La promesa de un McLean (Rebeliones en Escocia 2) Capítulo 16 #2
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Capítulo 16 #2

—Así es. Y le he recordado la cantidad de veces que insistí en cortejarla para terminar casándonos...

En fin, ella es la que tendrá que decidirse cuando regrese su prometido.

Si lo hace... —concluyó dejando el comentario ahí para que las tres mujeres sacasen sus propias conclusiones.

El chisme ya estaba plantado. Ahora solo faltaba que fuese creciendo al tiempo que pasaba de boca en boca.

Al final, bien Fiona o bien el McLean tendrían que tomar una decisión, pensó tratando de ocultar su sonrisa.

Fiona se acercó a Keira y, sin esperar a que esta hablase, le dijo:

—Nos vamos. Ya hemos pasado suficiente tiempo aquí.

—¿Qué ha pasado? No tienes buena cara.

—Luego hablamos. ¿Dónde está Balfour? ¿Y Callum?

—No se preocupe, señora. Yo lo buscaré —respondió el primero al escuchar que preguntaba por él.

—Bien. Os estaremos esperando aquí.

—¿A qué viene tu mal genio? Te he visto marcharte con William, lo cual no ha dejado de sorprenderme. Y ahora vuelves y solo tengo que fijarme en su semblante para sospechar que no ha sucedido nada bueno con él.

—Más bien con nuestro querido tío —la corrigió.

—¿Qué te ha sucedido con él esta vez?

—Le pide a William McLeod que hable conmigo e intente hacerme cambiar de opinión con respecto a la boda. Por la amistad que tenemos y sabiendo que él siempre ha estado interesado en mí.

—Al parecer no va a dejar de intentarlo hasta el último día.

—Por eso prefiero que nos marchemos. Así evitaremos el escándalo que está buscando.

—¿No marchamos? —preguntó Callum cuando llegó en compañía de Balfour.

—Así es —respondió Fiona lanzando una mirada a su hermano antes de volverse y dirigirse a la puerta. No quiso despedirse de su tío. No tenía ganas de hacerlo después de lo que acababa de saber.

A ninguno de sus acompañantes le sorprendió que Fiona pasase de largo delante de este. Pero entonces el propio Mordecai se acercó a ella.

—¿Te marchas ya, sobrina?

—Sí. Nos marchamos ya. Es lo mejor.

—Supongo que echas en falta a tu prometido.

—Sí. Lo echo de menos, y mucho, a pesar de que haya tanta gente aquí esta noche. Y sobre todo cuando alguien en concreto pretende lo que no debería hacer.

—No sé a qué te refieres, sobrina.

Fiona sonrió y arqueó las cejas.

—Habla con tu perrito faldero.

—¿Con quién...?

—Sabes de sobra a quién me refiero. No obstante, si lo prefieres te lo recuerdo: William McLeod.

No importa a quién envíes para hacerme cambiar de opinión.

No voy a hacerlo. Buenas noches. —Fiona le dio la espalda y se alejó con paso firma y ligero.

No soportaba pasar más tiempo en aquella casa rodeada de gente que solo buscaba su propio beneficio, causándole perjuicio a ella.

Nadie dijo una sola palabra. Fiona y sus hermanos abandonaron la casa en compañía de Balfour. Las dos hermanas se subieron al carruaje mientras ellos lo hacían sobre los caballos antes de emprender el regreso al castillo de Menzies.

—¿Estás bien? —le preguntó Keira a su hermana al verla cabizbaja, con la mano apoyada en la frente.

—Sí. Mejor desde que le he dicho las cosas como son a nuestro tío. Créeme.

—No piensa dejarte tranquila hasta que te hayas casado.

—Espero que James regrese cuanto antes para celebrar la boda. Solo entonces mi tío no podrá hacer nada para arrebatarme las propiedades del clan.

—Buscará la manera de perjudicarte. No sé si lo has pensado, pero tendrás que consumar tu matrimonio o no tendrá validez —le recordó Keira entornando la mirada hacia su hermana.

Fiona experimentó una sacudida en el cuerpo y sintió que la piel se le erizaba.

No había pensado en ello hasta que su Keira lo había dicho.

Había acordado con James que no habría noche de bodas.

Que no compartirían la cama bajo ningún concepto, pero entonces...

Cerró los ojos y suspiró con resignación.

No tenía ningunas ganas de pensar en ello en ese instante. Ya se le ocurriría algo.

—Lo sé. No te preocupes. Lo he hablado con James.

—Bien. Era por si pensabas saltarte «tu noche».

—Descuida. Está todo hablado. Ahora lo único que quiero es llegar a casa y relajarme. Enviar a William para que me haga cambiar de idea...

