La promesa de un McLean (Rebeliones en Escocia 2) Capítulo 14
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Capítulo 14

E l tiempo pasaba acercándose al día la boda.

Fiona estaba más inquieta a cada momento y en parte se debía a que ansiaba la vuelta de James.

No quería pensar que no regresaría, como había hecho en algún que otro momento.

De inmediato lo había desechado de su mente.

No podía dejarse influir por esos comentarios que su tío Mordecai le había sugerido.

Pero la verdad era que hacía días que se había marchado a Duart, y no sabía nada de cuándo regresaría.

Y, para colmo, esa noche tenía una fiesta en su honor en casa de sus tíos.

Algo que no le hacía demasiada gracia porque sabía que la iba a estar mirando toda la noche.

Y ni qué decir si iba sin James. Empezarían a murmurar acerca de la boda y de si el MacLean, después de todo, se echaría atrás.

Estaba terminado de arreglarse en su habitación cuando apareció su hermana en el umbral de la puerta.

—¿Todavía no has terminado? Me da la impresión de que no te apetece demasiado ir.

La voz de Keira obligó a Fiona a volver la cabeza hacia esta.

—La verdad es que no, porque sé que voy a convertirme en el centro de atención toda la noche por no ir acompañada de James. Se suponía que mis tíos esperarían a que él hubiese regresado de Duart.

—Es verdad, pero no les des el gusto de que te vean así. Supongo que ha sido cosa de Mordecai para sembrar de dudas tus opciones de boda ante todos los asistentes.

—Sé que lo hace con esa intención. Ponerme nerviosa ante la ausencia de James.

—Tonterías. —Keira agitó la mano en el aire restándole importancia a ese comentario—. James regresará esta semana y podréis terminar de planificar la boda. Y nuestro tío tendrá que aguantarse.

—Lo sé, pero a veces no puedo evitar pensar que él no regrese.

—James no te ha dado motivos para no hacerlo.

Lo he visto con mis propios ojos. Acuérdate del beso que te dio la noche que estuvimos en el castillo de los Moncreiffe.

Cuando te den esos bajones de pensamiento, acuérdate de esa velada, ¿querrás?

Y, por otro lado, desde el primer momento él se ofreció a ayudarte, ¿por qué iba a echarse atrás ahora?

No tendría sentido, Fiona —le recordaba tratando de animarla.

James volvería a tiempo con su clan para la ceremonia. No había nada que temer al respecto.

—Pensado de esa manera, tienes razón. Sin embargo, los fantasmas de que todo se venga abajo en el último momento están ahí.

—Lo sé. Pero tienes que alejarlos en cuanto los veas asomar en tu mente. Eres la jefa del clan Menzies y debes comportarte como tal. Y yo he conocido a esa mujer de la que te estoy hablando.

Fiona sonrió agradecida por las palabras de ánimo de su hermana.

Era verdad que ella misma se había mostrado como una mujer fuerte, decidida y valiente en el momento en el que tuvo que hacerse cargo del clan tras la muerte de sus padres.

Y esa noche volvería a demostrárselo a todos los asistentes a la velada en casa de sus tíos, se dijo segura de sus palabras.

Fiona viajó en completo silencio desde Menzies, centrada en lo que podía suceder esa noche.

Después de la charla con su hermana sobre lo que le esperaba y lo que ella representaba, Fiona había ganado confianza para afrontar los comentarios de sus tíos acerca de la ausencia de James.

Ella estaba convencida de que lo había hecho de manera intencionada para hacerla sentir incómoda.

—Vas muy callada —le comentó su hermana Keira fijándose en la concentrada expresión de su rostro.

—Más bien voy relajada.

—¿Pensando en lo que hemos hablado?

—No necesariamente. Tienes razón. Soy la jefa del clan Menzies. He tenido que sacarlo adelante y no pienso echarme atrás porque mi tío pretenda hacerme dudar de James y de su palabra —dejó claro justo cuando el carruaje se detenía frente a la casa y Fiona se preparaba para descender.

Inspiró hondo y, echando los hombros atrás, comenzó a caminar hacia la entrada donde los invitados se paraban para ser saludados por los anfitriones. Allí estaban sus tíos y sus primos. Mordecai sonrió al verlas llegar y asintió a modo de saludo.

—Buenas noches y bienvenidas, queridas sobrinas. Y sobrino —añadió fijándose en Callum, quien apareció por detrás de sus hermanas.

—Buenas noches, y gracias por la invitación, tío.

—Veo que, al final, tu prometido no te acompaña.

Fiona sonrió irónica.

—Ya te dije que estaba visitando a su familia en el castillo de Duart.

Podrías haber esperado a su llegada para hacer esta reunión.

Él y su familia estarán aquí justo a tiempo para la boda.

Podrás hablar con él todo el tiempo que precises —le aclaró empleando un tono entre la ironía y la desilusión—. Tía Margaret, ¿cómo estás?

—Muy bien, querida.

—Primo Joseph, hacía tiempo que no te veía. Y al primo Alston tampoco.

—Sí, hace bastante que no coincidíamos, Fiona.

—Pues solucionado el tema gracias a tu padre. —Le lanzó una mirada cargada de intención y Mordecai solo pudo limitarse a asentir con cierto desagrado.

