La promesa de un McLean (Rebeliones en Escocia 2) Capítulo 14 #2
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Capítulo 14 #2

—Nada, solo que no me extraña que digas eso, porque ya sabes cómo son algunos hombres de esta localidad. En fin, creo que deberíamos dejarte para que vayas en busca de él —sugirió Keira dándole unas palmadas en el antebrazo con toda confianza.

—¿Habéis venido solas? —Miró a ambas con curiosidad.

—No, no. Callum y Balfour están por ahí, por si necesitas a alguno de ellos —dejó caer Keira consciente de que Meribeth no vacilaría en ir en busca de su hermano.

—De acuerdo. Os veo más tarde.

—Por supuesto —asintió Fiona viéndola alejarse.

—Te lo dije. Meribeth está interesada en Callum.

—¿Y qué pretendes? ¿Acaso emparejarlos? —preguntó Fiona elevando una ceja con suspicacia.

—¿Por qué no? Hacen buena pareja.

—¿Le has preguntado a Callum o te ha comentado él algo sobre Meribeth?

—No he tratado el tema con él.

—Pues deberías, antes de meterte en su vida.

—He visto cómo la mira.

—Por eso huye de ella cuando la ve, según tú, y la propia Meribeth. Y, ya que te pones a elegir una mujer para nuestro hermano, ¿qué hay de ti?

Keira abrió la boca para responderle de inmediato, pero sus palabras no salieron. Sacudió la cabeza y encogió los hombros como si no le concediera importancia al tema.

—No tengo intención de buscar un pretendiente ahora que tú vas a casarte. Es más, no he conocido a ningún hombre que me atraiga ni que me provoque escalofríos ni emociones diversas. Ni que me mire como el MacLean te mira a ti. No, no me mires como si te estuviese mintiendo. Es la verdad.

—De acuerdo. Pero deja tranquilo a Callum. Que sea él quien libre sus batallas. Ya tiene edad para hacerlo —le aseguró viéndolo hablar con Balfour.

—Queridos amigos y amigas —la voz de su tío se elevó por encima de las conversaciones que se mantenían, captando la atención de todos los presentes, incluidas las dos hermanas—, he querido celebrar esta reunión íntima para felicitar a mi sobrina Fiona por su reciente compromiso —dijo señalándola con la mano y haciendo que se convirtiese en el centro de atención.

Esta inspiró y soltó el aire despacio levantando el rostro con cierta altivez. Sonrió a todos de manera cordial.

—Enhorabuena, sobrina. Siento que tu prometido no haya podido asistir. Nos habría gustado tenerlo aquí entre nosotros.

—Se encuentra en las tierras del clan McLean, en su castillo de Duart, contándoles a sus padres lo de nuestro enlace. En unos días estará de regreso y podrás volver a hablar con él. De todas formas, ya lo viste en Menzies —le recordó con el mismo tono irónico que había empleado él.

—Cierto. Cierto. Pero insisto en que nos habría gustado tenerlo aquí esta noche. Uno no puede dejar de pensar en que tal vez haya cambiado de idea y no regrese, sobrina...

Ella sonrió. Este era el motivo de la reunión, sembrar la duda acerca de la veracidad del enlace.

—No te preocupes que lo hará. Tengo su palabra, y un MacLean siempre la cumple.

Gracias por la velada, pero no tenías por qué hacerlo.

Y ahora disfrutemos, ¿no crees? —Fiona entornó la mirada queriendo hacerle ver que aquella puesta en escena, para dejar claro que su prometido se había marchado, no iba a funcionarle.

Su tío asintió con una sonrisa disimulada y volvió a hablar con sus invitados dejando a su sobrina tranquila por el momento.

Fiona se apartó en compañía de su hermana. Callum y Balfour acudieron a su lado. La expresión de su hermano dejaba claro lo que todo aquello le parecía.

—Ya sabemos cuál es el verdadero motivo de esta reunión —comentó en un tono que revelaba su postura—. No parará de buscar la forma de arrebatarte el castillo, que por derecho te pertenece por ser la primogénita.

—Lo sé. Pero Mordacai siempre ha ansiado Menzies y sus tierras, no lo olvidemos.

Y hará todo lo posible para evitar la boda, que transcurra el plazo fijado por el testamento y, de ese modo, hacerlo cumplir a su favor —resumió Fiona segura de ella misma—.

Lo que importa es no caer en sus provocaciones.

Y tú, el primero, Callum. No olvides que todo lo que hace es con ese fin.

—Si James estuviese aquí...

—Pronto estará de vuelta. No te preocupes. Y ahora diviértete.

—Creo que Meribeth te andaba buscando —apuntó Keira en un intento por cambiar de tema y relajar la tensión.

—Sí, la he visto antes.

—¿Qué te traes con ella?

—¿Yo? ¿Por qué me lo preguntas? —Callum miró a su hermana de pies a cabeza como si no la conociese.

—Solo pregunto. ¿No te parece muy interesada en ti?

—¿En mí? ¿Por qué? Soy un tipo corriente.

—A lo mejor por eso mismo le gusta pasar el tiempo contigo. ¿Y a ti? ¿Qué te parece? ¿No te agrada charlar con ella?

Callum balbuceó y sacudió la cabeza.

—Pero ¿de qué demonios me estás hablando?

¿No estarás pensando en que ella me guste?

—le preguntó algo nervioso por semejante cuestión.

Lo cierto era que la consideraba una muchacha bonita, atenta con él y a la que gustaba hacer compañía.

Pero no quería confundirla y hacerla creer que él pudiese estar interesado como para que fuesen pareja.

Se fijó en la expresión de su hermana frunciendo los labios y formando un arco con las cejas al tiempo que movía la cabeza.

—Podría suceder, ¿no?

El rostro de Callum pareció revelar sus verdaderas emociones por Meribeth. Se quedó mudo, fruto de los nervios que experimentaba cuando le hablaban de la joven Moncreiffe.

—Balfour, será mejor que dejemos a mis hermanas y nos vayamos a tomar algo —dijo dirigiéndoles una mirada de extrañeza e incomprensión a Fiona y Keira.

—Pienso que después de todo, y a pesar de lo que me digas, nuestro hermano y Meribeth podrían acabar juntos, ¿no crees? —sentenció Keira con una sonrisa y cruzando los brazos.

Fiona puso los ojos en blanco.

—Eres incorregible, Keira. Primero fui yo.

Le diste la razón a James en su locura de ofrecerse para casarme con él y solucionar el tema del testamento.

Y ahora nuestro hermano pequeño. Déjalo tranquilo y empieza por buscarte a alguien con quien librar tu propia batalla, ¿quieres?

Podrías empezar esta misma noche con alguno de los hombres que hay aquí.

—No, no. Esta noche he de velar por tus intereses. Estoy segura de que las sorpresas no han terminado.

—¿A qué te refieres?

—A William McLeod. ¿Qué hace aquí? Porque si nuestro querido tío lo ha invitado es por algún motivo que de momento desconocemos.

—Keira hizo un gesto con el mentón hacia donde se encontraba este, hablando con el tío de ambas.

A juzgar por los gestos de William, parecía como si ambos se entendiesen—. Ten cuidado con él.

Fiona giró el rostro para seguir la indicación de su hermana. Sí. Allí estaba. Y estaba segura de que en breve iría a saludarla. Y también de que se regocijaría porque James no estuviese con ella. Su hermana tenía razón: más le valía cuidarse de él.