Capítulo 16
F iona parecía distraída en ese momento en el que sin darse cuenta sintió que alguien la tomaba de la cintura y la arrastraba a bailar. Cuando reaccionó vio que William McLeod era el responsable. Lo miró con cara de pocos amigos e intentó zafarse de él, pero la tenía bien sujeta.
—¿Qué estás haciendo? —le espetó furiosa por su atrevimiento delante de todos los invitados.
—Sacarte a bailar. Eso hago. Y te agradecería que lo hicieses, ya que todos te están observando —le aseguró él con una cálida sonrisa—. No querrás que hablen mal de ti mañana, ¿verdad?
Fiona cogió aire y decidió seguir la danza en compañía de William y de los demás invitados. Pero no le había hecho ninguna gracia la libertad que él se había tomado.
Keira y Callum la observaban.
—¿Por qué no se ha negado a bailar? —sugirió Callum algo enfadado por ese gesto.
—Podría haberlo hecho, pero todos la están mirando. Y nuestra hermana no pretende dar que hablar a los demás con un mal gesto. Todos aquí conocen las intenciones de William con Fiona. Siempre ha pretendido que fuese su mujer y ella siempre lo ha rechazado diciéndole que iba a quedarse soltera.
—Ya, y de repente decide aceptar la propuesta de matrimonio de James —aseguró Callum.
—Por cierto, ¿dónde te habías metido? No te habíamos visto por aquí en un rato.
Su hermano pareció no escuchar la pregunta de Keira, ya que no le respondió de inmediato.
Sin embargo, sí lo había hecho y estaba pensando en la respuesta.
Contarle que había estado con Meribeth fuera haría que su hermana lo mirase de esa manera tan «suya».
Claro que, si no lo hacía y más tarde ambas se encontraban y la hija de los Moncreiffe se lo contaba a su hermana, a Keira le sobraría tiempo para ir en su busca y soltárselo.
—Oh, he estado fuera tomando el aire.
—¿Tú solo?
—Sí, claro.
—¿No has hablado con nadie?
—Estaba Meribeth y algunas personas más.
—¿Qué tal con ella? Antes nos preguntó si habías venido porque no te había visto.
—Pues ya lo hizo cuando salió. Mira, Fiona se ha cansado de danzar —dijo haciendo un leve gesto con la cabeza hacia esta. Debía cambiar el tema de conversación cuanto antes o su hermana lo atosigaría con respecto a Meribeth.
Fiona se situó junto a sus hermanos y esperó a que William se largase cuanto antes. Pero, para sorpresa de ella, él permaneció allí de pie a su lado un rato más. De repente se giró cogiéndole la mano para besarla ante las miradas de todos.
—Ha sido un honor que hayas danzado conmigo, Fiona.
—No le soltó la mano y se quedó mirándola de manera fija a los ojos.
Sabía que no podía besarla delante de todos porque no sería lo acertado.
Pero quería provocar alguna reacción en ella.
Tampoco creía que lo abofetease después de haber danzado con él—. ¿Podemos hablar de tu situación?
Fiona se sintió confundida por su pedido. ¿Qué quería? Que ella supiese no tenían nada de lo que hablar.
—¿Por qué? ¿Qué quieres decirme? Yo creo más bien que entre nosotros todo está dicho.
—Al menos, quería disculparme por mi comportamiento contigo.
Aquel cambio en él la sorprendió.
—Aceptadas.
—Te lo agradezco. Sé que la otra noche en el castillo del clan Moncreiffe estuve algo arrogante cuando supe que ibas a casarte.
—Sí, es cierto. Lo estuviste. —Ella comenzó a caminar poniendo distancia con los demás asistentes. Era consciente de que eran muchos los que la observaban.
—Entiende que no me hizo ninguna gracia saberlo. Durante años traté de cortejarte, pero tú dejaste muy claro que no te casarías nunca. Luego, mi comportamiento era, hasta cierto punto, lógico.
—Que yo decida casarme no te da derecho a comportarte de una manera grosera —empleó un tono seguro sosteniendo su mirada para dejarle claro que no aceptaría otra situación como la vivida.
Él se fijó en cómo se acercaba más a él y se mantenía firme, mirándolo como si lo estuviese retando.
—Debo admitir que en este momento tu mirada me lo ha dejado más que claro. No volveré a importunarte, pero hay algo que deberías saber con respecto a tu tío.
Aquel comentario la obligó a fruncir el ceño y ponerse en alerta. Se esperaba cualquier cosa de él.
—No creo que nada de lo que puedas decirme me vaya a sorprender a estas alturas.
—Yo no estaría tan segura si fuese tú. Tu tío no acepta tu boda porque significará perder el castillo y las tierras del clan Menzies.
—Lo sé desde que todo el asunto del testamento de mi padre surgió. No es nada nuevo.
Se había alejado de la gente y había salido a la parte posterior de la casa donde apenas si había algunos invitados tomando el aire, charlando o parejas entregadas a sus galanteos buscando intimidad.
