Capítulo 7 #2
—¿Y qué me dice del día que apareció herido en el castillo?
—No entendía por qué le había hecho esa cuestión, pero se arrepintió cuando se dio cuenta.
No le convenía reírse de él o acabaría marchándose.
Y, como su hermana le había asegurado, ella no lo deseaba.
De lo contrario lo habría hecho cuando él se lo preguntó mirándola a los ojos.
—Tiene usted razón. Huía de los soldados ingleses porque temí por mi vida. Pero no lo haré en esta ocasión.
—Parece usted muy seguro de sus palabras.
—Lo estoy. Y ahora creo que deberíamos regresar con el resto de la gente. Recuerde que estamos comprometidos.
Ella no le respondió en esta ocasión porque en su mente se hacía una pregunta que la estremeció: ¿y si de verdad no se marchaba? ¿Podría acabar enamorándose de ella? No. No quería pensarlo hasta que llegase el día. Y entonces...
Caminó a su lado sintiéndose algo más segura después de lo sucedido con Will. Había percibido que James hablaba en serio por su tono y por la mirada que le había dirigido a este. Pero esperaba que no tuviese que emplear la fuerza en ningún momento. No deseaba que le sucediese nada.
—¿Le apetece bailar? Sería un buen momento para dejar claro a todos que soy su prometido. De ese modo, se evitará más problemas. —La contempló con la mirada entornada esperando a que se decidiese. Estaba radiante, pensó mientras sentía la necesidad de tocarla.
—Está bien. Creo que sería lo más acertado. Tal vez tenga razón y... —No terminó de decirle lo que quería porque en ese momento la música comenzaba a sonar y él la sujetaba para empezar el baile.
Fiona experimentó una sacudida en su cuerpo cuando un brazo la rodeó atrayéndola hacia él.
No era posible que no pudiese controlar sus emociones.
¿Qué diablos le sucedía? Al parecer su mente y su cuerpo iban por distintos caminos.
No pretendía tener demasiada confianza con él, ya que no quería llevarse una decepción al final.
Pero era cierto que, si había asegurado que él era su prometido, debería demostrar a todos los que los observaban que así era.
—La noto algo tensa.
—Es porque no me hace gracia que la gente me mire.
—Lo entiendo, pero es algo natural esta noche. Y supongo que la estarán acosando a preguntas, como el señor William MacLeod. —No podía olvidar la escena vista y al mismo tiempo recordar los comentarios de Callum acerca de los pretendientes que había tenido su hermana.
—Eso temo —le dijo sonriendo de mala gana porque no le hacía ni pizca de gracia.
—Mientras se ajuste a la historia que inventamos no tendrá problema alguno.
—La cuestión es que la gente se la crea. No me gustaría quedar como una embustera. ¿Lo entiende?
James asintió y, sin avisarla de nada, la atrajo contra su pecho para después besarla de manera lenta y suave antes las exclamaciones de algunos invitados, los cuchicheos de otros y el gemido de protesta de la propia Fiona.
Por suerte para ambos, ella no lo abofeteó o lo empujó lejos, lo cual habría dado qué hablar.
No obstante, aunque se le hubiese pasado por la cabeza hacerlo, no podría porque en ese instante estaba perdida en el beso que compartían.
Tan inesperado como revelador para ella.
Permanecía inmóvil sin capacidad de reacción.
Como si el beso la hubiese dejado tocada.
El calor invadía su cuerpo hasta lograr asentarse en su rostro de manera evidente.
Un ligero hormigueo le recorría toda la piel mientras lo miraba sin saber qué decirle ni cómo reaccionar.
—De ahora en adelante nadie podrá decir que es usted una embustera. Créame.
—¿Por qué lo ha hecho? No tenía que... —susurró apretando los dientes mientras su mirada era puro hielo.
—Nos habíamos convertido en el centro de todas las miradas. Y todavía lo somos. De manera que le aconsejo que se muestre cariñosa y atenta conmigo —le sugirió con un tono que a ella le pareció, más bien, una burla.
Sabía que él tenía razón. Un mal gesto por parte de ella pondría en duda su relación.
Y, si eso llegase a oídos de su tío, entonces nada tendría sentido.
Lo contempló de manera fija y la tímida sonrisa de él pareció relajarla hasta tal punto que ella se limitó a acariciarle el rostro de forma lenta y sugerente en un acto inesperado.
Aquella caricia lo descolocó. James no esperaba que ella pasase del enojo que le había causado su beso a esa dulzura en su gesto.
A la calidez de su mirada en ese momento.
Pero no quería pensar que era real, sino más bien una mera actuación ante todos los que estaban mirándolos.
Pese a esto, los dos permanecieron contemplándose en silencio, ajenos a lo que sucedía a su alrededor, incluida la música, que había concluido.
