La promesa de un McLean (Rebeliones en Escocia 2) Capítulo 9 #2
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Capítulo 9 #2

Todos se fijaron en ellos. Callum reía por algo que, al parecer, James le había contado.

Fiona sintió que le faltaba el aire al tiempo que el calor ascendía a su rostro.

¿Por qué se quedaba mirándolo de aquella manera tan personal?

¿Y a qué venía ponerse nerviosa? Si temía que su tío pudiese sospechar de él, no tenía de qué preocuparse porque James sabía representar su papel de prometido enamorado de una manera muy convincente, como le quedó claro aquella noche en el castillo del clan Moncreiffe.

No le quitaba ojo hasta que los dos hombres se dieron cuenta de que los estaban esperando.

James se sintió algo cohibido al ver a la pareja sonriéndole. ¿Quiénes eran?

—Tía Margaret y tío Mordecai, ¿qué os trae por aquí? —La pregunta de Callum a aquel matrimonio sacó de dudas a James. De inmediato tomo nota de la situación. Los tíos de Fiona. Intercambió una fugaz mirada con ella y asintió queriéndole transmitir que sabría cómo actuar ante ese imprevisto.

—Hemos venido a conocer al prometido de tu hermana —le aseguró su tía mirando y sonriendo a James.

Este esperó a que Fiona se dirigiese a él y que los presentase.

La vio acercarse y agarrarse a su brazo, pegando su cuerpo al suyo para dejar constancia de que la noticia era cierta.

Acababa de recordar las palabras de su hermana sobre convencer a sus tíos de que no era un invento ni nada por el estilo.

Su prometido era real. De carne y hueso.

Se había desentendido un poco de su tío pensando en que acudiría a Menzies a conocer a James en cuanto se enterase de la noticia.

Pero no esperó que fuese tan pronto. Ella había estado más centrada en los planes de la boda.

El momento de la verdad había llegado; solo esperaba salir airosa.

Y no podía olvidar la curiosidad de su tía.

—Este es James McLean, mi prometido. Ellos son mis tíos —le dijo señalándolos con el otro brazo.

—Encantada de conocerlo —le aseguró la tía Margaret.

Mordecai no quitaba su atención de él. James era consciente de que lo estaría vigilando en todo momento para tratar de averiguar si aquello era verdad.

Sin duda alguna, no se fiaba de su sobrina y ni de que de la noche a la mañana se hubiese sacado un prometido de la manga para cumplir con la última voluntad de su padre.

Y de ese modo evitar entregarle el castillo y las tierras.

—Es un placer conocerle. ¿MacLean de Duart?

—Sí. Mi padre es John MacLean de Duart —respondió James con naturalidad, sin temer nada por parte del tío de Fiona. Por las conversaciones que había tenido con Balfour, se hacía una idea de la clase de hombre que era. De hecho, este lo observaba con los ojos entrecerrados y una sonrisa ladina.

—¿Cómo ha sucedido lo de la boda? —Su tía Margaret contempló a su sobrina Fiona con curiosidad, porque la noticia era toda una sorpresa.

—Creo que podríamos pasar dentro. Estaremos más cómodos en el salón, ¿no creéis? —les sugirió Keira señalando el castillo a sus tíos y dejando que Fiona y James se quedasen algo rezagados. Suponía que su hermana le aclararía algo a James acerca de sus tíos.

Fiona sujetó con firmeza a James obligándolo a detenerse y volver el rostro hacia ella. Entrecerraba sus ojos mirándolo con cierto recelo.

—¿Está bien?

La respuesta de él fue una sonrisa cálida que la obligó a entreabrir los labios para coger aire. Y, cuando el pulgar de su mano se posó en su barbilla, ella creyó que acabaría sucumbiendo al calor que aquellos gestos le estaban provocando.

—Por supuesto. No se preocupe. Todo saldrá bien. Vayamos dentro. Sus tíos nos esperan.

Fiona se quedó mirándolo sin que su comportamiento le sorprendiese. Había demostrado una seguridad y un aplomo la noche en la velada de los Moncreiffe que la hacía sentirse segura ante sus tíos.

Estos los esperaban ya en el salón junto a Callum y a Keira. Fiona inspiró antes de entrar y mostrar la mejor de sus sonrisas.

—¿Tomaréis algo? ¿Una taza de té o más bien algo más fuerte? —preguntó mirando a ambos para tratar de calibrar su talante.

—Un buen trago de licor me vendrá bien —asintió su tío con una sonrisa socarrona—. Dejemos el té para quien le guste.

—Ya me encargo yo. Tú quédate y cuéntales la relación que tienes con James —le sugirió Keira deteniendo a su hermana cuando esta iba a encargarse de las bebidas.

—Eso, explícanos cómo ha surgido todo. Nos tienes en ascuas, sobrina —le comentó su tía Margaret deseosa por saber más y de ese modo cotillear después con sus amistades.

Fiona miró a James, quien parecía muy tranquilo, observándola. No sabía si estaba más nerviosa por la manera de mirarla de él o por sus tíos. Asintió recordando la historia que habían creado para que nadie sospechase del verdadero motivo de su compromiso y posterior matrimonio.

—Lo cierto es que ha sido algo tan inesperado que todavía no me lo creo.

—Ni tú ni nadie, sobrina —añadió su tío levantando en alto su vasito a modo de brindis antes de beber—. Eche un trago McLean.

—Gracias —James aceptó la oferta y vertió aguardiente en un vaso que después bebió.

—No sabía que ambos os conocieseis —comentó Margaret mirando a los dos—. Nunca te escuché hablar de matrimonio, todo lo contrario.

—Cierto, pero tal vez la edad y la situación que vivimos desde que nuestros padres fallecieron me haya empujado a aceptar la propuesta de James —dijo mirándolo en busca de su apoyo. Y se dio cuenta de que comenzaba a darle más importancia a este de lo que había imaginado.

—Tienes razón, sobrina. Por mucho que una diga que no se casará, llega un momento en la vida en la que ese pensamiento deja de tener valor. Supongo que querrás tener familia.

—Sí, claro.

—Es lógico.

—Y dime, ¿desde cuándo os conocéis? —Su tío no iba a dejar escapar la ocasión para indagar todavía más. Quería averiguar si la historia era real o una invención.

—Poco antes de mi partida a Francia —intervino James echando una mano a Fiona.

No quería que su tío se centrase solo en ella para pillarla en algún dato erróneo.

Después de lo que él sabía de su tío, esperaba que este acosara a preguntas a su sobrina—.

En una de las diversas veladas en las que coincidimos en Perth.

Comenzamos a vernos de manera asidua y a trabar una buena relación de amistad.

Perdimos el contacto cuando me marché a París a seguir mi formación, en especial en francés.

—Y ahora ha regresado...

—Lo hice justo cuando Claverhouse comenzó a moverse por toda Escocia reclutando hombres para defender los derechos al trono de Jacobo Estuardo.

—¿Los MacLean de Duart combatieron en la batalla del paso de Killiecrankie? —Mordecai se inclinó hacia delante atraído por ese dato. Miró de manera fija a los ojos a James.