.

—Procura pasarlo bien. No merece la pena llevarte un disgusto.

—No soy yo la que me preocupa —hizo un gesto con el mentón hacia James, quien hablaba con su amigo Braden.

—¿Temes que le haga algo?

—Tú no lo viste la noche en el castillo de los Moncreiffe. Te aseguro que la frialdad de su mirada y la sobriedad de su expresión me helaron la sangre.

Keira inspiró al escuchar a su hermana.

—Es todo un detalle por su parte.

—¿En serio?

—Demuestra cuánto le importas, hermanita. Por cierto, también ha venido Meribeth... —movió las cejas con toda intención pensando en su hermano, lo que provocó las carcajadas en Fiona.

—¿Acaso esperas que suceda algo entre Callum y ella? Vas muy desencaminada. No veo a nuestro hermano demasiado interesado en la joven Moncreiffe. Y, ya puestas a hablar de posibles relaciones, ¿qué opinas del amigo de James?

—¿Por qué me lo preguntas? —Keira volvió la mirada con un semblante cargado de incredulidad.

—Porque en alguna que otra ocasión me he fijado en cómo te mira.

—¿Cómo? Yo no me he fijado en nada.

—Porque cuando lo hacías él cambiaba el gesto. Pero creo deducir que se siente algo intrigado por ti. Te aviso.

—Pues no entiendo por qué debería estarlo. Da igual, no pienso prestarle más atención de la que deba. Ya me entiendes. Por cumplir. Además, imagino que se marchará después de la boda. —Se encogió de hombros sin darle la mayor importancia.

Fiona asintió con una sonrisa algo pérfida. No le extrañaría que Braden se hubiese fijado en su hermana por algún otro motivo.

Este y James permanecían un poco apartados de la gente, pero ambos estaban expectantes ante el desarrollo de la velada.

—¿Cómo te lo estás pasando?

—De momento no puedo quejarme. Tu futura familia son buena gente.

He estado hablado con Callum y con Balfour esta mañana.

Me han puesto al día de las actividades del clan.

Incluso me han asegurado que necesitan brazos para el trabajo aquí.

Al parecer Fiona prohibió unirse a Claverhouse, pero algunos hombres decidieron marcharse.

—Así fue. Según me contaron, muchos querían pelear en favor de Jacobo Estuardo. Y ninguno ha regresado.

—No creo que tengan valor para hacerlo después de desobedecer a su jefa.

—Sin duda, eso es lo que habrá sucedido. De ahí que falten hombres para el trabajo no solo en el castillo, sino también en las tierras. —James se fijó atentamente en la expresión confusa de su amigo—. ¿A qué viene esa cara?

Braden parecía dudar sobre lo que iba a responder. Frunció los labios y ladeó la cabeza.

—Estaba pensado que... no hay nada ni nadie que me ate en Duart.

Ya lo sabes. Ni tampoco tengo intención alguna de unirme a otra rebelión.

Según escuche decir, la capital cayó en manos de las tropas inglesas.

Y los que lograron escapar de Killiecrankie pretenden reunirse de nuevo para seguir la lucha.

—¿Lo dices en serio?

—El coronel Cannon está reuniendo a los simpatizantes de la casa Estuardo en Aberdeen. Son bastantes los voluntarios que se han acercado allí después de conocer la victoria en Killiecrankie. Pero no creo que tengan mucho éxito.

—¿Por qué?

—Cannon no tiene experiencia ni conoce este territorio.

Y los hombres que se le unen no son soldados acostumbrados a pelear y marchar durante horas como la infantería inglesa.

Te apuesto lo que quieras a que muchos acabarán por cansarse y regresar a sus casas.

Por eso te digo que no pienso unirme a otra rebelión que no conducirá a nada, salvo a perder vidas de escoceses de una manera inútil.

James resopló tras escuchar el breve relato de su amigo.

De repente se fijó en la presencia de los tíos de Fiona y en aquel tipo que le sonaba de algo.

Entrecerró los ojos fijando su atención en él durante unos segundos hasta que recordó quién era: McLeod.