—Tu hermana parece estar entregada a su prometido.
—Las palabras de Meribeth Moncreiffe hicieron que Keira parpadease en repetidas ocasiones.
No podía creer lo que acababa de presenciar.
¿Habían llegado a algún tipo de acuerdo para realizarlo o más bien se había tratado de algo tan espontáneo como real?
En ese momento, ella no se veía capaz de afirmarlo.
Tenía que hablar con su hermana en cuanto pudiese para que le aclarase lo sucedido.
Vio que James la acompañaba hasta donde se encontraba ella.
Por un instante sus miradas se cruzaron.
Le pareció que Fiona estaba algo distraída; como si se estuviese cuestionando lo ocurrido.
Todos habían sido testigos de lo que había pasado durante el baile.
Entonces centró su atención en James, sin dejar de pensar en la manera en la se había quedado contemplándola.
O en la forma en la que ella le había rozado la mejilla.
—Celebro haberos visto bailar —comentó Keira cuando la pareja estuvo frente a ella—. Ha sido toda una revelación, la verdad. —Su tono no dejaba lugar a dudas acerca de la curiosidad que la pareja había despertado en ella.
—Era lo que todos aquí estaban esperando —aseguró ella con aplomo devolviéndole la mirada a su hermana.
—Lo supongo, ya que sois la atracción de la velada.
—Si me disculpan, Balfour está captando mi atención para que me reúna con él. Si me necesita, solo tiene que buscarme. Aunque trataré de no perderla de vista en ningún momento. —Se quedó contemplando a Fiona sin saber qué más podía añadir. Y con la sensación de no querer separarse de su lado.
Ella entreabrió los labios para coger aire, porque lo que estaba sucediendo con él esa noche no entraba en sus propios planes. Le agradecía que la dejara en compañía de su hermana para poder recomponerse del beso que él le había dado. Todavía sentía su pecho como si tuviese una marejada.
—Está bien. Diviértase. Yo estaré en compañía de mi hermana y de mis amigas —aseguró haciendo referencia a esta y a Meribeth, quien no apartaba la mirada de ellos dos por temor a perderse algún gesto más como prueba de sus sentimientos.
James se limitó a asentir con educación antes de alejarse de ellas. Keira lo siguió con la mirada hasta que se perdió entre la gente. Luego volvió la atención a su hermana, a la que pilló con los ojos cerrados y sacudiendo la cabeza.
—¿Puedo saber qué te sucede? ¿A qué viene ese gesto? Y de paso explícame lo que todos los presentes hemos visto hace unos minutos, ¿quieres? Estoy algo confusa.
—Ha sido toda una revelación —aseguró Meribeth.
Fiona resopló y puso los ojos en blanco en señal de desconcierto.
—Será mejor que vayamos a tomar el aire. Si nos disculpas... —dijo mirando a Meribeth, quien asintió sin borrar su sonrisa.
Las dos hermanas se alejaron en busca de un lugar apartado en el salón del castillo.
La gente estaba distraída, charlaba y bailaba.
No creía que se percatasen de que su hermana y ella abandonaban el salón un momento.
El patio exterior era el lugar idóneo para poder conversar con calma.
Apenas si había algunas personas, pero no les prestaban atención.
Fiona se apartó tomándose unos segundos para tratar de recuperar la cordura.
Sabía que Keira le pediría una explicación de lo que había pasado.
—¿Puedo saber qué te ocurre?
—Eso quisiera saber yo también. —Fiona se retorcía las manos y apretaba los labios. Miraba en todas direcciones como si esperase a alguien o que sucediese algo.
—¿Por qué lo dices? ¿Es por el beso que James te ha dado delante de todos?
—¿Por qué iba a ser si no? —le preguntó notando su tono de voz algo alterado debido a la agitación que experimentaba en su interior.
—Entiendo. Pero ¿a qué ha venido? ¿Se ha tratado de alguna clase de acuerdo? Deja que te diga que, de ser cierto, lo habéis hecho demasiado real.
Los comentarios de Keira no la estaban ayudando, se dijo Fiona. Al contrario. La ponían más nerviosa todavía. Cerró los ojos y bajó la cabeza, sembrando dudas en el pensamiento de su hermana.
—¿Cómo puedes pensar que voy a dejar que me bese? ¿Te has vuelto loca? —Fiona se encaró con Keira abriendo los ojos de tal modo que parecía que se le iban a salir de las cuencas.
—Por eso mismo te lo estoy preguntado. Porque me sorprendería y mucho que hubieseis acordado semejante gesto. Entonces...
—Me lo ha dado él porque ha querido. Y me ha pillado de sorpresa. Claro que no era la ocasión ni el lugar para abofetearlo y montar un escándalo. Como puedes suponer.