—Espero que disfrutéis esta noche —se limitó a decirles al darse cuenta de que de entrada no veía a su sobrina nerviosa ni apenada por haber acudido allí sin el McLean.

No parecía que le afectase su ausencia. Al contrario, la encontraba confiada en sus posibilidades.

Si no hacía algo, perdería sus opciones de conseguir el castillo Menzies y sus tierras.

—Lo haremos. Descuida. Para eso estamos aquí —afirmó Fiona con una sonrisa algo cínica, igual que su tono. Quería dejar claro a su tío que no le importaban sus tretas para ponerla nerviosa sobre la ausencia de su prometido.

—Será mejor que charlemos con la gente, de ese modo nuestro tío te dejará en paz —le sugirió Keira a su hermana—. Por cierto, ¿crees que se lo habrá contado a nuestra tía? Me refiero a la cláusula del testamento.

—Es lo que imagino, así ambos hacen un frente común. Pero descuida, que no dejaré que me arrebaten lo que es mío. —La mirada de su hermana estaba cargada de frialdad e incluso a Keira le pareció amenazante.

—Veo que vuelves a ser la jefa del clan Menzies, querida —le dijo con cariño y diversión Keira—. Mira, allí está Meribeth. Cuando Callum la vea, apuesto a que saldrá huyendo.

—¿En serio? ¿Crees que está interesada en nuestro hermano? —Fiona se mostró algo sorprendida por ese comentario.

—Deberías haberlos visto la noche en Tullibole.

Creo que Meribeth se siente algo atraída por él.

Pero Callum escapa de ella en cuanto puede.

Se pasó gran parte de la noche en compañía de Balfour, cuando no estaba junto a James.

—Keira entornó la mirada a propósito para darle a entender a su hermana cuál había sido la situación—.

Tú no pudiste verlos porque estabas muy atareada con el McLean.

—Es cierto.

Meribeth acudió a saludarlas en cuanto las vio. Estaba elegante, con un vestido en tonos azules y un escote recatado. El plaid del clan Moncreiffe le cruzaba el pecho sujeto por un broche.

—Me alegro de veros a las dos. Suponía que vendríais, ya que son vuestros tíos los que organizan esta velada en tu honor, al parecer —comentó extendiendo el brazo hacia Fiona hasta cogerle su mano y apretarla en señal de amistad.

—Sí, así es.

—¿Dónde está tu prometido? Las malas lenguas aseguran que se ha marchado de Menzies para no regresar —le confesó en voz baja, como si pretendiese que nadie se enterase de ello.

—No les hagas caso. James se marchó a Duart para informar a sus padres de nuestro enlace. En unos días todos estarán aquí en representación del clan McLean. De cualquier forma, no soy ajena a esa clase de chismes. Y no les doy ningún valor.

—Me alegra que lo hagas. La verdad es que hay gente que solo quiere sembrar discordia. Como si no hubiésemos tenido bastante con la reciente rebelión.

—Pues al parecer hay personas que gustan de buscar enfrentamientos.

—¿Qué tal tú? ¿Hay algún joven pretendiente a la vista?

—Keira cambió el tema de la conversación para dejar a su hermana libre de esos pensamientos.

Era algo monótono y hasta aburrido estar siempre con lo mismo sobre el McLean.

Y por otra parte quería saber si Meribeth les contaría algo sobre Callum.

—Alguno que otro hay —respondió sin mucho interés, desviando la mirada de los rostros de las dos hermanas para pasearla por el salón como si buscase a alguien.

—No parece que sean de tu agrado —dedujo Keira entornando la mirada hacia la joven.

—Ni lo más mínimo. Y encima deberíais escuchar a mi madre al respecto de ese tema.

—Nos hacemos una idea —asintió Fiona.

—Bueno, si no te complace ninguno de tus pretendientes...

—Eso digo yo, pero mi madre erre que erre con que tengo que decidirme.

—Dinos, ¿no tienes a ningún otro en mente? —le preguntó Fiona interviniendo para cortar a su hermana, y su descaro. Solo le faltaba preguntarle si Callum era este, se dijo.

La mirada y sonrisa de Meribeth hacia las dos hermanas fue bastante explícita, para el gusto de ambas. Y a Fiona no le quedaron dudas al respecto de lo que Keira le había comentado acerca de esta y su hermano en la velada en Tullibole.

—Lo hay. Sí.

Ambas hermanas sonrieron abriendo los ojos al máximo, fingiendo estar sorprendidas por esa revelación.

—Tal vez deberías hacérselo ver tú. Si él no se decide —sugirió Keira con toda la picardía posible, pese a que pretendía no parecer demasiado interesada.

—Lo intento, no creas que no. Pero, cuando me ve cerca, huye de mí. No entiendo el motivo.

—Oh, vaya —exclamó Fiona mirando a Meribeth de manera fija. Tal vez debería tener una charla con Callum al respecto.

—Insiste. Si lo ves esta noche, aprovecha la oportunidad para ir tras él —le sugirió Keira, sorprendiendo a su hermana, cuya mirada reflejaba incredulidad.

—Sin duda que lo haré. Pero he de pillarlo desprevenido.

—No me extraña... —murmuró Keira sabiendo a lo que se refería Meribeth. Su hermano no se separaría de Balfour esta noche.

—¿Cómo dices?