Capítulo 15 #2
—Pues a que siempre quieren saber algún chisme, sacar información para después ir a contárselo a vuestras amigas. Todo el tiempo estáis pensando en el amor y en las relaciones. —Callum sonrió divertido y sacudió la cabeza sin creer que ella estuviese interesada en saber qué mujer le atraía.
Meribeth se sintió algo molesta por aquel comentario acerca de los chismes.
—Y vosotros siempre estáis pensando en la política y en la guerra. Por suerte la rebelión iniciada por Claverhouse no llegó a más. Los Menzies no combatisteis, pero he escuchado decir que algunos hombres desobedecieron la orden de tu hermana.
—Sí. No quería perder hombres en la rebelión.
—Creo que hiciste bien en no ir.
Callum frunció el ceño.
—¿Por qué lo dices? A mí no me hizo gracia quedarme mientras otros clanes luchaban por el rey. Pero debo obedecer la voluntad de mi hermana al ser ella jefa del clan.
—Podías haberte fugado con los hombres que la desobedecieron...
Callum se fijó en su manera de arquear las cejas y abrir los ojos para quedarse contemplándolo.
Y luego esa sonrisa que comenzaba a resultarle algo fastidiosa.
¿Por qué demonios se fijaba en sus labios y en lo sugerentes que le parecían?
¿Estaba loco o qué? Si le insinuaba lo más mínimo a Meribeth, esta pensaría que querría cortejarla y... Y no era eso en lo que pensaba.
—No era buena idea. Ya te he dicho que respeto la opinión de la jefa de mi clan.
—Lo sé y lo entiendo. ¿Qué harás una vez que Fiona esté casada?
—¿A qué te refieres?
—Bueno, a que tendrá un marido y que podría convertirse en el señor de Menzies.
—No, no. James no busca serlo. Nada de eso.
—Entonces, ¿se marcharán a las tierras de los McLean? ¿Al castillo de Duart?
—Tampoco. Se quedará con mi hermana en el castillo de Menzies como hasta ahora. Y yo seguiré haciendo lo mismo.
—Divirtiéndote en las tabernas de Perth y los alrededores —le aseguró con una risa divertida. Sabía que así era porque se lo habían comentado.
—Eh... Sí, en parte. Pero, oye, no hago nada malo. ¿Y... cómo demonios lo sabes? —Le dedicó una mirada de pies a cabeza, como si la estuviese evaluando. Y se fijó en la manera en la que su rostro se encendía.
La mirada tan descarada de él le produjo un golpe de calor que se acentuó en su rostro. De repente se sintió vulnerable por su forma de mirarla. Tragó saliva y se recompuso. Se humedeció los labios y sonrió coqueta.
—Tengo amistades que te han visto.
—¿Y van y te lo cuentan?
Ella echó atrás a cabeza mostrando su cuello.
Callum se fijó en su piel blanca y de aspecto suave que nada tenía que ver con las compañías que él frecuentaba en las tabernas de la ciudad y los alrededores.
Y luego sus carcajadas, su mirada entornada y sus labios entreabiertos por los que la escuchaba jadear.
—Creo que voy a regresar al interior ahora que ya he tomado el aire —le comentó conocedora de que tenía que salir de allí de inmediato.
Callum le atraía y no le importaría que la besara allí mismo, sin embargo, consideró que era mejor retirarse.
Dejarlo con la intriga de saber por qué le iban con los chismes de sus andanzas por las tabernas y en compañía de quien.
¿No se había parado a pensar el motivo por el cual ella lo sabía?
Callum la vio alejarse, pero no sin dedicarle una mirada traviesa antes de irse.
—Qué diablos...
Por un momento la había considerado atractiva y peligrosa.
Debería tener en cuenta que Meribeth Moncreiffe no era la clase de mujeres que él frecuentaba en las tabernas.
Si se le ocurría besarla, estaría perdido sin remedio.
Sacudió la cabeza y decidió que él también regresaría al interior y buscaría a Balfour.
Mordecai llamó la atención de William McLeod en un momento de la velada. Lo condujo aparte porque no quería que nadie escuchase lo que tenía que proponerle. Había estado observándolo y había llegado a la conclusión de que podría emplearlo en su propio beneficio.
—He visto cómo mira a mi sobrina Fiona —dijo esgrimiendo una sonrisa cínica y observándolo con la mirada entornada.
—Sí, es cierto.
—¿A qué se debe su interés?
—Si va a decirme que me aleje porque ella está comprometida y todo eso, ya lo sé —le aclaró intentando alejarse, pero la mano de él lo retuvo.
—No voy a recriminarle su comportamiento con Fiona. Nada más lejos. Al contrario, ¿está interesado en ella como mujer?
La expresión que dibujó Mordecai llamó la atención de William.
—Siempre lo he estado, pero ella nunca me ha hecho caso. Es más, se lo recordé hace unas noches cuando coincidimos en el castillo del clan Moncreiffe. Decía que nunca se casaría y ahora, de repente, tiene un prometido —dijo con resquemor.
—Es una estrategia para quedarse con el castillo y las tierras del clan. Ya se lo dije. Si nos ayudamos mutuamente, podemos salir beneficiados ambos.
—¿De qué modo? —William entrecerró los ojos mirándolo con intriga por lo que tuviese que ofrecerle.
—Escúcheme bien: si acepta lo que le propongo, ambos tendremos lo que queremos. Yo, el castillo y las tierras de los Menzies. Y usted a Fiona.
William McLeod frunció los labios y asintió.
—Acaba de despertar mi interés.
—Lo celebro.
—Pero ¿cómo hará para que se suspenda la boda? Porque imagino que ese es el principal objetivo.
—Por supuesto. Haremos que sea el McLean quien la rompa y la deje sola. Haremos correr el rumor de que le ha sido infiel con usted —le dijo señalándolo con el dedo.
—¿Y el McLean se lo creerá?
—Si compramos testigos fiables, lo hará. Usted acaba de decirme que siempre ha intentado cortejar y casarse con mi sobrina. Pues bien, haremos creer a todos que al final ha sucumbido a su presión. Que ha recapacitado cuando el McLean se marchó.
—Ella no lo creerá y se defenderá ante todos.
—Poco importa si logramos crear la duda en su prometido. Basta con que rompa el compromiso. Ella no tendrá un pretendiente a tiempo para casarse y retener las propiedades del clan, que pasarán a mí. La otra opción es que se case con usted para fastidiarme, ya que usted será su única baza.
—Lo entiendo.
—Es cuestión de tiempo que usted la repudie por sus continuas infidelidades y la eche del castillo.
—Que pasará a sus manos... —dedujo William sonriendo cínico.
—Eso es. Le compensaré por todo el trabajo.
—Quiere que le consiga el castillo y las tierras de su clan.
—Me corresponden. Mi hermano ha sido un estúpido al dejarlos en manos de mi sobrina.
Pero se los arrebataré de manera legal, de acuerdo con el testamento.
Ya le he dicho que le compensaré, así que aproveche la oportunidad que tendrá con mi sobrina —sonrió de manera ladina y cínica imaginando lo que aquel tipo le haría.
—¿Cuándo quiere que empiece el espectáculo?
—Deje verse con ella aquí para que todos sean testigos y no les sorprendan los rumores que después esparciremos por la región. E incluso muéstrese cortés con ella, agasájela y consiga que le sonría.
William McLeod se mostró satisfecho con la propuesta. Sí. ¿Por qué no? Después de todo podría tener a Fiona Menzies para él. Si no quería perderlo todo, tendría que aceptarlo a él como marido. Y McLean la vería como a una mujer infiel en la que no confiaría.