Capítulo 9
M ordecai Menzies se encontraba sentado con gesto serio.
Estaba dándole vueltas a las últimas noticias recibidas.
La primera tenía que ver con el testamento de su hermano, el cual le dejaba el castillo que ocupaban los hijos de este, siempre y cuando la mayor, Fiona, no se desposase en un período de tres meses.
Y al parecer se había corrido la voz de que iba a casarse con un tal James McLean, que había regresado de Francia.
Todo muy raro desde su punto de vista. Nunca había escuchado hablar de él.
Se pasó la mano por la poblada barba de color gris y, tras dar un golpe en la mesa con la palma de la mano, se incorporó llamando a su esposa.
—¡Margaret! ¡Margaret!
Esta acudió a ver qué le ocurría a su esposo.
—¿Qué te sucede? ¿A qué vienen esas voces?
—Mujer, vete preparando. Nos vamos a visitar a nuestra sobrina Fiona... Y a que nos presente a su prometido.
—¿Prometido? ¿Desde cuándo tiene uno? Siempre la escuché decir que no se casaría —le recordó mirándolo de pies a cabeza con los brazos en jarras.
—No es lo que me han contado algunos conocidos. Al parecer hace algunas noches estuvo en una velada en el castillo del clan Moncreiffe. Fue allí donde lo presentó a los asistentes.
—¿En serio?
—Por ese mismo motivo quiero ir a conocerlo —le aseguró con una mirada y una sonrisa pérfidas.
Desde que conoció los detalles del testamento de su hermano, no había dejado de preguntarse si su sobrina aceptaría la cláusula que su padre había puesto.
Si no se casaba en el plazo de tres meses, el castillo y las tierras aledañas pasarían a sus manos.
Lo cual no hubiese resultado un problema, teniendo en cuenta que, como su mujer le había recordado, Fiona no quería casarse.
—Qué raro. Bueno, es posible que haya cambiado de opinión después de convertirse en la jefa de los Menzies. Está bien, me cambiaré el vestido e iremos a verlos.
—Por supuesto.
Mordecai la observó alejarse mientras él se quedaba pensativo.
¿Sería posible que su sobrina se hubiese inventado un pretendiente para quedarse con el castillo y las tierras?
¿O en verdad se había comprometido? Esperaba salir de dudas cuanto antes.
Pero sabía que no lo lograría de la noche a la mañana, sino que tendría que observar su comportamiento.
Fiona parecía haber dejado a un lado el asunto de su boda y se centró en la administración de las propiedades del clan.
Esto era lo que más le importaba. En cuanto a James, habían intercambiado algunas palabras en los días anteriores, pero nada importante.
Él se marcharía al día siguiente hacia el castillo de Duart, propiedad del clan McLean.
A ella le parecía que él la evitaba porque cada vez que coincidían James apenas se detenía a hablarle, salvo cuando se sentaban a comer o a cenar.
Le daba la impresión de que estaba molesto con ella, tal vez porque no había creído en su palabra ni en que no se marcharía.
O tal vez porque quería dejarle bien claro que no habría noche de bodas.
Claro que a él no le habría importado. Ambos sabían que aquel no era un matrimonio en toda regla, sino un pacto para que ella no se viese arrojada de aquel castillo.
Lo que ella no sabía era qué sucedería si él se marchaba.
No había ninguna cláusula por parte de su padre que dijese que debían permanecer casados un tiempo o para toda la vida, o de lo contrario ella perdería sus posesiones.
Debería consultarlo con el notario que se presentó allí, solo que podría levantar las sospechas de lo que pretendía.
—¿Todavía no habéis fijado la fecha de la boda? —Keira se lo preguntó a su hermana cuando la encontró fuera del castillo. Fiona permanecía de pie con gesto pensativo. Se sobresaltó cuando escuchó la voz.
—No, no...
—¿Y a qué estáis esperando? La otra noche, en el castillo del clan Moncreiffe, fueron bastantes mujeres las que me lo preguntaron. Y no supe qué responderles, salvo que lo estabais pensando.
—No creas que fuiste la única a la que atosigaron con esa cuestión. —El mal humor se reflejaba en el tono de voz de Fiona. Sin duda, aquella cuestión le molestaba, y cada día que pasaba creía que más.
—Es lógico que te lo preguntaran. Eres la mayor atracción en la zona.
—¿Yo? ¿A santo de qué? —Miró a su hermana sin comprender a qué venía su explicación.
—Pues es simple. Eres la máxima autoridad del clan Menzies y estás soltera. Además, siempre dijiste que nunca te casarías. Ibas rechazando a todo aquel que pretendía tu mano. Creo que esa es la razón por la que nuestros padres hicieron la cláusula del testamento. Para obligarte a casarte.
Fiona frunció los labios y sacudió la cabeza.
—Sí, eso me parece a mí también. Pero no es lo que yo siempre he querido. No tener que depender de un hombre. Ser libre para hacer lo que me viniese en gana.