El tipo que sujetaba por la muñeca a Fiona la noche de la fiesta en Tullibole.

Se mantuvo a la expectativa de lo que pudiese suceder.

Esperaba que le hubiese quedado claro que no debía acercarse a su prometida, salvo para saludarla.

—¿A quién estás mirando? Por la cara que tienes no debe ser alguien de tu agrado.

—No. Ni mucho menos —hizo un gesto con el mentón hacia el McLeod—. El tipo que va a saludar a Fiona.

—¿Quién es? ¿Qué pasa?

—No me gusta. Tuve unas palabras con él cuando lo sorprendí sujetándola de la mano impidiéndole marcharse. Fue la noche que me invitaron al castillo del clan Moncreiffe. Me enteré después por Balfour y Callum que la ha pretendido desde hace mucho tiempo.

—Y ella se ha negado, claro está.

—Sí. Y estoy convencido de que no le ha hecho ni pizca de gracia que al final se vaya a casar conmigo.

—Entiendo. Lo tendré vigilado, descuida.

—No. Tranquilo. Tú a quien deberías vigilar es a Keira.

Y no pongas esa cara como diciendo que no sabes a qué me refiero.

Te he visto mirarla en un par de ocasiones y admito que ella es una mujer atractiva —le dijo dándole unas palmadas en el hombro con toda intención—.

Voy a saludar al tío de Fiona y de paso al McLeod. Les haré saber que he regresado.

—Si necesitas ayuda...

—Lo sé. Pero tú mejor presta atención a quien te he dicho.

James se apartó de Braden dejándolo sumido en sus pensamientos con relación a Keira.

Al parecer su amigo no era ajeno al interés que tenía en la hermana de Fiona.

Claro que de ahí a hacer lo que había hecho él, prometerle matrimonio, había un mundo, se dijo observando el desarrollo de la escena.

Solo que no esperaba hacerlo acompañado.

—Imagino que James ya le ha contado lo que sucede con su tío y de paso con William McLeod. —La voz de Balfour hizo que Braden girase el rostro hacia el hombre de confianza de la jefa de los Menzies.

—Sin duda alguna. Por eso estoy a la expectativa de lo que pueda pasar.

—Bien, pues ya tiene quien le haga compañía. Espero que llegue mañana y todo el asunto del testamento pase.

—¿Está seguro de que ninguno de los dos intentará algo esta misma noche?

—No, no lo estoy. Ni lo estaré hasta que Fiona se haya casado. Solo entonces respiraré algo más tranquilo.

Esta vio a James acercársele mientras hablaba con su tío. No perdió la ocasión para hacérselo saber a él y a William.

—Aquí está. —En un gesto inesperado para James, ella lo cogió de la mano y lo atrajo hacia su cuerpo—.

Hace algunas noches mi tío me preguntó dónde se encontraba, James.

Yo le expliqué que se había marchado a las tierras de su clan para informar a su familia de nuestra boda.

Y alguno me comentó que quizás no regresaría porque se lo había pensado mejor —comentó mirando a James, luego a sus tíos y al propio McLeod para dejarles claro cuál era la situación.

Este la contempló con una calidez que a cada momento lo sorprendía más y más. Lo que en un principio fue un gesto de querer ayudarla por lo que ella había hecho por él se estaba convirtiendo en algo diferente. Algo que tenía que ver más con la atracción y el cariño que ella le despertaba.

—¿Por qué no habría de hacerlo? —le preguntó a ella antes de volver su atención hacia los tíos de Fiona—. He dado mi palabra y la cumpliré.

—Es extraña su predisposición para casarse con mi sobrina. Nos llamó tanto la atención que pensamos que fue un impulso y que tal vez con el paso del tiempo y la distancia...

—Pues, aunque le parezca raro, Mordecai, he regresado para casarme con mi prometida.

—Ya, ya lo vemos. Bien, querida, vamos a saludar a los demás invitados —comentó su tío dándose perfecta cuenta de que allí sobraba.

William dirigió una mirada fugaz a la pareja y los felicitó. Al parecer no tenía ninguna posibilidad. Si pretendía algo con Fiona, estaba seguro de que el McLean sería capaz de acabar con él.