—Pero sí lo es que me haya pedido que hable contigo para hacerte cambiar de opinión —le aseguró con total convencimiento para comprobar la reacción que tenía ella.
No le contaría la argucia que le había planeado y que él había aceptado.
Sin embargo, después de pensarlo había optado por cambiar su estrategia e intentar acercarse a Fiona desde otra perspectiva, para intentar confundirla en sus sentimientos.
—¿A ti? ¿Por qué?
—Bueno, tal vez porque sabe que yo he tratado de casarme contigo antes. Porque nos llevamos bien, dada nuestra amistad. O porque cree que yo puedo hacerte cambiar de idea. Algo que me parece imposible, si te soy sincero —le aseguró sonriendo en un intento por contagiarla.
Fiona arqueó las cejas y sonrió al mismo tiempo que él.
—La verdad es que no me sorprende viniendo de él. Pero desde ya te digo que no tienes nada que hacer al respecto.
—¿Estás segura de tu decisión?
—Ya he repetido una y mil veces que así es.
—Pero ¿cómo sabes que él regresará? Debería estar aquí esta noche contigo y no lejos, en sus tierras.
Si yo fuese él, no te dejaría a solas en ningún momento y lo sabes porque me conoces, Fiona.
—La sujetó con delicadeza por los brazos mientras la contemplaba con una media sonrisa esperando que sus palabras y su comportamiento la hiciesen dudar.
Ella entreabrió los labios tomando aire porque la situación le impedía respirar. Ni siquiera se dio cuenta de que él la sujetaba impidiéndole marcharse.
William, por su parte, no quería dejarla ir e intentaba captar la atención de los allí presentes. Que diera la impresión de que ella estaba interesada en él. Que corrieran los comentarios de esa escena para cuando el McLean volviese.
Fiona pareció reaccionar y sacudiendo la cabeza dio un paso atrás.
—Puedes decirle a mi tío que no cambiaré de opinión. Da igual que te pida a ti que hables conmigo para ver si cambio de parecer. Es mi última palabra.
—Siento escucharte decirlo de nuevo. Pero pierdes el tiempo con el McLean.
Él solo se casa por hacerte un favor; yo lo haría porque siempre me he sentido atraído por ti.
—La agarró de la mano y se la llevó a los labios sin que ella se opusiese.
Él la besó sin apartar la mirada del rostro de ella.
No pareció inmutarse, o lo disimuló muy bien.
La gente que había allí fuera no perdía detalle de la escena que se desarrollaba a escasos pasos de ellos. Y algunos ya comenzaban a murmurar al respecto.
—Es Fiona Menzies, ¿no? —preguntó una de las mujeres que estaba en el exterior de la casa y que no apartaba su atención de la pareja.
—La misma —asintió una de sus dos compañeras.
—¿Qué hace aceptando el galanteo del McLeod? Si está prometida con un McLean de Duart, debería mantenerse leal a él, y no parece que haga ascos a la compañía de William.
—Ten en cuenta que él siempre ha estado pendiente de ella y ha intentado cortejarla para hacerla su esposa. Pero ha llegado tarde, aunque eso tampoco parece detenerlo —aclaró una tercera mujer sin apartar su atención de lo que se desarrollaba.
—A lo mejor Fiona se lo está pensando y después de todo acepta la propuesta del McLeod. Al menos a este lo conoce desde hace años. Y el McLean no deja de ser alguien que apareció herido en sus tierras y que ella recogió y ayudó.
—Sí, un jacobita, según parece —exclamó con cierto desprecio una de las mujeres.
—Bien haría Fiona en romper su compromiso con él y aceptar a William —resumió otra de las presentes.
—O puede que lo haga el McLean si se entera de esto.
Las tres mujeres se callaron, pero no dejaron de observar los acontecimientos de la pareja. No tardaría en correrse la voz de lo que estaban viendo.
—Es mejor que regrese con mi hermana ya —sugirió Fiona después de que él la hubiese dejado libre luego de besarle la mano con toda intención. Pero no se apartó de ella, sino que se mantenía lo más cerca posible.
—Piénsalo. No cometas un error. —Dejó que el pulgar de él le acariciase la mejilla obligándola a apartarse con un movimiento rápido.
Se volvió dándole la espalda y regresó al interior de la casa pasando por delante de las tres mujeres.
Intercambiaron una mirada bastante esclarecedora con ella, como si le reprochasen lo que acaban de ver.
Fiona no quiso pensar en nada y se alejó ajena a los comentarios que circulaban ya sobre ella y William McLeod.
Este se dirigió al salón con paso lento y una sonrisa cínica porque había conseguido captar la atención de las mujeres que en ese momento lo observaban. McLeod se detuvo ante ellas y sacudiendo la cabeza les habló:
—Pobrecilla, estaba confusa. Estar a solas ahí, charlando, le ha hecho recordar otros momentos que pasamos juntos y... ahora no sabe qué hacer con su compromiso.
—Es lógico, ya que os conocéis desde hace mucho tiempo —le recordó una de las mujeres.