La promesa de un McLean (Rebeliones en Escocia 2) Capítulo 10 #2
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Capítulo 10 #2

—No. —James no quería dar demasiados detalles al respecto, no fuese a toparse con ingleses y que lo arrestaran. O incluso con algún que otro chivato que por un puñado de monedas pudiese delatarlo.

—¿Hacia dónde se dirige?

—Al castillo de Duart. Voy a visitar a unos parientes.

—No estoy seguro de lo que se encontrará cuando llegue.

—¿Por qué lo dice?

—Los MacLean fueron de los clanes que siguieron a Claverhouse en su intento por restaurar a Jacobo en el trono.

Y, con la escabechina que han hecho los ingleses después de la batalla, no estoy seguro de cuántos miembros habrán quedado con vida.

Se lo digo como aviso. No vaya a llegar y solo haya mujeres —sonrió antes de volver a chupar su pipa con ahínco, como si la vida le fuese en ello.

—Gracias por la información.

—Vaya con cuidado.

Tras haber descansado por espacio de una hora y haber dado de comer y beber a su caballo, James volvió a ponerse en marcha.

Sabía que no llegaría ese día al castillo.

Tendría que pasar la noche cerca de Oban o en ese mismo lugar.

A la mañana siguiente embarcaría hacia la isla donde estaba Duart.

En su mente se colaba con relativa facilidad el nombre y el rostro de una mujer.

Fiona se había mantenido ocupada la mayor parte del día porque no quería pensar en James.

Sin embargo, también era consciente de que los preparativos para la boda eran lo que tocaba.

Y la mayor parte del tiempo tenía que dedicarse a estos.

Pero no podía negar que echaba en falta al McLean rondando por los pasillos, el salón o el patio del castillo.

¿Cómo era posible que le sucediese algo así a ella? Que extrañase su presencia allí.

Keira y Amy la observaban en silencio mientras Fiona permanecía con la mirada como perdida en el vacío. Sentada en el salón con una postura relajada.

—¿En qué piensas?

La pregunta de su hermana la obligó a volver la cabeza hacia ella. Allí estaba junto a Amy. Ambas la estaban mirando intrigadas.

—Intento relajarme un poco, la verdad. Todo el asunto de la boda me trae de cabeza.

—Piensa que todo acabará en dos semanas, o algo menos. Cuando James regrese os quedará poco. Y, una vez que ese día pase, todo volverá a la normalidad —comentó Keira en un intento por animar a su hermana.

—Es lógico que se sienta así, señora. Son los nervios previos a casarse. Pero se le pasarán —le aseguró Amy.

—No lo sé.

—¿Qué te preocupa? —Keira se acercó hasta el asiento que quedaba libre frente al fuego y Amy hizo lo propio cogiendo una silla.

—Todo.

—¿Todo? ¿No crees que exageras, Fiona?

La mirada de perplejidad de su hermana contemplándola con los ojos abiertos al máximo y las cejas formando un arco la hicieron sonreír.

—No lo sé. Me gustaría irme a dormir y que, cuando me levantase, todo hubiese pasado.

—Ya, bueno. Como dice Amy, son los nervios.

Pero por lo demás... A ver, no creo que te preocupe que nuestro tío pueda hacer algo para quedarse con el castillo.

Ya viste que no dijo nada cuando tía Margaret y él vinieron a asegurarse de que decías la verdad.

—Keira vio a su hermana sonreír irónica y hacer un mohín con los labios.

—Supongo que no pretenderá nada.

—No tiene ningún motivo para reclamar el castillo ni las tierras, puesto que, antes de que expire el plazo, serás una mujer casada. Cumplirás con el requisito de nuestro padre y no tendrás ningún problema.

«Excepto James McLean. ¿Cuánto tiempo aguantará aquí sabiendo que puede que no surja nada entre nosotros?».

—Por supuesto. Confío en que no haya más sobresaltos. Y todo vuelva a ser como antes —sonrió y elevó las cejas deseando que así fuese.

—Nada volverá a ser como antes porque serás una mujer casada. La señora del castillo de Menzies.

—Más bien de MacLean —rectificó de inmediato.

—¿Te ha comentado algo James acerca de dónde viviréis? Me refiero a si ha pensado llevarte a Duart.

—No, no hemos hablado de ello. Supongo que nos quedaremos aquí si ha accedido a casarse conmigo para que yo no pierda el castillo y las tierras en favor de nuestro tío.

—No tendría mucho sentido que estuviese dispuesto a casarse con usted, señora, y luego pidiera marcharse a las tierras de los MacLean —corroboró Amy muy segura de lo que decía.

—Yo también lo creo así —asintió Keira—. No tendría sentido. Pero dejemos ese tema para después de la boda. Lo que importa ahora es pensar en tu vestido de novia.

Escuchar aquella palabra le provocó un escalofrío en la espalda a Fiona.

—Hay tiempo para ello.

—No, si hay que arreglarlo.

—De acuerdo, pero quiero algo sencillo. Nada extravagante, lleno de adornos. Ni nada de encajes, sedas y bordados.

—De acuerdo. Tú eres la novia. Debes ir a tu gusto —aseguró Keira convencida de que así sería—. Deberíamos ir a la capital y visitar algunas modistas para que te tomen medidas. Y, aprovechando que James está fuera, es una buena ocasión.

—Sí, sí. Cuánto antes vayamos, mejor —dijo sintiendo los nervios en el estómago.

—Entonces, podríamos acercarnos a Perth mañana mismo. Amy vendrá con nosotras para darnos su opinión. —Keira miró al ama de llaves, que asintió convencida de ello.

Fiona inspiró de manera profunda ante la perspectiva que se le planteaba. Creía que todo iba muy deprisa para su gusto. Demasiada presión. Pero no le quedaba otra, pues ya había aceptado seguir adelante con la boda. Solo esperaba que nada viniese a torcerla.