—Pero no lo ha conseguido.

—¡Pues claro que no! Ni lo conseguirá. Bajo ningún concepto —protestó Fiona alzando la voz al tiempo que sus pulsaciones se disparaban y parecía que el corazón se le iba a salir del pecho.

—Creo que, al final, acabarás enamorándote del McLean —le aseguró con una sonrisa llena de felicidad y picardía.

El rostro de Fiona ganó color debido a la ola de calor que experimentó en ese momento.

No estaba segura de lo que sucedería con él.

No lo tenía nada claro. Y solo el tiempo lo diría.

El carruaje se detuvo y ella se apresuró a descender.

Sin decir una palabra se adentró en la fortaleza sabiendo que bajo su techo se encontraba segura.

Keira la siguió a toda prisa deseosa por saber qué demonios le sucedía. ¿A qué venía esa manera de comportarse? ¿Le había afectado tanto que ella le dijese que se acabaría enamorando del McLean? ¿No era esa su intención, después de todo?

Encontró a Fiona dando vueltas por el salón; nerviosa como si fuese una fiera enjaulada. La veía morderse el pulgar con gesto pensativo.

—¿Se puede saber por qué te pones así? Estás atacada de los nervios. Ya sabíamos que nuestro tío buscaría la manera de hacer que renuncies a todo esto. —Keira abrió los brazos como si pretendiese abarcar el salón entero—. No sé por qué te sorprendes.

—Porque envía a William McLeod sabiendo que él siempre ha buscado cortejarme y hacerme su esposa. Y no creas que no lo ha intentado —se encaró con su hermana furiosa por toda aquella situación.

—¿Qué ha intentado? —Keira frunció el ceño y adoptó un tono intrigante.

—Hacerme cambiar de opinión. Está dispuesto a casarse conmigo mañana mismo si yo accedo. Asegura que no conozco lo suficiente a James como para dar ese paso con él.

—Bueno, pero tendrás tiempo para hacerlo a partir de la semana próxima. No hay que temer. Le has dejado más que claro que no cambiarás de opinión.

—Eso espero —resopló cerrando los ojos y llevándose una mano a la frente—. Si al menos James estuviese aquí... Todo esto se detendría de golpe.

—Dime una cosa. Y quiero que seas sincera conmigo, ¿de acuerdo?

Fiona asintió devolviéndole la mirada a su hermana mientras posaba sus manos sobre las caderas y la instaba a hacerle la pregunta.

—Adelante. Dime, ¿qué quieres saber?

—¿Tú quieres que McLean regrese porque su presencia detendrá todo esto de nuestro tío o porque en el fondo lo echas de menos?

Fiona cogió aire hinchado su pecho y apretó los labios. La expresión de su rostro parecía indicarle que no sabía la verdadera respuesta a esa cuestión.

—Supongo que un poco ambas cosas.

—Entonces, lo echas de menos.

—Sí, un poco. Tenerlo rondando por el castillo a todas horas o por los alrededores y las largas conversaciones que hemos mantenido por las noches aquí mismo junto al fuego han hecho que lo extrañe, en cierto modo.

—Fiona sonrió recordando esos momentos mientras se veía obligada a coger aire—.

Y también soy consciente de que, si esta noche hubiese estado a mi lado, ni mi tío ni mucho menos William habrían hecho cualquier comentario con respecto a que cambie de opinión sobre la boda.

Keira prestaba excesiva atención a los gestos de su hermana cuando hablaba del McLean.

Su expresión se había transformado dulcificando sus rasgos.

La rabia con la que antes se refería a su tío y a William McLeod había dejado paso a un tono más pausado.

No le quedaba duda de que su hermana comenzaba a experimentar un cambio en sus sentimientos por su prometido.

—Oh, creo que alguien en este salón está empezando a enamorarse.

—¿Quién yo? —reaccionó Fiona de inmediato al darse cuenta de que la deducción de Keira podría ser cierta.

—De las dos eres la que vas a casarse.

—Yo... Bueno...

Agarró de las manos a su hermana y la miró de frente.

—Estoy convencida de que es lo que sientes. A pesar de que yo no le he sentido nunca. Pero sí he notado algunos cambios en tu carácter desde que James no está en el castillo —la aseguró guiñándole un ojo.

El rostro de Fiona se encendió de manera tan inesperada como reveladora, provocando las risas en Keira.

—¿Sabes? Creo que es mejor que nos retiremos a descansar. Por hoy ya he tenido suficientes emociones.

—De acuerdo. Ya seguiremos hablando de James, de la boda y de las argucias de nuestro tío. Vayámonos a dormir.