—Enhorabuena.

—Gracias —asintieron ambos.

James se volvió hacia Fiona con gesto preocupado. Le había parecido algo irónica cuando hablaba con su tío, pero no le extrañaba. Ella sonrió al darse cuenta de que él se interesaba por su bienestar de una manera más íntima y personal. Le importaba cómo se sentía.

—¿Está bien?

—Sí. Debo agradecerle que haya aparecido porque, sin duda, mi tío no parará en sus intentos por evitar que me case...

—Pero eso no sucederá.

—Por suerte ya ha pasado todo y está aquí de regreso, James.

—Sí. No se preocupe. Mañana nadie podrá importunarla con el tema del testamento.

Su tío tendrá que entretenerse en otros asuntos porque con usted habrá terminado.

Y, ahora, ¿qué le parece si bailamos? De ese modo todos verán que estoy aquí y que no voy a separarme de usted.

Por cierto, y antes de que se me olvide —dio un paso atrás para contemplarla de cuerpo entero vestida en color azul con el plaid disimulando el escote.

Vio cómo ella lo miraba intrigada por su gesto—, está muy elegante esta noche.

Me atrevería a decir que es usted preciosa, Fiona. Y, ahora, será mejor que bailemos.

Ella tuvo la sensación de que las fuerzas la habían abandonado cuando lo escuchó decirle aquello.

Su corazón se desbocó sin sentido. ¿Por qué le afectaban tanto aquellas palabras?

¿Por qué la mirada de él le aceleraba el pulso?

¿Es que en verdad se estaba enamorando de él?

¿Y él de ella? Abrió los ojos al máximo y resopló sin querer creerlo.

Braden y Balfour los observaban en silencio, atentos a cualquier imprevisto.

—Creo que James ha dejado claro a Mordecai y al McLeod quién es el nuevo señor de Menzies —comentó Balfour.

—Sí, pero a James no le interesa ser el señor del castillo. Dejará que Fiona siga siendo la jefa de los Menzies. No quiere el poder, creo que más bien le interesa ella —aseguró Braden cruzando los brazos sobre el pecho y asintiendo al verlos bailar.

Todo parecía controlado hasta que ambos hombres escucharon una conversación que hizo que los dos se miraran de reojo.

—Mira cómo baila con él. Cualquiera diría que la otra noche en casa de sus tíos no se entregó al McLeod cuando la invitó a bailar.

—Y qué me dices de cuando estuvieron a solas en la terraza. Hay quienes los vieron compartiendo confesiones y sonrisas —aseguró otra de las voces de mujer que estaban allí detrás de ellos.

Braden sacudió la cabeza escuchando con atención y mirando de reojo a Balfour, quien no tenía buena cara.

—¿Las ha escuchado?

—Por supuesto.

—¿Qué sabe al respecto?

El tono de Braden era frío y estaba cargado de interés y preocupación.

—Es cierto que bailaron, pero nada más lejos de la realidad de lo que decían.

—¿Y en cuanto a que salieron solos a la terraza?

—Lo desconozco.

Braden apretó los labios y asintió sin dejar de mirar a su amigo mientras bailaba con su prometida. No quería dar ni un solo paso en falso. Pero ¿debería saberlo? ¿Que Fiona había estado bailando con el hombre que la pretendía desde hacía años? ¿Que habían estado a solas fuera de la casa?

—¿Qué opina? ¿Debería decírselo?

Balfour miró a Braden con gesto serio y sacudió la cabeza.

—Debe ser ella quien lo haga si lo considera apropiado. No obstante, le comentaré a Fiona lo que hemos escuchado.

—Sería lo correcto. Si James oye comentarios de este tipo sobre ella, es capaz de matar al McLeod si se entera que le puso una mano encima o intentó propasarse con ella.

Sé de lo que hablo —le aseguró Braden, conocedor del carácter de su amigo.

Y, la verdad, no le apetecía que se metiese en líos después de que le contase toda la historia del tío de Fiona y lo que buscaba.