La promesa de un McLean (Rebeliones en Escocia 2) Capítulo 12 #3
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Capítulo 12 #3

—El castillo de Edimburgo ha caído, según pude informarme durante mi estancia en las tierras del clan Menzies. El duque de Gordon se vio obligado a rendirlo. No hay un líder provisional para tomar el relevo de Claverhouse.

—Dudo mucho que lo haya después de su muerte.

Durante unos segundos ninguno de los dos dijo una sola palabra. Pensaban en lo sucedido y en un hipotético futuro.

—Sería otra locura si alguien se erigiese como líder de las tropas leales a Jacobo. Esta vez hemos ganado, pero ¿una segunda ocasión? —preguntó Braden arqueando una ceja preguntándose si eso sería posible.

—No. Y espero que no haya más batallas.

—Hablando de otros temas, ¿qué piensas hacer?

James sonrió por la respuesta que iba a darle a su amigo.

—Casarme.

Braden estuvo a punto de atragantarse con la cerveza y se vio obligado a escupirla. Miró a James como si no lo conociese mientras se limpiaba las comisuras con el dorso de la mano.

—¿Casarte? ¿Te has vuelto loco? ¿Te ha afectado la herida en tu costado o qué?

—Espero que no.

—Pero ¿cómo se te ocurre...? Dime, ¿quién es ella? ¿La conozco? —preguntó señalándolo con un dedo.

—No. No la conoces.

—¿Estás seguro? Mira que he conocido a muchas mujeres por esta región —le recordó con una sonrisa cínica y un tono que dejaba claro a qué se había dedicado en su tiempo libre.

—Lo sé. Sé que conoces a muchas mujeres de por aquí e incluso que has cruzado el lago en numerosas ocasiones hasta Oban. Pero te repito que, salvo que hayas estado en las tierras de los Menzies, no la conoces.

—¿Menzies? ¿Se trata de la hija del jefe de ese clan? —Braden entrecerró los ojos sin despegar la mirada de James.

—Yo más bien diría que es la jefa del clan.

—¿Ella? ¿Una mujer? ¿Y su padre?

—Falleció.

—Y ella ha pasado a convertirse en la jefa del clan.

—Eso es.

—¿Y cómo te ha dado por casarte?

—Estaba en deuda con ella por salvarme la vida y dejarme quedar en su castillo.

—Tienes una manera una poco atrevida de pagar tus deudas.

—Verás, su padre redactó un testamento en el que hay una cláusula por la que, si no se casa en el plazo de tres meses, lo perderá todo a manos de su tío.

—¿Te refieres a sus propiedades?

—Todo. El castillo y las tierras. Y te apuesto lo que quieras a que no tardará tiempo en verse arrojada de este en cuanto su tío tome posesión.

—Vaya... Creo que me hago una idea de la situación.

Y tú, claro, te has ofrecido voluntario para que eso no suceda.

Pero ¿por qué? ¿Qué puede importarte a ti lo que le suceda a ella?

—le preguntó gesticulando con el brazo—.

Si te ayudó es porque quiso. A no ser que viera en ti la posibilidad de que te convirtieses en su prometido.

—No creo que lo hiciese.

—No estés tan seguro, amigo. Yo que tú, dudaría. ¿Crees que no han intentado echarme el lazo con palabras y gestos bonitos?

—Ella rechazó de plano mi propuesta cuando se la planteé.

—¿Tú se la planteaste? —le preguntó volviendo a atragantarse con la cerveza.

—Estaba en deuda con ella por socorrerme. Le di mi palabra. Y los MacLean siempre cumplimos. No como otros —dejó claro con un gesto sarcástico.

—Eh, yo también cumplo lo que prometo. Los McCallister somos leales.

—Braden se dio unos toques con el dedo en el pecho dejando clara su postura—.

Bien, y dime, ¿qué haces aquí si tienes pensado casarte con la jefa de los Menzies?

—Agarró la jarra para beber antes de que James respondiese, no fuese a soltarle algo que le obligase a derramar la cerveza.

—He venido a comunicárselo a mis padres y a mi hermana, Eve. Pero ella está con Jane Montrose.

—Vaya... Con la viuda de Claverhouse...

—Pasaré a verla mañana para informarle de la noticia. Por cierto, no hará falta que te diga que estás invitado.

Braden se echó a reír.

—Claro, por supuesto. No me lo perdería por nada. Ver cómo el verdugo te pone la soga al cuello.

—Es de agradecer tu comentario. Gracias.

—¿Cuándo es la boda?

—La próxima semana. Espero que vengas conmigo y mi familia hasta el castillo Menzies.

—Sí, claro.

—De ese modo podrás conocerla, así como a los demás miembros de la familia.

—No hay problema.

—Te aviso que Fiona Menzies tiene una hermana, Keira, así que procura comportarte. —Entornó la mirada hacia Braden. Toda advertencia era poca con él.

—¿Por qué me miras de esa forma? Parece que me estuvieses advirtiendo para que no me meta en líos de faldas.

—Lo estoy haciendo. No quiero que te metas en líos con mi futura cuñada.

—Ya sabes lo que opino del matrimonio. Y yo no pienso hacer promesas que incluyan mi soltería. —Lo señaló con un dedo y esgrimió una sonrisa cínica.

—Me alegro de que lo pienses. Está bien, quedas avisado de la situación. Te anunciaré cuando partimos hacia la región de Perthshire.

—Lo tendré en cuenta. Trata de divertirse en el tiempo que andes por aquí.

—Lo haré. Descuida.

James asintió consciente de lo que pensaba Braden. Estaba seguro de que lo entendería cuando conociera a Fiona, pero mucho se temía que él pondría el ojo en su hermana, Keira. Sin embargo, no creía que esta le diese pie a su amigo a intentarlo con ella. Aunque uno no sabía lo que podría suceder.