Capítulo 7 #3
Keira se mantuvo callada durante algún tiempo pensando en estas explicaciones.
Y esto la llevó a creer que él lo había hecho porque había querido.
Pero ¿lo había sentido en verdad o había sido un gesto para hacer más real la comedia sin consultar con su hermana?
Keira comenzó a reírse, lo cual exasperó a Fiona.
—Veo que te hace gracia.
—Es que, si no lo habéis acordado, entonces ha sido algo espontáneo por su parte. Parece que él se ha metido de lleno en el papel de prometido, ¿no crees?
—Demasiado, me atrevo a decir.
—Pero ¿por qué lo ha hecho? Tal vez se siente atraído por ti y se ha dado cuenta.
—No, no. Más bien se debe a lo que le comenté cuando bailábamos —observó cómo su hermana arqueaba las cejas esperando a que continuase—. Le dije que temía que la gente sospechase de mí. De que nuestro compromiso era una comedia. Que solo era una cuestión temporal.
—Pues no me parece que lo sea para él. Y, por otra parte, tu reacción ha sido demasiado evidente al permitir no solo que te besase, sino que después le acariciases la mejilla como si en verdad estuvieses enamorada de él.
Fiona se mantuvo en silencio, expectante por las palabras de su hermana.
—Me sentí extraña cuando lo hizo. Correspondí al beso por lo que te acabo de decir. No quiero que sospechen de mí. Pero mi reacción fue... algo inesperado. Una especie de acto reflejo.
—Pues fue muy creíble. La verdad. Hasta Meribeth se dio cuenta de ello y me aseguró que tú estás entregada a él.
Fiona se apartó unos pasos de su hermana y caminó en silencio con la vista fija en el suelo.
No entendía qué le había sucedido con James McLean, pero una parte de ella se había sentido reconfortada, deseada y protegida.
La otra parte se mostraba recelosa y con temor de las consecuencias de ese acto. ¿Acaso estaba jugando con ella?
—Lo sé. Pero es que... me sentí rara. No entiendo por qué reaccioné de ese modo.
—Lo mejor es dejarlo estar por el momento. Siempre puedes pedirle explicaciones a James cuando estemos de regreso en el castillo. A solas. Sin que nadie os moleste ni haya ojos ni oídos atentos a vosotros dos.
Keira tenía razón, se dijo Fiona. Lo mejor sería aclararlo para que no se repitiese.
Necesitaba saber por qué se había comportado así.
De igual modo que le explicó por qué había intervenido cuando la vio en compañía de Will.
Le había asegurado que no se echaría atrás, que no se rendiría con ella.
¿Es que pensaba llevar la comedia hasta el final?
—Por cierto, he visto a McLeod. Ya sabes a quién me refiero.
Fiona parecía ausente cuando su hermana se lo comentó, pero reaccionó a los pocos segundos.
—Sí, he estado hablando con él.
—¿No te ha comentado nada al respecto de tu compromiso?
—Sí. Le ha sorprendido y mucho que haya decidido casarme.
—No me extraña, porque mira que él insistió en cortejarte —sonrió con ironía e hizo una mueca muy explícita recordando aquellos días.
—Ya, bueno... —Se quedó callada reviviendo el momento en que James apareció y amenazó a William.
—¿Qué sucede? ¿Hay algo más que no me has contado?
Fiona cerró los ojos y tragó.
—A William no le ha hecho mucha gracia mi decisión. De no ser por la repentina aparición de James, que andaba buscándome, no estoy segura de haber salido bien parada.
Keira dio un paso al frente y sujetó a su hermana por el brazo, instándola a girarse hacia ella.
—¿De qué estás hablando?
El tono y la mirada de preocupación de su hermana la alertaron.
—Me aseguró que estaba dispuesto a pasarlo bien en mi compañía para que, de ese modo, James rompiese el compromiso. Luego, él me recibiría con los brazos abiertos —le resumió apretando los dientes con furia y cerraba sus manos en puños amenazadores.
—¿Cómo se atreve? Si se le ocurre ponerte una mano encima, sabrá cómo se las gastan las mujeres del clan Menzies.
Fiona sonrió.
—No hace falta que te pongas de ese modo. Ya me encargué de advertírselo yo.
—¿Y James? Has dicho que te andaba buscando.
—Sí. En ese momento, William me tenía sujeta por la muñeca impidiendo que me marchase de su lado. Cuando James lo vio, apartó su mano de la mía con determinación. Luego le advirtió que, si volvía a verlo conmigo, lo lamentaría.
Keira respiró aliviada al conocer la reacción del McLean. Asintió con una ligera sonrisa, que captó la atención de su hermana. Esta elevó las cejas y encogió los hombros sin saber a qué venía ese gesto.
—Creo que tu prometido se ha tomado en serio la deuda que tiene contigo. No esperes que se marche así como así, Fiona. Tenlo muy presente.
—Lo que dices no tiene sentido. Ya lo verás cuando se largue del castillo —le rebatió pretendiendo recomponerse por dentro.
No quería creer que él pudiese quedarse con ella y que al final incluso se casasen...
Ideas románticas que no venían al caso, se dijo sacudiendo la cabeza—.
Deberíamos regresar. No quiero que me echen de menos.
—¿Lo dices por él? —Keira elevó una ceja con suspicacia y frunció los labios mientras Fiona prefería no añadir nada más y comenzaba a regresar al salón con el corazón golpeando con fuerza en su pecho.