La promesa de un McLean (Rebeliones en Escocia 2) Capítulo 13
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Capítulo 13

F iona terminó de hablar con el pastor que oficiaría la ceremonia. Iba distraída o centrada en sus pensamientos cuando su hermana le dio un ligero toque en el brazo para que le hiciera caso.

—Mira. Ahí están nuestros tíos. Y ya nos han visto, de manera que prepárate porque te van a preguntar qué haces en la capital. —Keira se fijó en la cara que puso su hermana cuando se dio cuenta de la presencia de estos.

Mordecai se detuvo ante sus dos sobrinas con una sonrisa, que no gustó a ninguna de ellas. A su lado iba su tía Margaret, como de costumbre. Esta se mostró sorprendida por el inesperado encuentro.

—¡Qué sorpresa más agradable veros por la ciudad a todos! —especificó Mordecai cuando se fijó en la presencia de los demás.

Balfour y Callum no se mostraron muy contentos. Ninguno de los dos podía verlo. Sabían lo que ansiaba y no se fiaban de él. No hasta que Fiona se hubiese casado con James.

—Creo que es una de las pocas ocasiones en las que os he visto en Perth —señaló Margaret.

—Ya sabes que no venimos mucho por aquí. Preferimos quedarnos por los alrededores del castillo —les dijo Fiona con naturalidad—. Pero tenía que venir a buscar un vestido de novia, como comprenderéis —les informó para dejarles claro que la boda seguía adelante.

—Lo celebro. ¿Y ya has encontrado lo que buscabas, sobrina?

—Por supuesto, tía. En unos días me lo llevarán a Menzies para las últimas pruebas.

—¿Dónde has dejado a tu futuro marido? —Mordecai parecía más interesado en este que en su sobrina.

—Está en Duart. Ha partido a avisar a sus padres y a su hermana para que asistan a la ceremonia. En unos días habrá regresado acompañado por mis futuros suegros y mi futura cuñada.

Mordecai sonrió de manera que no gustó a ninguno de los Menzies.

—Esperemos. No vaya a ser que una vez allí se lo piense mejor y decida no regresar. O tal vez se rencuentre con alguna joven que le traiga buenos recuerdos. Ya me entiendes...

Keira apretó los dientes con rabia al escuchar esos comentarios. Y Balfour se vio obligado a sujetar a Callum de manera disimulada cuando lo observó hacer un movimiento hacia su tío.

—Ha dado su palabra de volver y cumplir lo acordado. No me preocupa lo más mínimo esas ideas tuyas, tío.

—Yo solo digo que podría desdecirse.

Fiona veía las intenciones de su tío Mordecai. Buscaba ponerla nerviosa y sembrar dudas en su cabeza. Pero esta sonrió de manera astuta y miró fijamente a su tío.

—Un MacLean cumple su palabra. Lo sé porque me lo ha demostrado.

—No hace falta ponerse así, sobrina. Tu tío solo comenta una posibilidad que podría darse. Nada más. Ya sabes cómo se las gastan los hombres —matizó su tía tratando de calmarla.

—No me importa cómo se las gastan los otros. Solo sé cómo lo hace James McLean, mi prometido.

—No hay que enfadarse ni ponerse a mal por un comentario.

Y estaba pensando que podrías venir a nuestra casa aquí en Perth cuando tu prometido regrese.

Avísanos y así podremos conocer a su familia.

Será una ocasión para estrechar lazos, ¿no creéis?

—les sugirió su tía tratando de suavizar la tensión que su esposo había creado con sus observaciones.

Fiona lo pensó y asintió. Sí. Sería una buena ocasión para que vieran que aquello iba a serio.

—Me parece bien. Os avisaré cuando James esté de regreso. Y ahora si nos disculpáis debemos regresar a Menzies. Tenemos más cosas que preparar. Que tengáis un buen día —les deseó con una sonrisa algo pérfida, dejando claro que sabía cuál era la intención de Mordecai.

—Estaremos esperando tu aviso. Que tengáis un buen día también vosotros.

Fiona se apartó a paso rápido mientras su hermana se aferraba a su brazo como si quisiera no quedarse atrás.

—Maldito sea... ¿Acaso se piensa que no sé lo que pretende con sus comentarios? —murmuró Fiona enrabietada por sus palabras—. Esperaré con ansia la reunión en su casa para aparecer junto a James y cerrarles la boca a ambos.

—No hace falta que te pongas así. Sabes que la razón está de tu parte. Nuestro tío no tiene nada que hacer en lo referente al castillo. En menos de dos semanas todo se habrá solucionado y tú vivirás tranquila y dichosa en Menzies junto al McLean. Ya lo verás.

Balfour miró a Callum mientras se dirigían hacia los caballos.

—Deberías contener tus impulsos. Ser más inteligente. Tu tío le ha dicho lo de James a tu hermana para ponerla nerviosa y tal vez provocarla. Era lo que buscaba. Y tú ibas a darle ese gusto para que después se riese de ti.

—Lo sé, pero, si no me hubieras parado...

—Calma, muchacho. El mejor desplante que puedes hacer a Mordecai es no seguir sus tretas. Hazme caso. Y ahora regresemos al castillo.

Callum asintió sin mediar palabra, pero la rabia lo reconcomía por dentro, porque, de no haber estado Balfour, le habría respondido a su tío como se merecía.

***

James partió hacia Dudhope, el castillo que pertenecía a Claverhouse y donde encontraría a su viuda, Jane, y a su propia hermana, Eve.

