Capítulo 16 #3
Fiona agradeció que su hermana dejara el asunto de la boda aparcado hasta nuevo aviso.
Por ese día, había tenido demasiados altibajos emocionales y creía que lo más sensato era irse a descansar.
Pero tenía claro que su hermana tenía razón y que la ausencia de James la estaba afectando más de lo que ella podía suponer.
No sabía lo que le sucedía, pero, desde la noche en la que él la besó, todo en ella estaba cambiando.
Empezando por sentir la ausencia de él, y eso que no hacía mucho que se había marchado.
***
James montó en su caballo y emprendió el camino hacia el puerto para embarcarse junto a su familia y amigos desde la isla de Mull hasta Oban.
Tenía ganas de llegar lo antes posible al castillo de Menzies para terminar de preparar los detalles de la boda.
Luego, horas más tarde, apoyado sobre la borda contemplaba la costa que se extendía ante sus ojos.
A su lado permanecía Braden, su mejor amigo.
—¿Sigues dispuesto a casarte con la joven Menzies? Todavía estás a tiempo de cambiar de opinión —le recordó mirándolo con interés.
—He dado mi palabra.
—¿Qué importa? Puedes explicarle que estabas bajo los efectos de la herida. Yo qué sé. —Braden sacudió la mano en el aire restando importancia a este hecho.
—Tal vez para ti no signifique nada, pero sí lo es para mí. Además, ella... —James vaciló en el momento de continuar con su explicación, lo que llamó la atención de su amigo.
—¿No irás a decirme que te has enamorado? —lo señaló con el dedo y puso cara de sorpresa.
—No, pues claro que no.
—Pues no lo tienes muy claro que digamos. Has vacilado antes de responderme.
—¿Qué importancia tienen ahora mis sentimientos? He prometido ayudarla como pago por haberme acogido en su castillo y curarme la herida. Ya está. Un trato es un trato... y yo tengo por costumbre cumplirlo. Eso me lleva a avisarte acerca de tu comportamiento.
—¿De qué diablos hablas? ¿Qué le sucede a mi comportamiento?
—Le sucede que eres un pendenciero y un mujeriego. A eso me refiero. Deja a las muchachas de la región tranquilas.
«Y a Keira. Aunque no sé si ella te dejara acercarte».
—No tengo la más mínima intención de fijarme en alguna —aseguró moviendo la mano como si cortase el viento—.
Ni tampoco darle mi palabra a ninguna joven del clan Menzies.
Puedes estar tranquilo al respecto. Solo pienso en pasarlo bien en tu boda.
Nada de compromisos. Tienes mi palabra. Y, para que veas que hablo en serio, aquí tienes mi mano.
James bajó la mirada hacia esta, que permanecía esperando a la suya propia para sellar el pacto. Solo que él sabía que Braden no lo cumpliría cuando conociese a Keira.
—Paso.
—¿Por qué? —Braden lo miró como si en verdad le hubiese ofendido su gesto.
—Porque sé que, aunque me prometas que no te fijarás en ninguna muchacha de la región, no lo cumplirás. Por eso te lo digo. Y no me apetece andarte recordando este momento.
—Pareces conocerme muy bien.
—Demasiado bien. ¿Te recuerdo lo que sucedió en la boda de la hija del jefe de los Stewart Appin en su castillo de Stalker?
—Venga ya. Me liaron de mala manera y lo sabes.
—Seguro que sí. Eras la víctima perfecta, ¿verdad?
—Cierto. Aquella mujer me retó a beber y después aseguró que sería capaz de...
—Déjalo. Me hago una idea de lo que sucedió. Pero recuerda que tuviste que salir a hurtadillas de su habitación y largarte a la otra punta del país porque fuiste demasiado cariñoso con ella.
—¿Qué culpa tuve yo? Se encariñó conmigo de mala manera, James. Yo solo me limité a pasar la noche con ella. No le prometí nada, como haces tú. Por cierto, si es una boda para ayudarla a que conserve sus propiedades, ¿qué sucederá la noche de la boda?
James resopló desviando la mirada hacia la otra orilla a la que se acercaban. Sacudió la cabeza recordando la conversación que había tenido con Fiona en relación con ese momento.
—No sucederá nada.
—¿Nada? Pero...
—No es un enlace por amor.
—Es un matrimonio de conveniencia. Solo para que ella no pierda el castillo. Entiendo. Pero supongo que habrás pensado que a la mañana siguiente la gente querrá saber si se ha consumado. Ya me entiendes... Necesitarán la prueba de que ella ya no es virgen.
—Lo sé. Y llegado el momento sabré lo que tengo que hacer. No te preocupes.
—Debe de gustarte mucho ella.
—¿Por qué lo dices?
—Porque de lo contrario no estarías dispuesto a hacer todo lo que me cuentas. Has cambiado, James. Entiendo que la batalla nos ha afectado a todos, pero tu estancia en el castillo del clan Menzies ha terminado de hacerlo.
James apretó los labios y asintió.
—Tal vez estés en lo cierto. No te lo discuto.
Prepárate. Estamos llegando —le dijo señalando el embarcadero en la otra orilla.
No había vuelto a pensar en su noche de bodas, ni en las consecuencias que tendría a la mañana siguiente.
Había mentido a su amigo al decirle que todo estaba bajo control.
No era cierto; nada lo era en lo relacionado con ellos dos.
Tampoco sabía si llegaría el día en que lo estuviese.