—Pues me temo que te queda poco tiempo para disfrutar de «esa libertad» —comentó en un tono jocoso, que acentuó el malestar en el rostro de su hermana.
—Bueno, tal vez después de todo sí que pueda hacerlo.
—¿Cómo? Si te casas con MacLean y él permanece aquí las dos sabemos que él pasará a ser alguien importante en el clan. Tendrás que obedecerle.
—No estoy tan segura de ello.
El convencimiento con el que su hermana lo decía hizo sospechar a Keira de que había algo que ella desconocía.
—¿De qué estás hablando?
—Tuvimos una charla la otra noche, cuando casi nos descubren.
—No me contaste nada. ¿Y qué sucedió?
—Le comenté lo de fijar una fecha para la boda.
—¿Sigue adelante con el plan de casarse contigo?
—Sí, sí. Pero le dije que no estaba segura de que él se quedase mucho tiempo.
—¡Por san Andrés, que sigues pensando en lo mismo! —Keira, con cara de pocos amigos, puso los brazos en jarras mirando a su hermana.
—Es que no creo en su palabra. No me fío. Además, ¿qué va a hacer aquí? Este no es su clan.
—Cuando se case contigo pasará a formar parte.
—De acuerdo, ¿y por qué seguiría al lado de una mujer que no siente nada por él? —Fiona esbozó una amplia sonrisa victoriosa.
—Pues deberías responderte tú misma después de corresponder a su beso de la manera en que lo hiciste, ¿no crees? ¿Te has puesto a pensar en que tal vez durante su estancia logre conquistarte?
Fiona se quedó paralizada ante ese comentario. Dio un paso atrás como si alguien le hubiese dado un golpe en el pecho. Se humedeció los labios de forma inconsciente.
—No creo que un beso signifique tanto. Ni tampoco que entre sus planes esté conquistarme —le rebatió con cierto desdén, como si pretendiese restar importancia a los comentarios de su hermana.
—Pues no es lo que los demás vimos, hermanita.
Pero, si sigues pensando que entre vosotros no puede surgir nada a nivel sentimental, no seré yo la que te lo desmienta.
Tú sola te irás dando cuenta de la realidad.
—Keira se quedó con la mirada fija detrás de su hermana.
Entrecerró los ojos y se puso la mano en la frente para que la luz del sol no le molestase—. Tenemos visita.
Fiona se volvió sobre sí misma para ver avanzar el carromato por el camino que conducía al castillo.
¿Quién podía ser? No esperaban a nadie a esas horas.
Pero, a medida que la comitiva avanzaba y ella se fijó en los dos hombres que iban a caballo delante de este, un repentino escalofrío le recorrió la espalda hasta perderse bajo su cabello en la nuca.
Cogió aire y se dispuso a recibir a sus parientes.
—Es el tío Mordecai y la tía Margaret.
Keira se acercó a Fiona como si pretendiera darle apoyo.
—Han tardado, ¿eh? Estoy segura de que ya conocen la noticia y querrán conocer a James y ver si en verdad es tu prometido. Apuesto a que tu decisión les ha sorprendido.
—¿Insinúas que piensan que es una farsa?
—Tendrás que convencerlos como hizo MacLean con todos los asistentes a la velada de los Moncreiffe.
Fiona se mordió el labio y cerró sus manos en puños, que apretó contra la tela de su kilt.
Se maldijo por haberse prestado a aquel embrollo que solo le causaba más y más problemas.
Al final acabaría ella misma por romper el compromiso con MacLean y entregarle el castillo a su tío.
Se iría a vivir a otra parte donde no tuviese tantos quebraderos de cabeza.
Su tío Mordecai y su tía Margaret bajaron del carruaje y acudieron prestos a saludar a las dos jóvenes. Fiona cogió aire y esbozó la mejor de sus sonrisas cuando estos se acercaron.
—Qué sorpresa veros por aquí —los saludó estrechando la mano de su tío y dándole un par de besos a su tía.
—Hacía tiempo que no veníamos a ver cómo estabais. Y le sugerí a ella que pasáramos a veros —dijo haciendo un gesto a Margaret—. Además, nos ha llegado la noticia de que te has comprometido.
Tanto Fiona como su hermana no fueron ajenas al tono de sorpresa que empleó su tío para referirse a este hecho.
—La verdad es que no me lo creía cuando me lo contaron. ¿Cómo va a casarse Fiona si ha asegurado desde que era una chiquilla que ella no lo haría? Le pregunté a tu tío pensando que era una broma suya.
Fiona sonrió ante el comentario de su tía.
—Pues no lo es.
—Entonces... ¿Vas a casarte? ¿Y quién es tu prometido?
Sin duda, la noticia había despertado el interés de su tía. La miraba con una expresión de curiosidad. No se lo había esperado. Ni ella, si era sincera consigo misma.
Fiona iba a responder a la cuestión cuando vio a James aparecer en compañía de Callum.
—Ahí viene con nuestro hermano —dijo Keira anticipándose a la respuesta de su hermana.