Capítulo 9 #3
—Sí, señor. El clan MacLean se ha mantenido siempre fiel a la casa real.
—James resultó herido y un día apareció en el camino que conduce al castillo —añadió Fiona recordando ese momento y lo que había supuesto la llegada de él. Le dirigió una mirada que todos pudieron observar que estaba cargada de cariño.
—Pero yo os veo bien. Supongo que la estancia en este castillo os ha sido de gran ayuda —comentó Margaret con toda intención, sonriendo mientras miraba a Fiona.
—Los cuidados de todos ellos me han restablecido. —James miró a los tres hermanos que permanecían allí.
—¿Te ha pedido matrimonio en estos días? —La curiosidad de Mordecai seguía en su línea—. Debías tenerlo muy claro, sobrina.
—La verdad es que no esperaba algo así por su parte, hasta que me contó que no pudo olvidar la última vez que nos vimos. Incluso durante su estancia en Francia siguió pensando en mí.
—¡Qué romántico! —exclamó Margaret—. ¿Para cuándo es la boda?
Los dos intercambiaron miradas, lo que sorprendió a Fiona. Parecía que poco a poco iba surgiendo cierta complicidad entre ellos. Aquel gesto le provocó una sonrisa que hizo que Keira contemplase a su hermana con excesivo interés.
—En dos semanas. Aquí en el castillo.
—¡Dos semanas! —exclamó su tía con sorpresa mientras Mordecaí no decía nada, pero su semblante no mostraba su conformidad.
—En unos días partiré hacia Duart para avisar a mis padres y a mi hermana que se preparen para venir a Menzies para el enlace —continuó James queriendo dotar de más fiabilidad a la situación.
Aquella confirmación por parte de él sobresaltó a Fiona en su interior.
¿Era acaso porque se alejaría de ella? De repente se sintió algo extraña pensando en la próxima partida de James, aunque fuese a ver a su familia.
¿Acaso le afectaba pensar en su ausencia?
Se quedó callada contemplándolo ajena a lo que los demás comentaban.
Pero ella pensaba que en cuanto pudiese se marcharía y no regresaría...
¿A qué venía esa preocupación por su marcha?
Keira no fue ajena al repentino cambio de su hermana cuando James comentó que tendría que marcharse hacia las Tierras Altas del país. ¿Qué le sucedía a Fiona?, se preguntó Keira al ver su reacción.
—En ese caso, espero conocer a su padre, el señor de Duart —le dijo Mordecai centrándose en James y dejando a un lado a su sobrina.
Todo parecía indicar que la cuestión era seria, y no había nada que le llamase la atención.
Tal vez, pese a sus sospechas, su sobrina hubiese mantenido la relación con el MacLean en secreto y al verlo de nuevo, tras el paso del tiempo, hubiese decidido aceptar su propuesta.
—Lo hará, señor.
—Bueno, pues esperaremos con impaciencia el día —aseguró Margaret con una expresión de dicha en su rostro.
—No hemos decidido el día exacto, todavía, pero os lo haremos saber enseguida —aseguro Fiona nerviosa.
Dos semanas pasarían muy deprisa, se dijo. Cuando se quisiese dar cuenta, estaría casada con el McLean.
—Creo que sería mejor regresar, ahora que ya conocemos al pretendiente de nuestra sobrina —propuso Mordecai, que parecía convencido de que no había nada extraño.
—Sí, es lo más adecuado. Dejar a esta pareja para que siga con las preparaciones. No os demoréis demasiado en fijar la fecha.
—Descuida, tía. Lo acordaremos antes de que James parta hacia las tierras del clan MacLean —la tranquilizó Fiona con una sonrisa algo forzada al pensar en lo que se le venía encima.
—Aguardaremos impacientes tus noticias.
—Buena suerte —Mordecai estrechó la mano de James mirándolo de manera fija, como si pretendiese intimidarlo de algún modo. Pero se dio cuenta por el firme apretón de manos de este, y la expresión de su rostro, que el MacLean no era cualquier petimetre.
—Gracias, señor.
—La siguiente en la lista de bodas eres tú, Keira —le recordó Margaret provocando en esta una sonrisa irónica, así como un gesto de incredulidad.
—Vamos a casar a Fiona primero. Ya tendremos tiempo de pensar en una segunda boda. A lo mejor es Callum quien nos sorprende —dijo mirando a su hermano, que se limitó a sacudir la cabeza y fruncir el ceño en señal de rechazo.
Fiona agradeció que la conversación se desviase del tema principal: su propia boda.
Cuando terminaron de despedirse y sus tíos se subieron al carruaje para regresar a su casa, la joven Menzies resopló aliviada porque todo hubiese pasado sin ningún sobresalto.
Agradecía que su tío no hubiese hecho ninguna mención al asunto del testamento, aunque sabía que él no lo había olvidado.
Era más, apostaba el castillo y las tierras que lo circundaban a que ese había sido el verdadero motivo de la visita.
Asegurarse de que el tema de la boda iba en serio.
Nada más. Todos habían entrado en el castillo y ella permanecía fuera todavía, como si estuviese recuperándose del momento vivido.
Sin embargo, algo la inquietaba de manera sorprendente: la partida de James hacia su hogar. Temía que no regresase.