Las haría partícipes de la noticia por la cual estaba de vuelta en aquella región.

Nada más divisar el edificio donde había vivido su amigo Claverhouse, vizconde de Dundee, varios hombres se pararon a saludarlo y a hablar con él.

—Soy James MacLean y vengo a ver a mi hermana Eve y a vuestra señora, Jane Graham —les comento apeándose del caballo.

—Ambas están en la casa. Deje el caballo a mi cuidado.

James le entregó las riendas y se dirigió hacia la puerta. El ambiente estaba cargado de tristeza y pena por la muerte del señor del castillo y aquellas tierras. El jefe del clan Graham.

Encontró a Eve junto a Jane charlando sentadas en el salón. Cuando la primera lo vio, se levantó del sillón como un resorte. Dejó escapar un grito de emoción y corrió hasta él para abrazarlo.

—Gracias a Dios. Estás vivo, James.

—Pues claro que lo estoy. ¿Qué esperabas, Eve? —Deslizó los pulgares por las mejillas de ella para limpiarle las lágrimas.

—¿Qué haces aquí?

—Nuestros padres me dijeron que te encontraría aquí junto a Jane —dijo mirando a esta acercarse a saludarlo. El dolor se reflejaba en su rostro en forma de ojeras y en la palidez de su piel—. ¿Cómo estás? Siento tu perdida, amiga —le dijo abrazándola con cariño.

—Gracias, James. Me alegra verte aquí. Ven siéntate con nosotras y cuéntanos qué ha sido de ti desde que te marchaste siguiendo a mi marido.

—Hay poco que contar —comenzó mirando a las dos mujeres, sentándose frente a Jane—. Como imagino que os habrán comunicado, vencimos, pero el precio fue muy alto. Demasiados hombres muertos, un gran número acabaron heridos y otros tantos conseguimos huir y refugiarnos en estas regiones.

—¿Dónde has estado? —Eve se inclinó hacia su hermano, observando con atención sus gestos y sus rasgos. No le parecía que lo hubiese pasado mal.

—Cuando logré escapar de la batalla, comencé a caminar sin rumbo fijo. Solo pretendía poner distancia con los soldados ingleses. No sé qué ruta seguí, pero acabé llegando a las tierras del clan Menzies, hasta su castillo. Allí me socorrieron.

—¿Has pasado todo este tiempo allí? —le preguntó Jane.

—Así es. Me curaron la herida que tenía en el costado y me alojaron en el castillo.

—Gracias a Dios que llegaste hasta ellos —murmuró Eve cerrando los ojos y resoplando aliviada—. Supongo que tendrás que agradecerles el trato que te han dado.

James asintió al tiempo que perfilaba una sonrisa cuando recordaba el rostro de Fiona Menzies.

—¿Por qué te ríes y pones esa cara? —Eve arqueó las cejas sorprendida por la reacción de su hermano.

—Por la manera en la que decidí compensar su hospitalidad.

—¿A qué te refieres? —Jane intervino en la conversación porque James parecía dotar de cierto misterio todo lo vivido en el castillo del clan Menzies.

—A algo que no vais a creeros.

—¿Qué has hecho, James?

Este observó la mirada entornada de su hermana y la preocupación en su rostro.

—Le propuse matrimonio a Fiona Menzies, la jefa del clan.

Hubo un momento de silencio mientras las dos mujeres parecían estar asimilando la noticia. En cuanto a James, permaneció callado para dejar que sus palabras se asentaran en la mente de ambas. Vio cómo estas intercambiaban una mirada, como si no se creyesen lo que habían escuchado.

—¿Lo dices en serio? —Eve hizo la pregunta con un tono que reflejaba cautela. No era algo con lo que frivolizar.

—Sí. Me caso dentro de dos semanas o antes. En cuanto vuelva al castillo de Menzies.

—Pero ¿has dicho que ella es la jefa del clan? —intervino Jane confusa.

—Sí. Sus padres ya no están. Y ella es la dueña de todo.

—¿Y a qué viene que te cases con ella? Por muy bien que la hayas conocido el tiempo que has estado allí. ¿No crees que te estás precipitando?

—No, no lo creo. Pero hay algo más que necesito contaros.

El tono serio y de advertencia de él puso en alerta a las dos mujeres.

—¿Qué más puede haber, además de tu futura boda? —le preguntó Eve algo fuera de sí. Se aferraba a los reposabrazos por temor a que lo que su hermano tuviese que decir le afectara hasta el punto de caerse de la silla.

—La boda es en pago por lo que ella y los demás hicieron por mí, ¿de acuerdo? —comenzó aclarando y viendo cómo las dos asentían—. Sin embargo, también se debe a la situación de ella.

—¿A qué situación te refieres?

La mirada entornada de su hermana y su tono de recelo le obligaron a seguir.

—Según el testamento de su padre, necesita casarse en un plazo de tres meses o lo perderá todo.

—¿Te refieres al castillo y a las tierras del clan? —preguntó Jane al ver que Eve se había quedado boquiabierta por la impresión que le había causado la noticia.

—Sí.

—¿Y a quién pasarían?

—A un tío suyo, hermano de su padre. Lo que busca es quedarse con las propiedades y echar a Fiona y a sus hermanos de allí. Por ese motivo he accedido. Y más después de conocerlo en persona. —James abrió los ojos como platos dejando clara su opinión al respecto de este.

—Deduzco por tu gesto que no te cae nada bien —comentó su hermana.

—La verdad es que no.